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Un lector responde al interesante artículo enviado por el Sr. Juan Carlos Monedero respecto a un grave escándalo ecuménico en Argentina, Luna Park.
De: Juan A. (usuario no verificado)
La nota del Sr. Monedero es realmente absurda. Esta nota dice que en el fondo están todos equivocados y que ustedes tienen la razón absoluta, como si fueran iluminados. Como si los Papas que gobiernan la Iglesia pudieran equivocarse!! Ah, pero no, ustedes de seguro tienen la razón y los papas ya no la tienen porque no han leido vuestro venenoso sitio web que se hace pasar por católico pero que mas bien parece un nido de serpientes. ¿Que saben ustedes de dialogo inter-religioso y de ecumenismo? ¿No hay que convertir acaso a los que no son cristianos? ¿y acaso se van a condenar? ¿Quiénes son ustedes para decir qué es lo bueno y lo malo haciéndose acaso la voz de la Iglesia y de la verdad? Parecen fariseos. Harto bueno sería que buscaran un guia espiritual, un sacerdote de su diócesis para que les enseñe a ser humildes y aceptar con fe lo que enseña el vaticano que para eso está, o no?
No sean más papistas que el Papa y vuelvan a la Iglesia.
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Respuesta del Sr. Monedero, colaborador de EL CRUZADO
Estimados señores de El Cruzado:
Nuevamente, agradezco el espacio que me han brindado en su blog. Sin haber podido aún leer, entera, la objeción que formula este lector (que no logro encontrar), me limito a hablar de los fragmentos -leídos indirectamente- que pueden leerse en: http://www.elcruzado.org/?q=node/243
Si les parece conveniente, me gustaría publicar a renglón seguido de la objeción del lector, estas precisiones:
1. Hago notar que la palabra "ecumenismo" no aparece en mis líneas. Dicho sea de paso, tampoco aparece en la encíclica "Mortalium Animos" de Pío XI. Por ende, me parece inexacto tanto decir -como atribuirmelo a mí- que "el ecumenismo" es un error condenado por Pío XI. No es así como aparece en la encíclica.
2. Existe un ecumenismo verdadero y otro falso. El falso, que es el que hoy muchos practican y promueven, a pesar de algunas claras admoniciones pontificias al respecto, es tal y es riesgoso porque acaba en un diálogo interreligioso, una praxis común de todas las religiones en paridad de condiciones, imbuido de sincretismo e irenismo.
3. Este falso ecumenismo consolida, además, una renuncia a presentar los argumentos desde la razón natural y la Filosofía (los preámbulos de la fe) que conducen a los artículos de la fe. La verdadera filosofía debe comenzar por el asombro y acabar en la plegaria. Ese sería el terreno común con los no católicos, desde el cual podemos nosotros buscar su conversión e incorporación a la Iglesia Católica, la única verdadera. El fin expreso del verdadero ecumenismo debe ser el de la conversión de todos aquellos que están en el error. No el mutuo halago mediante consignas elásticas y fáciles.
4. En otras palabras: hoy se ha generalizado el uso de la palabra "ecumenismo" no para designar al verdadero ecumenismo (que brilla por su ausencia) sino para cubrir a una realidad que propiamente no lleva ese nombre, sino otro: diálogo interreligioso en paridad de condiciones. Relativismo puro y caldo de cultivo para el indiferentismo religioso. Todo lo anterior, que ya es escandaloso, se suma a la semejanza entre este pretendido "fondo común natural a todas las religiones" y el ideal masónico.
5. Durante todo el largo, difícil y complicado período conciliar y posconciliar, se ha alzado la voz de los sucesivos Pontífices pidiendo a los fieles que no confundiéramos ni favorezcamos el equívoco entre "ecumenismo" y "sincretismo e irenismo". Este es el límite que hoy está rotundamente desvirtuado en el máximo representante de la Iglesia Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio.
6. Por último, mi intención al hacer el artículo es DESCRIBIR y FUNDAMENTAR las acciones y gestos contrarios a la fe de modo que toda persona de buena voluntad -una vez entendido qué es lo condenable- pueda fácilmente juzgar si los actos públicos interreligiosos de los que estamos hablando entran, o no, dentro de esa tipificación. Todo eso lo hice sin mencionar la palabra "ecumenismo". El resultado es que la misma persona, si está de acuerdo con lo primero, no tiene más que razonar por sí misma y advertir que lo segundo es también vituperable y reprochable. El fin de toda nuestra acción debe ser el custodiar la integridad de la verdadera fe y de la verdad, tanto en las palabras como en los actos.
Desde ya muchas gracias
Atte.
Juan Carlos Monedero (h)
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