“El alma que se maravilla es un alma maravillosa, capaz de hacer maravillas.”
Plinio Correa de Oliveira

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San Pio X. La herejía modernista dentro de la Iglesia: Parte I

Un hecho histórico tan importante cuanto la victoria de Lepanto

“Rendimos al inmortal Pontífice Pio X nuestro homenaje, lleno de gratitud, por los beneficios que prestó a la Santa Iglesia, hiriendo gravemente con intrepidez angélica, a este terrible enemigo de la Religión Católica: el movimiento modernista”

Por Plinio Correa de Oliveira

Las fotografías y sus comentarios no son del autor sino que de nuestra editorial.

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Nos parece que ningún modo de conmemorar el aniversario de la Encíclica Pascendi sería mejor de que publicando un resumen de la línea maestra del gran documento. (…)
Si San Pío X no hubiese fulminado la herejía modernista, el mundo habría entrado rápidamente en marcha hacia el panteísmo y el ateísmo. Y toda la acción comunista sobre la faz de la Tierra no habría encontrado delante de sí los enormes obstáculos que encontró.

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La condenación del modernismo fue, pues, un hecho histórico tan importante cuanto lo fue la victoria de Lepanto. Y el Papa Pio XII (elevando a Pio X a la honra de los altares, en mayo de 1954) se hizo acreedor del reconocimiento eterno de los hombres, por haberles presentado el modelo y dado por protector a tan grande santo. (…)

Amar al prójimo y combatirlo cuando es necesario
“Odiad el error, ama a los que erran”, escribió San Agustín. Grande, sabia, admirable sentencia. Entretanto, ¡cuántas aberraciones, cuántas traiciones, cuántas capitulaciones vergonzosas se han cometido abusivamente en nombre de ella!
Hay personas cándidas -  o cobardes – que imaginan las ideas como entes dotados de existencia física propia y autónoma, los cuales se incubarían misteriosamente en las personas. Según ellas, se puede mover una guerra a las ideas sin atacar a las personas,  más o menos como se puede combatir la enfermedad infecciosa sin alcanzar al enfermo, pues la guerra es tan solo contra el bacilo.
Este modo de ver, infelizmente muy generalizado en nuestros días, beneficia ampliamente a nuestros adversarios, pues desarma toda nuestra reacción.
La verdad y el erro no son algo extrínseco al espíritu humano, como las hojas en la caja de un archivo. La inteligencia, por el contrario, tiene a asimilar a esta y aquel, por un proceso que ha sido merecida y frecuentemente comparado a la digestión. Si alguien come pan o carne, a digestión incorpora al organismo una cuota de la sustancia de esos alimentos que terminan siendo parte de la persona. Análogamente, si alguien acepta una doctrina, esta de tal manera puede llegar a marcar su personalidad, que se diría figurativamente que tal hombre personifica aquella idea. ¿Cómo pretender destruir el pan ya digerido por una persona, si herir a esta última en su carne? ¿Y cómo se puede atacar una idea sin alcanzar en cierta medida a quien la personifica, quien ipso facto le da vida, actualidad y posibilidades de difusión?
No. La sentencia de San Agustín es de sentido obvio. Ella preceptúa que deseemos la humillación y la derrota del erro, bien como la conversión y la salvación de quien erra. Ella recomienda que usemos, para con quien erra,  toda la suavidad posible. Ella no nos prohíbe utilizar, contra aquel que erra, una justa severidad, cuando esto se hace necesario para el bien de la Iglesia y la salvación de las almas. En este sentido, no llega aquella sentencia al punto de inutilizar en el católico la capacidad de acción y de lucha contra los autores del error y del mal. Muy por el contrario, los santos supieron siempre conciliar las dos obligaciones fundamentales y aparentemente contradictorias, de amar al prójimo y de combatir, cuando a esto impele el celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas.
Es de esto que nos dio admirable ejemplo el Papa San Pio X en la Encíclica Pascendi, contra el modernismo, con el monumento de objetividad y de lucidez que es aquel inmortal acto pontificio.

Denuncia de las tácticas y de la conspiración modernista
Se engañaría quien supusiese que la Pascendi fue un mero documento doctrinario. San Pio X no combatió apenas en el campo de las ideas, sino que, con admirable energía y perspicacia, desenmascaró los propios autores del error; y trazó el lamentable perfil moral del modernista, denunció sus tácticas y puso a desnudo lo vasto de su conspiración. La Encíclica no menciona nombres, pero es riquísima en datos sobre la personalidad del modernista. En otros documentos, San Pio X llegó a los nombres. Por ejemplo, en los importantes decretos que fueron nominal y personalmente alcanzados los principales jefes del movimiento.
Es para que nuestros lectores puedan medir en toda su admirable extensión la severidad con que el Santo Pontífice se avocó a esta emergencia, que consagramos este artículo al asunto.
Haciéndolo, destacamos la oportunidad flagrante del ejemplo que apuntamos. San Pio X fue beatificado y más tarde canonizado por el Santo Padre Pio XII. Quiso él que su antecesor sirviese de modelo para los hombres, y no para los muertos que yacen en la sepultura o para los niños que aún están por nacer. Fue para esto que él hizo brillar en la honra de los altares a ese gran lucero.
Actuar como San Pio X, es lo que nos recomienda con su suprema autoridad el inmortal Pontífice Pio XII. (…)

Por orgullo rechazan toda sumisión
Los modernistas representan la suma obstinación, y con ellos son inútiles las medidas blandas: “A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo”.
Una de las raíces más importantes de este lamentable estado de espíritu, en efecto, es el orgullo:
“Pero mucho mayor fuerza tiene para obcecar el ánimo, e inducirle al error, el orgullo, que, hallándose como en su propia casa en la doctrina del modernismo, saca de ella toda clase de pábulo y se reviste de todas las formas. Por orgullo conciben de sí tan atrevida confianza, que vienen a tenerse y proponerse a sí mismos como norma de todos los demás. Por orgullo se glorían vanísimamente, como si fueran los únicos poseedores de la ciencia, y dicen, altaneros e infatuados: “No somos como los demás hombres”; y para no ser comparados con los demás, abrazan y sueñan todo género de novedades, por muy absurdas que sean. Por orgullo desechan toda sujeción y pretenden que la autoridad se acomode con la libertad. Por orgullo, olvidándose de sí mismos, discurren solamente acerca de la reforma de los demás, sin tener reverencia alguna a los superiores ni aun a la potestad suprema. En verdad, no hay camino más corto y expedito para el modernismo que el orgullo. ¡Si algún católico, sea laico o sacerdote, olvidado del precepto de la vida cristiana, que nos manda negarnos a nosotros mismos si queremos seguir a Cristo, no destierra de su corazón el orgullo, ciertamente se hallará dispuesto como el que más a abrazar los errores de los modernistas!
Por lo cual, venerables hermanos, conviene tengáis como primera obligación vuestra resistir a hombres tan orgullosos, ocupándolos en los oficios más oscuros e insignificantes, para que sean tanto más humillados cuanto más alto pretendan elevarse, y para que, colocados en lugar inferior, tengan menos facultad para dañar.”(…)

Encíclica “Parvenu à la Vingt-Cinquième Année” (19-III-1902)

 El CRUZADO cita algunos trechos de la célbre encíclica de SS. León XIII, de feliz memoria. Si nunca Ud., querido lector, ha leído una encíclica pre-conciliar (anterior al C.Vaticano II) se impresionará. ¿Con qué? Con la claridad, la forma directa y enérgica con que un Papa enfrenta los males que aquejan a la Iglesia a él confiada. En estas encíclicas, no hay lugar a la duda, al relativismo o a segundas interpretaciones. 

Es una denuncia heroica y sagaz, elocuente y caritativa del Sucesor de San Pedro.

Esta encíclica es particularmente importante para comprender los ataques  que ha sufrido la Iglesia desde hace siglos, por parte de diversas herejías y fuerzas anticristianas, entre ellas, la masonería. 

Se la recomendamos muchísimo, especialmente para comprender la situación en que nos encontramos, esto es, un mundo que se rebela contra Dios y que desprecia la verdadera Fe, la Fe Católica, con toda la amalgama de trágicas consecuencias que esto conlleva.

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LEON PP. XIII

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7. La Reforma del siglo XVI y sus consecuencias.

A pesar de estas pruebas tan claras, continuas y nobles de su valor interno, vemos a la Iglesia, no menos en los tiempos modernos que en la Edad Media y en la Antigüedad envuelta en luchas, en cierto sentido, aun más implacables y penosas que antaño. A propósito de una serie de bien conocidas causas históricas, la llamada Reforma del siglo XVI levantó la bandera de la rebelión, tratando de herir a la Iglesia en pleno corazón, al combatir rabiosamente el Papado. Destrozó el vínculo de la anterior unidad de jurisdicción y de fe que había congregado bajo sus alas maternales a los pueblos, constituidos en una sola grey la que no pocas veces había duplicado sus fuerzas, su aprecio y su honor por la armonía de sus esfuerzos y fines. La Reforma inyectó en las filas de los fieles una discordia lamentable y perniciosa. No queremos afirmar con ello que ese movimiento intentaba eliminar, desde el principio, el imperio de las verdades sobrenaturales; pero al rechazar, por un lado, la preeminencia de la Sede Romana que es la causa efectiva y conservadora de la unidad, y al introducir, por otro, el principio de la libre interpretación, sacudió a fondo la construcción del divino edificio, abriendo el camino de innumerables cambios, dudas y negaciones, aun en cuestiones de suma transcendencia, en una medida que superó en mucho la previsión de los novadores.


8. Los ataques de las herejías del siglo XVIII.

De este modo, quedó abierta la bre-cha, sobre todo al añadírsele la falsa ciencia del siglo XVIII, tan pagada de sí misma como burlona, que sobrepujó la Reforma, convirtiendo en el blanco de su escarnio los libros de la Sagrada Escritura y rechazando de plano todas las verdades reveladas, con el fin de extinguir en la conciencia de los pueblos todo vestigio de la fe y toda huella de espíritu cristiano.
De estas fuentes brotaron las doctrinas del racionalismo y panteísmo, del natura-lismo y materialismo que con apariencias de novedad resucitaron antiguas herejías las que habían sido refutadas victoriosamente por los Padres y apologistas de los tiempos del cristianismo primitivo. Así se engaña el orgullo del tiempo moderno que no quiere tener en cuenta sino a sí mismo, negando, igual que el paganismo, las cualidades del alma y su destino inmortal que la distingue.


9. Ataques modernos más universales y decisivos.

La guerra que se mueve a la Iglesia se vuelve hoy día más decisiva que en el pasado no sólo en cuanto a su violencia sino especialmente por la amplitud del ataque, pues, la incredulidad moderna no se limita a la duda o la negación de estas o aquellas verdades de fe sino que combate más bien la totalidad de los principios consagrados por la revelación e insinuados por la recta razón, como son por ejemplo aquellas doctrinas santas y fundamentales que ilustran al hombre sobre el último fin de su existencia, que lo obligan a cumplir sus obligaciones, que le inspiran valor y seguridad, le prometen justicia invariable y felicidad perfecta más allá de la tumba, y, de consiguiente, le impulsan a subordinar el tiempo a la eternidad y la tierra al cielo. Y ¿qué le dan en cambio por estas enseñanzas que le quitan y por el incomparable fortalecimiento que le proporciona la fe? Una terrible inclinación a la duda que hiela los corazones y ahoga toda aspiración elevada del espíritu.


10. Los principios disolventes en la vida social y práctica.

Estas doctrinas perni-ciosas, desgraciadamente, saliendo del campo de las ideas, se abrieron paso, como sabéis, Venerables Hermanos, a la vida diaria y a las organizaciones de la sociedad. Grandes y poderosos Estados los llevan continuamente a la práctica y creen propulsar, de este modo, el progreso de la cultura general; ellos se sienten desligados del deber de honrar públicamente a Dios, como si los poderes públicos no debían reconocer y fomentar los mejores principios de la vida moral; y no pocas veces sucede que se glorían de su completa indiferencia con respecto a todas las religiones, combatiendo, sin embargo, la única verdadera.

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"Misterio. Descorriendo el velo de la Masonería" - El famoso libro del Card. Caro

Ha llegado a mis manos el célebre libro del Cardenal Caro: "Misterio. Descorriendo el velo de la Masonería", publicado originalmente en 1924. Un libro extraordinario que demuestra la profunda conexión entre el demonio y su culto (el satanismo) y la secta masónica, condenada por la Iglesia como una secta perversa a la cual los católicos no pueden dar su nombre. Es un libro muy bien documentado, objetivo, serio y entrega contundentes argumentos y pruebas al lector más incrédulo. 

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EL CRUZADO transcribirá algunos trechos que merecen especial interés. Si quiere recibir por correo una versión completa del libro, en formato PDF y, por supuesto, sin costo alguno, envíenos un mensaje por el formulario de CONTACTO: http://www.elcruzado.org/?q=node/16 

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Cardenal José María Caro Rodríguez (1924)

¡MISTERIO! DESCORRIENDO EL VELO.

Santiago de Chile.

PRIMERA PARTE

I.- Introducción.

Con verdadero temor entro a tratar la materia de este librito, presintiendo que voy a disgustar a más de uno con el intento de

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CATECISMO MAYOR prescrito por San Pío X (Edición de 1973)

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Con el siguiente contenido:

ÍNDICE DE LA DOCTRINA CRISTIANA Y DE SUS PARTES PRINCIPALES

-Lección preliminar
-Parte primera – Del Símbolo de los Apóstoles, llamado vulgarmente “Credo”
-Parte segunda – De la oración
-Parte tercera – De los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia
-Parte cuarta – De los Sacramentos
-Parte quinta – De las Virtudes principales y de otras cosas necesarias que ha de saber el Cristiano

INSTRUCCIÓN SOBRE LAS FIESTAS DEL SEÑOR, DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y DE LOS SANTOS

-Parte primera – De las fiestas del Señor
-Parte segunda – De las fiestas solemnes de la Santísima Virgen y de las fiestas de los Santos

BREVE HISTORIA DE LA RELIGIÓN

-Parte primera – Resumen de la historia del Antiguo Testamento
-Parte segunda – Resumen de la historia del Nuevo Testamento
-Parte tercera – Breve noticia de la historia eclesiástica

CATECISMO MAYOR

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Prescrito por San Pío X el 15 de julio de 1905,
Edición de 1973

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DE LA DOCTRINA CRISTIANA
Y DE  SUS PARTES PRINCIPALES 

 
LECCIÓN PRELIMINAR

1.- ¿Sois cristiano? - Sí, señor; soy cristiano por la gracia de Dios.
2.- ¿Por qué decís por la gracia de Dios? - Digo por la gracia de Dios porque el ser cristiano es un don enteramente gratuito de Dios nuestro Señor, que no hemos podido merecer.
3.- ¿Quién es verdadero cristiano? - Verdadero cristiano es el que está bautizado, cree y profesa la doctrina cristiana y obedece a los legítimos Pastores de la Iglesia.
4.- ¿Qué es la doctrina cristiana? - Doctrina Cristiana es la doctrina que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo para mostrarnos el camino de la salvación.
5.- ¿Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo? - Es necesario aprender la doctrina enseñada por Jesucristo, y faltan gravemente los que descuidan aprenderla.
6.- ¿Tienen los padres y los amos obligación de mandar a sus hijos y dependientes al Catecismo? - Los padres y los amos tienen obligación de procurar que sus hijos y dependientes aprendan la doctrina cristiana, e incurren en culpa delante de Dios si descuidan esta obligación. 7.- ¿De quién hemos de recibir y aprender la doctrina cristiana? - La doctrina cristiana la hemos de recibir y aprender de la santa Iglesia Católica.
8.- ¿Cómo estamos ciertos de que la doctrina cristiana que recibimos de la Santa Iglesia es realmente verdadera? - Estamos ciertos que la doctrina cristiana que recibimos de la Iglesia Católica es realmente verdadera porque Jesucristo, divino Autor de esta doctrina, la confió por medio de sus Apóstoles a la Iglesia fundada por El, a la cual constituyó Maestra infalible de todos los hombres y prometió su divina asistencia hasta el fin del mundo.
9.- ¿Hay otras pruebas de la verdad de la doctrina cristiana? - La verdad de la doctrina cristiana se demuestra, además, por la santidad eminente de tantos que la profesaron y profesan, por la heroica fortaleza de los mártires, por su rápida y admirable propagación en el mundo y por su completa conservación por espacio de tantos siglos de varias y continuas luchas.
10.- ¿Cuántas y cuáles son las partes principales y más necesarias de la doctrina cristiana? - Las partes principales y más necesarias de la doctrina cristiana son cuatro: El Credo, Padrenuestro, Mandamientos y Sacramentos.
11.- ¿Qué nos enseña el Credo? - El Credo nos enseña los principales artículos de nuestra santa fe.
12.- ¿Qué nos enseña el Padrenuestro? - El Padrenuestro nos enseña todo lo que hemos de esperar de Dios y todo lo que hemos de pedirle.
13.- ¿Qué nos enseñan los Mandamientos? - Los Mandamientos nos enseña todo lo que hemos de hacer para agradar a Dios, que se resume en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.
14.- ¿Qué nos enseña la doctrina de los Sacramentos? - La doctrina de los Sacramentos nos enseña la naturaleza y buen uso de los medios instituidos por Jesucristo para perdonarnos los pecados, comunicarnos su gracia e infundir y acrecentar en nosotros las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad.

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