Plinio Correa de Oliveira
Plinio Corrêa de Oliveira
En varias ocasiones hemos mostrado cómo la explosión protestante del siglo XVI, la revolución francesa del siglo XVIII y la revolución comunista del siglo XX constituyen tres fases de un inmenso movimiento, uno en el espíritu, objetivos e incluso métodos: la Revolución.
Hoy, voy a tratar de señalar algunas de las características del alma de este movimiento, es decir, algo del espíritu de la Revolución en las personas de tres de sus líderes.
Una sensualidad abrumadora
En la máscara de la muerte de Martín Lutero, un primer análisis revela la rudeza de sus facciones y confirma su nota característica de auto-importancia. También lo muestra como un demagogo rebelde, que predicó tantos errores y difundió la rebelión por todas partes, causando tanta sangre derramada.

Pero la impresión que salta de inmediato y se convierte en definitiva, en la mente del observador, es de sensualidad, un amor exagerado por las delicias de todo orden.
Enviado por mmontt el Lun, 06/14/2010 - 00:27.
Por Plinio Corrêa de Oliveira
¿Por qué un católico debe interesarse por la sociedad y no sólo por la religión?
La comprensión de la santidad y el esplendor de la sociedad temporal son fundamentales, si no indispensables, para poseer la virtud del amor a Dios. A Dios no lo debemos amar únicamente como a un Ser abstracto perdido en las alturas del cielo, sino también a través de las imágenes que lo reflejan en esta tierra.
Dios estableció la Iglesia Católica como un medio para que nosotros lo conozcamos y amemos a través de sus instituciones, su gobierno y estructura jerárquica. También, a través de la santidad de su historia, la majestad de su liturgia, la pureza de su doctrina y, por supuesto, la gracia santificante de la cual ella es el canal necesario.
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Dios debe ser glorificado en todos los aspectos de la vida creada
Pero Dios también creó al hombre como un ser social llamado a construir una sociedad temporal con una adecuada vida civil que Lo refleje. El hombre es llamado a moldear la sociedad temporal según los principios católicos, de manera que en todos los aspectos de la vida humana, Dios sea glorificado. Esta no es sólo una opción casual para los hombres, sino que es una necesidad, una necesidad imperiosa.
Las perspectivas temporal y religiosa de la gloria de Dios son como los dos ojos que Dios nos dio para ver. Con un
Enviado por mmontt el Mar, 06/08/2010 - 00:08.

por Plinio Corrêa de Oliveira
* * *

I Estación
Jesús es condenado a muerte

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
El juez que cometió el crimen profesional más monstruoso de toda la historia, no fue impulsado a ello por el tumulto de ninguna pasión ardiente. No lo cegó el odio ideológico, ni la ambición de nuevas riquezas, ni el deseo de complacer a ninguna Salomé. Lo movió a condenar al Justo, el recelo de perder el cargo pareciendo poco celoso de las prerrogativas del César; el miedo de crearse para sí complicaciones políticas, desagradando al populacho judío; el miedo instintivo de decir “no”, de hacer lo contrario de lo que se pide, de enfrentar al ambiente con actitudes y opiniones diferentes de las que en él imperan.
*
Vos, Señor, lo mirasteis por largo tiempo con aquella mirada que, en un segundo, obró la salvación de Pedro. Era una mirada en la que se transparentaba vuestra suprema perfección moral, vuestra infinita inocencia y, sin embargo él, Os condenó.
*
Oh Señor, ¡cuántas veces imité a Pilatos! ¡Cuántas veces por amor a mi carrera, dejé que en mi presencia la ortodoxia fuese perseguida y me callé! ¡Cuántas veces presencié de brazos cruzados la lucha y el martirio de los que defienden vuestra Iglesia! Y no tuve siquiera el coraje de darles una palabra de apoyo, por la abominable pereza de enfrentar a los que me rodean, de decir “no” a los que forman mi ambiente, por el miedo de “ser diferente de los otros”. Como si me hubieseis creado, Señor, no para imitaros, sino para imitar servilmente a mis compañeros.
*
En aquel instante doloroso de la condenación, Vos sufristeis por todos los cobardes, por todos los débiles, por todos los tibios... por mí, Señor.
*
¡Jesús mío!, perdón y misericordia. Por la fortaleza de que me disteis ejemplo desafiando la impopularidad y enfrentando la sentencia del magistrado romano, ¡curad en mi la alma la llaga de la molicie!
*
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
* * *
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II Estación
Enviado por mmontt el Vie, 04/02/2010 - 22:26.
El Cruzado publica el siguiente artículo del profesor Plinio Correa de Oliveira quien, en tiempos de Cuaresma, nos hace meditar sobre la actitud que debemos tener frente a la grave tragedia que está viviendo la Iglesia hoy en día y su similitud con la historia de la Pasión de Nuestro Señor.
Prof. Plinio Corrêa de Oliveira
Nada en la historia ha sido tan similar a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo como la situación por la cual la Santa Iglesia Católica y Apostólica está pasando en nuestros días. Por lo tanto, la compasión que sentimos con respecto a la Pasión del Dios-hombre debería también entrelazarse con la situación actual de la Iglesia. Las dos pasiones constituyen una sola cosa.
El crimen del Deicidio – quiera el Cardenal Bea usar el término o no - que movió a los católicos en todos los siglos hacia la solidaridad con el Señor, es recurrente en la actualidad. Sólo que hoy los enemigos de Cristo están tratando de matar a la Iglesia Católica - un crimen que tal vez podría ser calificado como Eclesiocidio, si fuera posible matar a la Iglesia. Estas dos pasiones se entrelazan de tal manera que se puede decir que la Pasión de Cristo se repite en nuestros días.

"¡Oh todos vosotros los que pasan por el camino, asistan, y vean si hay dolor semejante a mi dolor"
Esto debe recordarnos que debemos tomar una posición de alma similar a la de las personas fieles que conocían a Nuestro Señor y le sirvieron en su vida terrenal. Las obligaciones de fidelidad, tristeza, adoración, reparación y acción de gracias por la pasión eran mucho más graves para aquellas personas que para los fieles de ahora. Pero estos deberes hoy nos incumben, ya que la Iglesia Católica es el Cuerpo Místico de Jesucristo. Por lo tanto, debemos tomar una posición de alma similar a la asumida por los fieles de Su tiempo.
Esta es una invitación para pasar la Cuaresma y la Semana Santa meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor, pidiendo a Nuestra Señora que nos dé la gracia de ser fieles discípulos en esta segunda pasión.
¿Cómo debe ser vivido este deber de suprema fidelidad a la Pasión de la Iglesia Católica en el presente día?
Enviado por mmontt el Mié, 03/31/2010 - 12:02.
Para ver la primera parte, pinche aquí.
Plinio Corrêa de Oliveira
Hoy vivimos en un mundo oprimido bajo el aplastante peso de sus propios pecados. En 1917, la Virgen predijo las calamidades que le esperan al mundo moderno. En un determinado momento, este colapso vendrá a menos que haya una conversión general. La magnitud y el aspecto público de esos pecados junto con la negativa del mundo a atender los pedidos de Nuestra Señora constituyen las bases de esta tragedia. Debemos prepararnos para la tragedia que se cierne sobre el mundo moderno. Tenemos que enfrentar esta perspectiva, y luego confiar en la Virgen porque, en un sentido muy real, esta tragedia es, sobre todo, su tragedia, ya que le toca a ella de manera más profunda que a cualquiera de nosotros.
Es su tragedia porque Ella es una verdadera Madre que se apareció a sus hijos para advertirles de un castigo y de la marea de pecados que habían llegado a lo inadmisible. Ella enseguida les predijo la llegada del comunismo y la difusión de los errores de Rusia en todo el mundo. Una de las cosas que la Virgen señaló específicamente fueron las modas inmorales. Si comparamos las modas de 1917 con las que vemos hoy en día, podemos entender cuán lejos se ha descendido en la infamia.
Muchas partes de las profecías de Fátima se han cumplido. Hoy en día, ninguna parte del mundo está inmune de la influencia del comunismo que procede de Moscú. Todos ya conocen la historia de Fátima. ¿Quién no ha oído hablar del milagro del sol, que fue una manifestación simbólica de la magnitud de los castigos que vendrán si el mundo se niega a escuchar sus advertencias?

En 1917 la Virgen advirtió contra una inundación de modas inmorales. En la foto: jóvenes de hoy en una vigilia papal en Baltimore
Esta tragedia de la Virgen es la tragedia de una Madre de familia que protege, favorece y muestra afecto a sus hijos descarriados. Cuando sus peticiones son desatendidas, ella los amenaza con el castigo, como lo hizo en Fátima. Es un apelo a la justicia para aquellos que no prestan atención a sus advertencias. En cambio, para aquellos que lo escuchan, es la promesa de la restauración de un nuevo orden de cosas, un nuevo Reino en el que Ella será la Madre amorosa y nosotros sus hijos y servidores.
Enviado por mmontt el Mié, 11/25/2009 - 14:34.
Artículo publicado en la página La Denuncia Profética
por Plinio Corrêa de Oliveira
Cuando la institución de la familia está enferma y flaquea, la sociedad como un todo se debilita y vacila. Y cuando toda la sociedad está insegura es inútil tratar de hacer una reforma social en ese organismo enfermo, sea este democrático o de cualquier otro tipo.
Se puede decir que la calidad del trabajo desarrollado por el hombre refleja su estado de salud o de enfermedad e indica el tipo de dolencia que está padeciendo. Cuando la sociedad, que está compuesta por hombres, llega a un determinado punto de enfermedad social en que las familias en gran medida se ven socavadas, entonces se puede hacer cualquier cosa para curar los males de esa sociedad – reforma, medidas legales, campañas contra la droga y el aborto, etc. – sin embargo no podrá ser curada mientras no sean curadas las personas de su lepra moral. Lo que se necesita es una renovación moral de cada órgano del cuerpo social. Sin esto no hay solución para el problema en su conjunto.
La sociedad post-moderna, infiltrada por el neo-paganismo, avanza implacablemente hacia su destrucción final. Precursores de esa destrucción son sus modas, arquitectura, su música, su arte y forma de expresarse. Estas son expresiones de la 4ª Revolución,[1] la revolución hippie anárquica, que tiende a dominar todos los campos de la sociedad. Esta mentalidad y estilo de vida ha penetrado todas las fibras del Estado y es la autogestión en cada aspecto de la sociedad.
__________
[1] En su libro Revolución y Contra-Revolución, el Prof. Plinio describe las cuatro Revoluciones: la Revolución Protestante, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista y finalmente la 4ª, que es la Revolución de los ’60 caracterizada por la cultura hippie, la autogestión y el estilo de vida tribal.

La 4ª Revolución: costumbres tribales que conducen al satanismo
Uno de estos aspectos es la revolución ecológica, con su adoración por la naturaleza y rechazo por todo lo que el mundo moderno representa, llamando a los hombres a retornar a la vida campestre, rechazando la civilización y la vida organizada. Hablamos aquí del fin de la sociedad estructurada y organizada y de un movimiento hacia el neo-tribalismo. Con la destrucción de la familia como fundamento de la sociedad civilizada, este es el futuro que nos espera.
La forma de ser contra-revolucionaria
Esto es lo que la Revolución tiene para el mundo moderno. Lo que debemos simbolizar es algo totalmente diferente. La Contra-Revolución es la afirmación de un ideal, la victoria de la civilización cristiana. Esta afirmación debe ser hecha con entusiasmo, confianza y con la certeza de la victoria que la Santísima Virgen prometió en Fátima en 1917.
Es un ideal expresado por una manera de ser, pensar y actuar y un espíritu que trasmite la voluntad de afirmar este ideal abierta y completamente. Es la voluntad de enfrentar todo lo que se opone a los valores perennes que encarnan este ideal.
Esto no significa necesariamente un enfrentamiento físico. La Historia nos muestra que el enfrentamiento físico no necesariamente es la más heroica y efectiva forma de confrontación o el mejor medio para alcanzar un objetivo.

La noble lucha de hoy es mantener en alto los ideales contra-revolucionarios
La forma más bella y noble de las batallas es la confrontación de ideas. Es la confrontación donde se tiene el coraje y la capacidad de levantarse y decir Credo. Los réprobos responden, Non-Credo. Entonces ellos entran en una polémica, cada parte luchando con palabras, ideas y conceptos, cada uno tratando de convencer a su oponente – pero sobre todo persuadir a su audiencia y al conjunto de la opinión pública.
Si el partido de la buena causa no es capaz de convencer al otro, entonces trata de poner a su lado el más grande sector de la opinión pública que pueda. Este es el enfrentamiento más noble del espíritu y de la inteligencia: el lado que defiende la verdad hace una afirmación que prevalece sobre el lado opuesto superando así al error. En pocas palabras, Nuestro Señor Jesucristo aplasta a su enemigo.
Este es el más noble de todos los enfrentamientos: es la lucha de la Contra-Revolución. Es nuestra misión de aceptar esta lucha y participar de ella. Es la cumbre de la lucha católica, esta es la obra a la que estamos llamados.
Una lucha por la Virgen
Sobre todo, esta manera de actuar es una lucha por la Virgen, que es la Reina de toda la creación, la más perfecta de todas las criaturas de Dios. Ella es la Madre de Dios, la Madre de la Santa Iglesia, y es bajo su bandera que nos enlistamos en nuestra lucha por Nuestro Señor Jesucristo. Esta lucha ideológica es su lucha – aplastar al error, la aniquilación completa de la serpiente y sus mentiras. Es Ella que aplasta a la serpiente bajo su talón. Ella es el símbolo de la victoria final.

Es cierto que la Virgen vencerá
Por supuesto, cualquier persona razonable vería que, humanamente hablando, esta lucha es completamente desproporcionada para aquellos que están llamados a servir a Nuestra Señora en ella. Después de mucho sufrimiento, enfrentamientos y manifestaciones de coraje, habrá un momento que será suyo. No importa cuán débil nos encontremos, no importa cuán insuficientes sean nuestros medios, no importa cuán insignificante sea nuestro número – sabemos que el momento vendrá cuando se entre directamente en la etapa de los acontecimientos que realizarán su victoria, para inaugurar su Reino. Nuestra confianza en este hecho debe ser inquebrantable.
En esta lucha, podemos tener la certeza de una cosa: que las promesas de Fátima se realizarán. Son promesas de victoria y alegría para aquellos que tienen fe y confianza, para aquellos que han esperado y sufrido, son las promesas del triunfo final de la causa de la Virgen, de la Contra-Revolución.
Para aquellos que se cierran a su voz, esas mismas promesas son promesas de castigo y derrota. Pero lo cierto es que Ella triunfará. Las gracias que recibimos son precursoras de su Reino. Ellas nos deberían dar el valor y la determinación para avanzar en el combate, para incrementar nuestro entusiasmo por ello y para aumentar nuestra confianza en la victoria final de la Contra-Revolución, sin importar los obstáculos que aparezcan.
Enviado por mmontt el Mié, 08/19/2009 - 15:48.
Selección biográfica:
Santa Clotilde fue reina de Francia, hija del rey Chilverico y esposa del rey Clovis.
Fue debido a sus plegarias que Francia recibió el don de la fe católica. Ella fue glorificada por una destacada maternidad espiritual, ya que fue en Nochebuena, en la fuente bautismal de Reims, que nació la hija primogénita de la Iglesia, Francia.
La violenta muerte de su padre Chilverico, destronado por un usurpador fratricida; la vista de sus hermanos masacrados y de su madre ahogada en el Ródano; su largo cautiverio en la corte de un asesino arriano que trajo la herejía al trono de los borgoñeses, fueron las circunstancias que desarrollaron el heroísmo que convertiría, a esta sobrina de Gondebaud, en la madre de toda una nación para Cristo.
Comentario del Prof. Plinio:
Esta selección biográfica es algo confusa. Permítanme tratar de enderezar los hechos históricos.
Santa Clotilde fue la hija del rey de Borgoña Chilverico. Su padre era católico y su hermano, su tío Gondebaud, era arriano. El arrianismo fue una terrible herejía que infectó a la Iglesia por varios siglos. Su tío arriano asesinó a su padre junto con gran parte de su familia. Su madre fue ahogada en el río Ródano, sus hermanos masacrados, etc. Nunca leí por qué su tío no mató a santa Clotilde también. En cambio la llevó a su castillo y la mantuvo como una princesa de segunda clase, media libre, media prisionera.
Clovis era el rey de los Francos y vecino de los borgoñeses. El se dio cuenta que el asesino del padre de Clotilde aún tenía muchos seguidores católicos y entonces planeó dividir más el reino de Borgoña para así conquistarlo más fácilmente. Con este fin, le pidió matrimonio a Clotilde. Es difícil entender por qué el rey aceptó, dado el inconveniente político que podría surgir de aquella unión, sin embargo aceptó.
Antes de casarse, Santa Clotilde recibió de Clovis la promesa de respetar su fe católica. Por lo tanto, Clotilde aceptó, y con esto se libró del cautiverio de su tío y de la atmósfera arriana de su corte. Se convirtió en la reina de una nación bárbara y pagana. Ella siguió la práctica de su fe, y Clovis fue influenciado por su ejemplo.
Cuando se vio enfrentado a una muy difícil situación militar, a punto de perder la batalla de Tolbiac contra los bárbaros Alamanni el año 496, hizo una promesa al “Dios de Clotilde.” Prometió que si Dios lo ayudaba a ganar la batalla, se convertiría a la fe católica. Dios le ayudó y ganó; después, él se convirtió.
San Remigio bautiza a Clovis
En ese tiempo, San Remigio era arzobispo de Reims y ejerció gran influencia sobre Santa Clotilde. El preparó a Clovis para el bautismo. En la víspera de la Navidad del año 496, los bárbaros fueron bautizados por el Santo en la Catedral de Reims.
Una antigua tradición afirma que en el momento del bautismo de Clovis, una paloma descendió del Cielo llevando en su pico con aceite sagrado que San Remigio usó para consagrarlo como primer rey de Francia. Desde entonces, ese mismo aceite se usó para consagrar a todos los reyes de Francia en su ceremonia de coronación. Esta tradición se mantuvo hasta la coronación de Luis XVI. Durante la Revolución Francesa la ampolla con el aceite desapareció.
En ese mismo día de Navidad los jefes más importantes del pueblo se convirtieron junto con Clovis. Fue la primera nación como tal que se convirtió a la fe católica.
Se cuenta que en el día del bautismo de los Francos, un ángel trajo a Santa Clotilde la nueva bandera de los Francos. La antigua bandera tenía tres ranas grabadas en ella, ahora pasó a tener tres flores de lis. La Navidad del año 496 es considerado un hito en la Historia que marca el inicio de la Edad Media. Por lo tanto, Santa Clotilde tuvo una muy bella vocación.
Catedral de Reims donde fueron coronados los reyes de Francia desde Clovis
Hermosas vocaciones como la de ella a menudo nacen de las peores tormentas y desastres. Ellas nacen de grandes sufrimientos, tragedias, engaños, contradicciones y situaciones incomprensibles. Son como los cactus, que es una planta fea que está cargada de espinas pero que produce una maravillosa flor. Al final de un largo camino de sufrimientos, florecen las vocaciones trayendo toda su belleza.
En tales almas, se pone de manifiesto que el éxito de esas vocaciones no se basan simplemente en los méritos humanos. Ellas se deben a la voluntad y acción de Dios, que viene a nosotros a través de la intercesión universal de la Virgen.
Santa Clotilde, cuyo ejemplo y oraciones convirtieron a Clovis y a los Francos y dio inicio a la Cristiandad, es una gran patrona para nosotros que tanto esperamos el Reino de María. Debemos pedirle a ella que nos dé el espíritu necesario para empezar efectivamente a construir de manera efectiva la gloriosa nueva era para la Iglesia y la Santísima Virgen.
El Santo del Día son comentarios sobre las características más destacadas de la vida de los santos que San Juan Bosco acostumbraba a hacer a sus alumnos de su colegio. Siguiendo su ejemplo, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tenía la costumbre de de hacer un comentario sobre la vida de los santos en una reunión a jóvenes todas las tardes con el fin de fomentar en ellos la práctica de la virtud y el amor a la Iglesia Católica. Los textos de los datos biográficos y los comentarios provienen de notas personales tomadas por el Sr. Atila S. Guimaraes (editor de Tradition in Action) de 1964 a 1995.
Extraído del blog La Denuncia Profética
Enviado por jzamora el Mar, 06/23/2009 - 01:18.
Catolicismo Nº 114 - Junio de 1960 Por Plinio Correa de Oliveira
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES Es de noche. Se adivina el silencio absoluto que habita en la oscuridad que esta antigua y mal tratada fotografía fijó. El alma, en una atmósfera como ésta, se siente invitada a la reflexión. Todas las circunstancias, grandes o pequeñas, agradables, aburridas o incluso dolorosas de la vida cotidiana desaparecen. A solas consigo mismo, el hombre puede trascender de todo esto, y penetrar en la región superior del recogimiento, de la reflexión y del estudio.

Se trata de una felicidad austera y sosegada. En una palabra, es una felicidad verdadera. En nuestra fotografía esta felicidad se siente vivamente. Tres luces están encendidas en ella. La menos importante es la que propiamente merece el nombre de luz: es la de la vela. Su reflejo sobre el libro constituye la segunda nota clara de la imagen. Se tiene la impresión de que el pensamiento contenido en el texto se hace luminoso. Y la luz de la vela y el reflejo en el libro iluminan el rostro, haciendo ver en él la luz más verdadera, que es la del alma atenta y sutil que lee.
Enviado por jzamora el Mar, 04/14/2009 - 23:48.
El Cruzado publica esta espectacular tercera parte de los improperios de Nuestro Señor Jesucristo
+ + + Por Plinio Corrêa de Oliveira

El octavo reproche es el siguiente: “Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te alimenté con el maná en el desierto; y tú me heriste con bofetadas y azotes.” El maná del cielo era una exquisita comida que tenía muchos sabores delicados. La persona podía comer tanto como él quisiera sin sentir hostigamiento. Caía del cielo en abundancia y fortificó al pueblo Hebreo durante su marcha a través del desierto. La gente sólo tenía que recogerlo del suelo donde había caído; no había que hacer ningún otro esfuerzo. El maná era un símbolo de la Santa Eucaristía, que tiene todos los exquisitos sabores deseados por cada alma. Ella abre nuestro apetito espiritual para recibir más gracias y está ahí sin cesar para que la podamos disfrutar. Nos aporta abundantes gracias para fortificarnos en nuestro peregrinaje terreno. No hay que trabajar para tenerla, viene para nosotros por los méritos de Nuestro Redentor. ¿Cómo pagamos a Nuestro Benefactor por este don tan precioso? Le retribuimos con bofetadas y azotes.
¿A qué bofetadas y azotes se refiere aquí? Son los rechazos que hacemos cuando la Santa Madre Iglesia nos llama a cumplir nuestro deber como católicos. Ella nos llama a defender la fe negada por tantas personas; Ella nos pide sostener la moral que está siendo pisoteada por todo tipo de acciones criminales; Ella nos pide preservar su Liturgia que está siendo profanada, Ella nos pide defender su Exégesis que está siendo corrompida. En resumen, nos pide defender todas sus Tradiciones que están siendo destruidas por el progresismo. Cuando Ella nos recuerda nuestro deber como católicos de defenderla, a menudo le damos la espalda como si le dijéramos: “Ese no es mi problema. Tengo otras cosas que hacer.” Este tipo de respuesta no es sólo un acto de egoísmo y cobardía, sino un golpe en el rostro de Nuestro Señor. Es un golpe con un látigo sobre su espalda en el Camino de la Cruz. Pidamos a Nuestra Señora, que fue siempre fiel a todo lo que Dios le pidió, que nos de coraje para enfrentar nuestro deber, para aceptar y cumplir lo que podría ser un consuelo a Nuestro Señor en su Pasión, y que no le causemos más golpes en su rostro y azotes en su espalda.

Enviado por jzamora el Sáb, 04/11/2009 - 21:04.
EL CRUZADO publica este Sábado Santo, un extracto del Vía Crucis del Profesor Plinio Correa de Oliveira, publicado en la revista Catolicismo en 1951.

XIV Estación
Jesús es puesto en el sepulcro

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
*
Se corrió la piedra. Parece todo acabado. Es el momento en que todo comienza. Es el reagrupamiento de los Apóstoles. Es el renacer de las dedicaciones, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.
*
Y al mismo tiempo, el odio de los enemigos ronda en torno del Sepulcro, de María Santísima y de los Apóstoles.
*
Pero ellos no temen. Y dentro de poco tiempo rayará la mañana de la Resurrección. Pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer cuando todo parezca irremediablemente perdido. No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parecieran puestas en manos de vuestros enemigos. No temer, porque estoy a los pies de Nuestra Señora, junto a la cual se reagruparán siempre, y siempre una vez más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia.
*
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
* * * * *
Escrito por el Dr Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) y traducido de la revista Catolicismo, editora Padre Belchior de Pontes, marzo de 1951, São Paulo, Brasil
Enviado por jzamora el Sáb, 04/11/2009 - 12:21.
Por Plinio Corrêa de Oliveira

Uno podría preguntarse ¿por qué Nuestro Señor cayó tres veces a lo largo del Camino de la Cruz y no dos o cuatro? Creo que hay una razón para las tres caídas, ya que todo en la vida de Nuestro Señor y su Pasión tienen un profundo significado. Sin pretender ser un exégeta, creo que esas tres caídas revelan los tres crecientes grados de agotamiento que Nuestro Señor experimentó, que deberían ser meditados y servir de modelo para nosotros. Cuando uno analiza el legítimo cansancio de un hombre – no estoy considerando el vicio de cansancio del perezoso porque Nuestro Señor no tenía sombra de vicio alguno – se puede decir que hay tres grados diferentes. En el primer grado, una persona que lleva el peso de la misión cargada sobre sus hombros siente que toda su fuerza física se ha agotado, y cae bajo su carga. Tendido en el suelo bajo ese peso él experimenta un natural alivio y recupera un poco de aliento. Después piensa: “¡Qué carga pesada! ¡No puedo levantar esta carga de nuevo! Sin embargo, es necesario para mí seguir adelante y yo deseo con todo mi corazón seguir llevándola. Quiero aprovechar este esfuerzo, este acto de dedicación, hasta su fin.” Entonces, si él no se da por vencido y quiere continuar llevando su peso, empieza a buscar cualquier reserva de energía que él no haya considerado y tiene en su vida normal. Encuentra algunas, saca esas energías
Enviado por jzamora el Vie, 04/10/2009 - 19:16.
EL CRUZADO publica esta reflexión de Semana Santa, prometiendo oraciones para los 14.300 visitantes que nos han honrado con su visita en estos últimos meses. Que Nuestra Señora de Los Dolores los bendiga con especial unión junto a la Santa Cruz,
En Jesús y María,
Editorial El Cruzado
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Por Plinio Côrrea de Oliveira
El tercer reproche es el siguiente: “¿Qué más debí hacer por ti que no lo haya hecho? Yo te planté como viña mía hermosísima; y tú has sido para mí muy amarga, pues apagaste mi sed con vinagre, y abriste con una lanza el costado a tu Salvador.” Este reproche está dirigido al pueblo Judío. Dios plantó al pueblo electo en la Tierra Prometida como un viñedo de gran excelencia. Dios no plantó una viña común, Él escogió cultivar una de gran calidad. Esta viña estaba destinada a convertirse en dulces uvas y en un vino superior, pero en cambio produjo un fruto amargo, amargo más allá de toda imaginación.

Él da dos ejemplos. Cuando tuvo sed, no le dieron buen vino o incluso simple agua para beber, sino que le dieron vinagre. Cuando Él estaba
Enviado por jzamora el Mié, 04/08/2009 - 23:08.
Los reproches de la Pasión – I Por Plinio Corrêa de Oliveira
Una de las más bellas maneras de acompañar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la meditación de los Improperia, o Reproches de la Pasión. Los Improperia son una serie de lamentaciones del Antiguo Testamento sobre la ingratitud del pueblo Judío que son una prefigura de la Pasión de Nuestro Señor. Son doce los reproches que se inician con las lamentaciones del profeta Micheas (Mic. 6: 3-4).

La Iglesia los canta en la ceremonia de adoración de la Santa Cruz el Viernes Santo después de la muerte y el entierro de Nuestro Señor. Tras la consumación de la Pasión, la gratitud de la Iglesia se vuelve hacia la Cruz, aquel vil instrumento de tortura que se convirtió en el sublime instrumento de la Redención. En mi opinión, los Improperia personifican el conmovedor contraste entre la inocencia de Nuestro Señor y la ingratitud y culpabilidad del pueblo judío. Ellos presentan a Nuestro Señor preguntando a su pueblo, recordándoles los beneficios que Dios les otorgó y les pregunta por qué ellos infligen tales tormentos contra Él. Son doce los Reproches que se cantan en una misma melodía de canto llano.
Enviado por jzamora el Lun, 04/06/2009 - 00:05.
El cruzado publica este artículo, sobre cómo uno debería vestirse, del profesor Plinio Correa de Oliveira publicado en nuestra página amiga Tradition in Accion.
Prof. Plinio Correa de Olivera
Recibí algunas preguntas acerca de la forma en que uno debería presentarse. Las responderé una por una.

La vestimenta debe representar la dignidad del hombre. Arriba, el Duque de Albe, un grande de España. Point de Vue, October 26, 2005
Pregunta: ¿Por qué debemos vestirnos bien? Acaso el preocuparse de tener una buena presentación ¿no es una manera de favorecer la vanidad?
Respuesta: El razonamiento detrás de esta pregunta es el siguiente: El hombre debe evitar todo lo que propicia el pecado. Ahora, el vestirse bien puede propiciar la vanidad, que es una forma de pecado. Por lo tanto, uno debería evitar vestirse bien. Permítaseme aplicar este razonamiento al tema del estudio. Estudiar puede propiciar la vanidad. Por lo tanto, se debe evitar estudiar.
Lo mismo podría aplicarse también a la higiene. Mantenerse uno mismo limpio, puede propiciar vanidad. Por lo tanto, se debe evitar la ducha y el baño.
Si uno siguiera aplicando este razonamiento a las diferentes esferas del comportamiento humano, al final, la situación ideal para la práctica de la virtud sería la barbarie. La barbarie es la consecuencia lógica de este razonamiento. Pero esta es una conclusión absurda. Ahora, todo lo que lleva a lo absurdo es falso. Por lo tanto, este silogismo es falso.
La verdadera respuesta es que en todo lo que hace el hombre, puede entrar el abuso. Uno puede abusar de la inteligencia, de la cortesía, del vestirse bien, e incluso de la virtud, ya que una persona puede ser orgullosa de la virtud que practica. Esta no es una razón para abandonar las costumbres civilizadas, sino que deben ser practicadas con un ojo vigilante vuelto hacia la reducción y el control de la vanidad.
Un hombre civilizado se presenta a sí mismo limpio y decente, con la dignidad que exige su condición social. Al hacer esto, se demuestra el respeto que tiene para sí mismo y el respeto que tiene a Dios, quien siempre está en su presencia. Cada uno de nosotros es digno de respeto porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, bautizados en la Iglesia Católica, transformados en templo del Espíritu Santo, y elegidos por la Virgen para servir a ella. Por lo tanto, debemos presentarnos a nosotros mismos, en concordancia a esta dignidad.
Enviado por mmontt el Vie, 03/06/2009 - 23:41.
Enviado por jzamora el Lun, 02/23/2009 - 23:15.
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Las fotografías y sus comentarios no son del autor sino que de nuestra editorial.
Con la apariencia “católica”, corromper a los católicos
Los modernistas actúan dentro de la Iglesia como verdadera quinta columna, pues, según es de toda evidencia, su intención consiste en conservar el aspecto de católicos, para diseminar más fácilmente en las propias filas católicas la toxina de sus errores. Infelizmente, como siempre sucede, existe una tercera fuerza para facilitar la acción de esa quinta columna. Esa tercera fuerza es formada por aquellos católicos, quizá bien intencionados, que, por un excesivo deseo de conciliación, o por temor a aparecer atrasados, retrógrados o reaccionarios, adoptan en su lenguaje, en sus actitudes, en toda la línea de su conducta, una orientación que, si no es directamente modernista, facilita el deslizar peligroso de los espíritus para esa herejía.
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Fue lo que con mucha precisión observó el Santo Pontífice: “Lo que produce profundo estupor es que católicos, que sacerdotes a quienes horrorizan, según Nos queremos pensar, tales monstruosidades, se conduzcan, sin embargo, como si de lleno las aprobasen; pues tales son las alabanzas que prodigan a los mantenedores de esos errores, tales los honores que públicamente les tributan, que hacen creer fácilmente que lo que pretenden honrar no son las personas, merecedoras acaso de alguna consideración, sino más bien los errores que a las claras profesan y que se empeñan con todas veras en esparcir entre el vulgo.”
Enviado por jzamora el Dom, 02/22/2009 - 12:50.
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Modernismo: manía de novedades – horror a la tradición

Nacida de esa curiosidad malsana, la manía de las novedades, el horror a la tradición es una de las notas características del modernismo. Por esto es que, pensando el Santo Papa Pio X en los modernistas – que califica, con palabras de la Escritura, hombres de lenguaje perverso”, “decidores de novedades y seductores”, “sujetos al error y que arrastran al error” – se lamenta de que “(…) que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo”.(…) Los modernistas, como tantos protestantes, odian la pompa espléndida del culto católico. He ahí su razón: “como el fin único de la potestad eclesiástica se refiere sólo a cosas espirituales, se ha de desterrar todo aparato externo y la excesiva magnificencia con que ella se presenta ante quienes la contemplan”. (…) Revisando el cuadro sicológico que del modernista pinta San Pio X, se queda admirado con la debilidad de su lenguaje, con la claridad, la energía y la precisión de sus conceptos. Es de notarse que, si fuera otro y no un Papa – ¡y qué Papa!- así se expresara, abriría flanco para que los liberales, cuyos matices son tan numerosos en nuestra población, y que infelizmente existen hasta en los círculos católicos, tuviesen la impresión de que se está exagerando. (…)

“Enemigos tanto más temibles cuanto menos declarados”
Es natural que, movidos por su fiebre de novedades, los modernistas también se hayan lanzado contra todas las buenas tradiciones cristianas. (…) Agrega el Papa: “Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.
Enviado por jzamora el Dom, 02/22/2009 - 00:29.
Un hecho histórico tan importante cuanto la victoria de Lepanto
“Rendimos al inmortal Pontífice Pio X nuestro homenaje, lleno de gratitud, por los beneficios que prestó a la Santa Iglesia, hiriendo gravemente con intrepidez angélica, a este terrible enemigo de la Religión Católica: el movimiento modernista”
Por Plinio Correa de Oliveira
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Nos parece que ningún modo de conmemorar el aniversario de la Encíclica Pascendi sería mejor de que publicando un resumen de la línea maestra del gran documento. (…) Si San Pío X no hubiese fulminado la herejía modernista, el mundo habría entrado rápidamente en marcha hacia el panteísmo y el ateísmo. Y toda la acción comunista sobre la faz de la Tierra no habría encontrado delante de sí los enormes obstáculos que encontró.
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La condenación del modernismo fue, pues, un hecho histórico tan importante cuanto lo fue la victoria de Lepanto. Y el Papa Pio XII (elevando a Pio X a la honra de los altares, en mayo de 1954) se hizo acreedor del reconocimiento eterno de los hombres, por haberles presentado el modelo y dado por protector a tan grande santo. (…)
Amar al prójimo y combatirlo cuando es necesario “Odiad el error, ama a los que erran”, escribió San Agustín. Grande, sabia, admirable sentencia. Entretanto, ¡cuántas aberraciones, cuántas traiciones, cuántas capitulaciones vergonzosas se han cometido abusivamente en nombre de ella! Hay personas cándidas - o cobardes – que imaginan las ideas como entes dotados de existencia física propia y autónoma, los cuales se incubarían misteriosamente en las personas. Según ellas, se puede mover una guerra a las ideas sin atacar a las personas, más o menos como se puede combatir la enfermedad infecciosa sin alcanzar al enfermo, pues la guerra es tan solo contra el bacilo. Este modo de ver, infelizmente muy generalizado en nuestros días, beneficia ampliamente a nuestros adversarios, pues desarma toda nuestra reacción. La verdad y el erro no son algo extrínseco al espíritu humano, como las hojas en la caja de un archivo. La inteligencia, por el contrario, tiene a asimilar a esta y aquel, por un proceso que ha sido merecida y frecuentemente comparado a la digestión. Si alguien come pan o carne, a digestión incorpora al organismo una cuota de la sustancia de esos alimentos que terminan siendo parte de la persona. Análogamente, si alguien acepta una doctrina, esta de tal manera puede llegar a marcar su personalidad, que se diría figurativamente que tal hombre personifica aquella idea. ¿Cómo pretender destruir el pan ya digerido por una persona, si herir a esta última en su carne? ¿Y cómo se puede atacar una idea sin alcanzar en cierta medida a quien la personifica, quien ipso facto le da vida, actualidad y posibilidades de difusión? No. La sentencia de San Agustín es de sentido obvio. Ella preceptúa que deseemos la humillación y la derrota del erro, bien como la conversión y la salvación de quien erra. Ella recomienda que usemos, para con quien erra, toda la suavidad posible. Ella no nos prohíbe utilizar, contra aquel que erra, una justa severidad, cuando esto se hace necesario para el bien de la Iglesia y la salvación de las almas. En este sentido, no llega aquella sentencia al punto de inutilizar en el católico la capacidad de acción y de lucha contra los autores del error y del mal. Muy por el contrario, los santos supieron siempre conciliar las dos obligaciones fundamentales y aparentemente contradictorias, de amar al prójimo y de combatir, cuando a esto impele el celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas. Es de esto que nos dio admirable ejemplo el Papa San Pio X en la Encíclica Pascendi, contra el modernismo, con el monumento de objetividad y de lucidez que es aquel inmortal acto pontificio.
Denuncia de las tácticas y de la conspiración modernista Se engañaría quien supusiese que la Pascendi fue un mero documento doctrinario. San Pio X no combatió apenas en el campo de las ideas, sino que, con admirable energía y perspicacia, desenmascaró los propios autores del error; y trazó el lamentable perfil moral del modernista, denunció sus tácticas y puso a desnudo lo vasto de su conspiración. La Encíclica no menciona nombres, pero es riquísima en datos sobre la personalidad del modernista. En otros documentos, San Pio X llegó a los nombres. Por ejemplo, en los importantes decretos que fueron nominal y personalmente alcanzados los principales jefes del movimiento. Es para que nuestros lectores puedan medir en toda su admirable extensión la severidad con que el Santo Pontífice se avocó a esta emergencia, que consagramos este artículo al asunto. Haciéndolo, destacamos la oportunidad flagrante del ejemplo que apuntamos. San Pio X fue beatificado y más tarde canonizado por el Santo Padre Pio XII. Quiso él que su antecesor sirviese de modelo para los hombres, y no para los muertos que yacen en la sepultura o para los niños que aún están por nacer. Fue para esto que él hizo brillar en la honra de los altares a ese gran lucero. Actuar como San Pio X, es lo que nos recomienda con su suprema autoridad el inmortal Pontífice Pio XII. (…)
Por orgullo rechazan toda sumisión Los modernistas representan la suma obstinación, y con ellos son inútiles las medidas blandas: “A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo”. Una de las raíces más importantes de este lamentable estado de espíritu, en efecto, es el orgullo: “Pero mucho mayor fuerza tiene para obcecar el ánimo, e inducirle al error, el orgullo, que, hallándose como en su propia casa en la doctrina del modernismo, saca de ella toda clase de pábulo y se reviste de todas las formas. Por orgullo conciben de sí tan atrevida confianza, que vienen a tenerse y proponerse a sí mismos como norma de todos los demás. Por orgullo se glorían vanísimamente, como si fueran los únicos poseedores de la ciencia, y dicen, altaneros e infatuados: “No somos como los demás hombres”; y para no ser comparados con los demás, abrazan y sueñan todo género de novedades, por muy absurdas que sean. Por orgullo desechan toda sujeción y pretenden que la autoridad se acomode con la libertad. Por orgullo, olvidándose de sí mismos, discurren solamente acerca de la reforma de los demás, sin tener reverencia alguna a los superiores ni aun a la potestad suprema. En verdad, no hay camino más corto y expedito para el modernismo que el orgullo. ¡Si algún católico, sea laico o sacerdote, olvidado del precepto de la vida cristiana, que nos manda negarnos a nosotros mismos si queremos seguir a Cristo, no destierra de su corazón el orgullo, ciertamente se hallará dispuesto como el que más a abrazar los errores de los modernistas! Por lo cual, venerables hermanos, conviene tengáis como primera obligación vuestra resistir a hombres tan orgullosos, ocupándolos en los oficios más oscuros e insignificantes, para que sean tanto más humillados cuanto más alto pretendan elevarse, y para que, colocados en lugar inferior, tengan menos facultad para dañar.”(…)
Enviado por jzamora el Sáb, 02/21/2009 - 00:31.
La pobreza y la dignidad de la Sagrada Familia
El Cruzado publica este maravilloso extracto de una conferencia proferida por el profesor Plinio Correa de Oliveira, sobre la realeza y dignidad de Nuestra Señora representadas en un fresco de Giotto.
Plinio Correa de Oliveira

Vemos en la foto de este fresco, cuyo autor es el famoso pintor italiano, Giotto*, a Nuestra Señora emprendiendo el viaje rumbo a Egipto, montada sobre un simple burro, con todas las señales exteriores de la pobreza. San José marcha adelante guiando la montura.
A pesar de la penuria, la dignidad de María Santísima es la de una princesa. Llama la atención su porte erecto; su espalda no tiene la menor flexión. Es digno de notar la postura de su cabeza altiva y la resolución con la que Ella enfrenta el viaje, sus incomodidades y riesgos.
San José camina al frente, atento en servir a su purísima esposa y al Niño Jesús. Ella no. Da la impresión de confiar en San José y de abandonarse enteramente a la protección de la divina Providencia. Por lo que está recogida en oración con el Niño, que se encuentra como dormido y agarrado a Ella. La actitud del Divino Infante da a entender la profunda intimidad existente entre Madre e Hijo.
Es adecuado imaginar que Ella dirija oraciones a Él en la intención de aquellos que están contemplando el cuadro...
* Fresco pintado entre 1302 y 1306 por Giotto di Bondone, que se encuentra en la Capela degli Scrovegni - Pádua (Italia)
Revista Catolicismo, diciembre 2006
Traducción: El Cruzado
Enviado por mmontt el Lun, 02/02/2009 - 11:42.
Plinio Corrêa de Oliveira Si alguien me pidiera que señalara un apóstol tipo para nuestros tiempos, yo respondería sin vacilaciones, mencionando el nombre de un misionero... fallecido hace precisa mente 271 años. Y dando tan desconcertante respuesta, tendría la sensación de estar haciendo algo perfectamente natural. Pues ciertos hombres colocados en la línea de lo profético, están por encima de las circunstancias temporales. Basta, para comprenderlo, tomar por ejemplo a Elías.
El Profeta Elías
Dentro de cien años, los que hoy vivimos habremos sido superados por la marcha del tiempo, como están hoy los hombres de hace cien años atrás. Seremos atrasados, anacrónicos, mofados. De ahí a doscientos, trescientos años estaremos tan sumergidos en el reino de la muerte, de las sombras y de la Historia, como las momias que aguardan en algún museo el día del Juicio Final. ¿Y qué decir de nuestra "situación" de aquí a mil años? Pues hay alguien vivo, vivísimo y que será la última palabra del apóstol moderno, no hoy, sino en el fin del mundo cuando nosotros estemos inmersos en el más completo anacronismo.
Alguien que vivió días muy anteriores a los de Pío IX y Napoleón III. Anteriores aún a San Luis, a Carlo Magno, a Atila, y ¿qué diré?, a Augusto y a Jesucristo. ¡Es el Profeta Elías! Apóstol moderno, sí, y modernísimo, no porque esté escrito de él que participará del espíritu y de las tendencias de los hombres que entonces vivieren, sino porque será mandado por Dios como el varón ideológicamente adecuado para combatir de frente la corrupción del siglo en que volverá a esta tierra. Elías será moderno, no por haber tomado el espíritu y la forma de los postreros años de la historia —no os conforméis con este siglo, advierte San Pablo— sino porque será adaptado y adecuado al tiempo. Adaptado, en el sentido de que será "apto" para hacerle bien. Adecuado, sí, en el sentido de que dispondrá de los medios propios para corregirlo. Y por esto mismo modernísimo. Pues ser moderno no es necesariamente parecerse con los tiempos y muchas veces puede ser hasta lo contrario. Para un apóstol, ser moderno es estar en condiciones de hacer el bien en el siglo en que vive...
Sin equiparar a Elías, Profeta incumbido de una misión oficial, con San Luis María Grignion de Montfort, en cuyos escritos hay luces proféticas impresionantes, pero de un valor meramente privado, puede decirse que existe cierta analogía entre uno y otro. Y es en los términos de esta analogía que el Santo francés es un modelo de apóstol para nuestros días, y los siglos venideros.
* * *
San Luis María Grignion de Montfort nació en Montfort-la- Canne, Francia, en 1673.
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De familia pobre, le faltaron los recursos para costear los estudios necesarios del sacerdocio, al que aspiraba desde niño. Se dirigió a París, donde ejerció el oficio de velar cadáveres en la Parroquia de San Sulpicio ciertas noches de la semana, para pagar su pensión en el Seminario. Después de un curso brillante, fue ordenado sacerdote en 1700. Dadas las dificultades surgidas en su apostolado en Francia, y movido por el deseo de anunciar el Evangelio a los gentiles, San Luis María se dirigió a Roma para pedir una directriz al Papa Clemente XI. Este determinó que volviese a su Patria, a fin de dedicarse a predicar a la población católica necesitada de catequesis y edificación. Entregándose enteramente a esa actividad durante los diez años que aún vivió, el Santo insistía particularmente en la renuncia a la sensualidad y al mundanismo, en el amor a la mortificación y a la Cruz, en la devoción filial a Nuestra Señora. Como terciario dominico que era, difundió ampliamente el Rosario. Víctima de los ataques furibundos de los calvinistas y de los jansenistas, fue objeto de severas medidas por parte de un número no pequeño de obispos franceses, que no le querían como misionero en sus diócesis. La muerte le llegó en 1716, cuando contaba apenas con 43 años de edad. Fundó dos congregaciones religiosas, la Compañía de María y las Hijas de la Sabiduría.
Entre sus escritos, se destaca el "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen", una de las más altas obras de mariología en todos los tiempos y tal vez la más alta de ellas. Este libro admirable fue dejado por él en manuscrito y desapareció misteriosamente después de su muerte, reapareciendo de manera providencial en nuestros tiempos.
León XIII lo beatificó en 1888. Pío XII, lo inscribió en el Catálogo de los Santos.

SS. León XIII
Esta es una rápida visión de la vida de este gran Santo. Cuanta riqueza se aprecia en un examen más atento de los principales aspectos de esa vida. * * * El Renacimiento desencadenó en Europa una sed de diversiones, de opulencia, de placeres sensuales, que impelió fuertemente los espíritus a subestimar las cosas del Cielo, para ocuparse mucho más de las de la tierra. De ahí, en los Siglos XV y XVI, vino un declinar sensible de la influencia de la Religión en la mentalidad de los individuos y de las sociedades. A ese indiferentismo naciente, se sumó no raras veces una antipatía contra la Iglesia, discreta y apenas perceptible en unos, más pronunciada en otros, y elevada en algunos al extremo de una hostilidad militante. Tal estado de espíritu concurrió sensiblemente para la eclosión del Protestantismo, y para las manifestaciones del nacionalismo y escepticismo tan frecuentes entre los humanistas. Del indiferentismo nacía naturalmente el libre pensamiento. Sin embargo, estos fermentos no atacaron, por el momento, toda la sociedad. En un comienzo, dominaron solamente ciertos elementos de alta influencia en la vida intelectual, en la nobleza y en el Clero, con el apoyo de algunos soberanos. Poco a poco fueron alcanzando los tejidos más profundos del cuerpo social. En el tiempo de San Luis María Grignion, puede afirmarse que su influencia se notaba en todos los campos: la política se hacía laica, la antigua sociedad orgánica y cristiana era absorbida por el absolutismo de Estado, menguaba la influencia de la Religión en la vida de todas las clases sociales y principalmente en las élites; una tendencia general hacia costumbres más frívolas, más "libres", más fáciles, ganaba todos los ambientes, la sed de placer y de lucro crecía, el mundanismo campeaba incluso en cierto número de casas religiosas; el mercantilismo extendía sus tentáculos para dominar toda la existencia humana. En líneas generales, el cuadro era bastante parecido al de nuestros días. Diferencias considerables Sin embargo, si la analogía es profunda, evidente, indiscutible, sería imposible pasar de ahí a una equiparación absoluta. El cuerpo en el cual actuaban los fermentos en los siglos XV, XVI, e incluso XVII, era aún el cuerpo robusto de la vieja cristiandad generada por la Edad Media. Un sinnúmero de instituciones, de hábitos mentales, de tradiciones, de usos, de leyes reflejaba aún el espíritu de la sociedad orgánica y cristiana de otrora. Si la monarquía absoluta presagiaba al socialismo moderno, ella personificaba, todavía, a los Reyes por la gracia de Dios, que aún se consideraban Padres de sus respectivos pueblos en el buen y viejo estilo de San Luis IX. Si la vida internacional había sido secularizada por el tratado de Wesfalia, aún existían tales o cuales vestigios de la Cristiandad, una familia de reyes y pueblos cristianos dotados de la con ciencia de formar un todo aparte, frente al mundo de los gentiles. Si la sociedad era mundana, las disputas religiosas —como las que se trataban entre jesuitas y jansenistas— encontraban en ella una resonancia que jamás tendrían en nuestros días. Si las costumbres eran frívolas en la corte y en las ciudades, había al respecto numerosas y retumbantes excepciones. En los peldaños del trono, en el propio trono, el escándalo de un Luis XIV, por ejemplo, era de algún modo reparado por su enmienda y su vida ejemplar después del casamiento con Mme. de Maintenon y la caída de Mlle. de la Valliere lo era por su penitencia ejemplar en el Carmelo. Mme. de Montespan a su vez moría cristianamente; el Duque de Borgoña, nieto de Luis XIV, se destacaba por su piedad y la familia real tendría aún en el siglo XVIII, al lado de la vergüenza de la vida de Luis XV, la ilustración de las virtudes poco comunes del Delfín Luis, de la Carmelita Madame Louise de France, y de la Princesa Clotilde de Saboya, ambas hijas del Rey y fallecidas en olor de santidad. Así, por más rigurosas que sean las analogías entre el siglo XVI y el siglo XX, habría manifiesta exageración en afirmar que la vida política y social ya se encontraba entera o casi enteramente laicizada y paganizada. Sin embargo, en la historia de los Tiempos Modernos, o sea, en los siglos XVI, XVII y XVIII, está fuera de dudas que los fermentos nacidos del neo-paganismo renacentista se revelaron cada vez más vigorosamente, y esto trajo la inmensa explosión de 1789. Tiempos precursores de los nuestros Considerando estos hechos desde el punto de vista del Santo Padre León XIII en la encíclica"Parvenu à la Vingt-Cinquième Année", la Revolución Francesa fue una consecuencia del protestantismo. Y a su vez produjo el comunismo. Al igualitarismo y liberalismo religioso del fraile apóstata de Witemberg, sucedió el igualitarismo y liberalismo político-social de los soñadores, de los conspiradores y de los facinerosos de 1789. Y a éste le sigue el igualitarismo totalitario, social y económico de Marx. La Revolución protestante fue una forma ancestral de la Revolución Francesa, como ésta lo fue del Comunismo moderno. Y cada una de estas formas ancestrales ya tenía en sí todas las toxinas de aquella que le siguió. Son tres molestias sucesivamente mayores, provocadas por el mismo virus. O son tres fases sucesivamente mayores de una misma molestia. O tres etapas de una omnímoda y universal Revolución. Un profeta aparece en el curso de la Revolución Ahora bien, San Luis María Grignion de Montfort fue en este proceso histórico, un verdadero profeta. En el momento en que tantos espíritus ilustres se sentían enteramente tranquilos en cuanto a la situación de la Iglesia, engañados en un optimismo displicente, tibio, sistemático, él sondeó con mirar de águila las profundidades del presente, y predijo una crisis religiosa futura, en términos que hacen pensar en las desgracias que la Iglesia sufrió durante la Revolución, es decir, la implantación del laicismo de Estado, el establecimiento de la "Iglesia Constitucional", la proscripción del culto católico, la adoración de la diosa razón, el cautiverio y muerte del Papa Pío VI, las masacres y deportaciones de Sacerdotes y Religiosas, la introducción del divorcio, la confiscación de bienes eclesiásticos, etc. Más aún. Para aliento y alegría nuestra el Santo profetizó una grande y universal victoria de la Religión Católica en días venideros. Martillo de la Revolución Pero además de profeta, San Luis María Grignion de Montfort fue misionero y guerrero. Misionero, fustigó implacablemente el espíritu neo-pagano, haciendo cuanto podía por apartar al pueblo fiel del mundanismo y de todo cuanto constituía el mal espíritu nacido del Renacimiento. La región evangelizada por él fue tan profunda mente inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anti católico de París. Fue la Chouannerie.

Si San Luis María Grignion hubiese extendido su acción misionera a toda Francia, probablemente habría sido otra su historia, y la otra la historia del mundo.
Ahora bien, ¿por qué no la evangelizó entera?
Orador sagrado eficientísimo, predicaba la palabra de Dios con una fogosidad extraordinaria. Esto le valió el odio, no sólo de los calvinistas, sino de una de las sectas más detestables y más influyentes que hasta hoy hayan existido infiltradas en la Iglesia, o sea, los jansenistas. Sería largo enunciar las múltiples y complejas razones por las que el jansenismo, con sus apariencias de austeridad es, sin embargo, legítimo producto de la crisis religiosa del siglo XVI. Lo cierto es que esta secta, disponiendo de deplorable influencia sobre muchos fieles, Sacerdotes y hasta Obispos, Arzobispos, Cardenales, seguía una línea de pensamiento y de acción nociva a toda restauración de la vida religiosa, apartaba las almas de los Sacramentos, y combatía vivamente la devoción a Nuestra Señora. San Luis María Grignion de Montfort, por el contrario, tenía a la Sma. Virgen la devoción más ardiente, y, hasta compuso en su alabanza el "Tratado de la Verdadera Devoción", que constituye hoy el fundamento más fuerte de toda la piedad mariana profunda. Por otro lado, con sus misiones aproximaba al pueblo a los sacramentos, lo enfervorizaba en la devoción al Rosario. En una palabra, hacía obra diametralmente opuesta a las intenciones jansenistas. Esto le trajo, en los propios medios católicos, una persecución abierta, que le valió las mayores humillaciones. Causa asombro que mientras prelados, clérigos y laicos, en nombre de la caridad se mostraban irritados o aprensivos con la justa severidad de la Santa Sede en relación con los jansenistas, no hubiese penalidades, actos de hostilidad, ni humillaciones que les bastase contra San Luis María. Se puede decir que fue uno de los Santos más despreciados y humillados que hubo en estos veinte siglos de vida de la Iglesia. Por fin, sólo en dos diócesis le fue permitido ejercer su ministerio. Pero, como un nuevo Ignacio de Loyola, sintiendo con serenidad el ímpetu contra su persona, los oleajes del odio anticatólico disfrazado con aires de piedad, no se perturbó. Y, humillado, luchó hasta el fin. Ahora bien, este Santo extraordinario dejó una oración admirable, conteniendo enseñanzas y luces especiales para nuestra época. Es la que compuso pidiendo Misioneros para su Congregación. En esta oración, como mostraremos más adelante, se ve que para San Luis María sus tiempos eran precursores de una inmensa crisis que se extiende hasta hoy, e irá hasta la instauración del Reino de María. Y él mismo se nos imagina como el modelo, la prefigura de los apóstoles suscitados para luchar en esta crisis, y vencer la batalla por María Santísima. Es esta la sublime y profunda actualidad de San Luis María Grignion de Montfort para los apóstoles de nuestros días. Tema de meditación fecundo en este mes en que la Iglesia celebrará por primera vez – en el día 31 – la fiesta de la Realeza de María, tan grata a las almas fuertes y profundamente piadosas. Catolicismo, N. 53, Mayo de 1955
Enviado por jzamora el Lun, 01/19/2009 - 22:47.
Catolicismo, N° 511, Julio de 1993
Entrevista a Plinio Corrêa de Oliveira

CATOLICISMO: ¿Por qué ha querido usted hablar de la nobleza?
Plinio Corrêa de Oliveira — Actualmente, me parece que la actitud de la opinión pública frente a la nobleza está mucho menos marcada por los errores de la Revolución Francesa.
En efecto, podemos discernir hoy en día, a medida que el tiempo pasa, que los errores de la Revolución de 1789 van "envejeciendo" y perdiendo actualidad. Esto no significa que dicha actualidad sea pequeña, sino que es menor de lo que era, tendiendo a decaer cada vez más.
En el momento de esa transición histórica, es interesante tratar de la cuestión de la nobleza, que estuvo de tal manera en el centro de todas las reflexiones, de todas las agitaciones y hasta incluso de casi todos los crímenes practicados por la Revolución Francesa.
CATOLICISMO: ¿Y cuál es el papel que usted atribuye a la nobleza en los días de hoy?

San Luis IX, Rey de Francia
Plinio Corrêa de Oliveira —No se trata propiamente de atribuirle un papel a la nobleza, sino de reconocer ese papel de cara al panorama objetivo de la realidad contemporánea. La nobleza aún existe, sus títulos aún son usados, sus personalidades frecuentemente son objeto de especial consideración. Y hasta, en la línea de lo que antes dije, en muchos lugares el prestigio de la nobleza está ascendiendo.
¿En qué consiste el papel de la nobleza en nuestros días? No es ya el papel que ella desempeñaba antiguamente, el de participar, de algún modo, en la dirección del Estado, sea mediante el gobierno de territorios, en los cuales esta clase social ejercía un poder feudal, sea por medio de la acción preponderante en actividades de importancia capital en el Estado y en la sociedad.

Guardia Suizo del Vaticano
Así, la nobleza, otrora, como clase eminentemente militar, contribuía con elementos suyos en el reclutamiento y formación de la oficialidad de cada país. La casi totalidad de los oficiales eran nobles. Ciertas altas funciones, como la de diplomático y la de magistrado, eran, en gran medida, también ejercidas por nobles, lo que caracterizaba, por tanto, la nobleza como una clase muy poderosa.
Ocurre que la opinión pública de aquel tiempo, no masificada por los medios de comunicación social y por todos los efectos, tan numerosos, que acarreó en el mundo entero la revolución industrial, tenía en alto grado la noción de la importancia y de la respetabilidad de cada una de esas tareas ejecutadas por la nobleza. Razón por la cual tributaba a esa clase social un respeto especial.

Con la Revolución Francesa, todo esto cambió. El falso dogma revolucionario, de que la suprema norma de justicia, en materia de relación humana, consiste en la igualdad absoluta entre todos los hombres, fue aceptado como verdadero por incontables personas. De ahí, la presión igualitaria de la Revolución operó, sobre el Estado y la sociedad, efectos inmediatos y no raras veces violentos, a la par de efectos graduales que se desarrollaban más a través de la propaganda que de la fuerza.
Así, en un considerable número de Estados, el igualitarismo político condujo a la eclosión de golpes de fuerza, cuyo efecto era la substitución de monarquías por repúblicas, con la consiguiente abolición de las funciones políticas de la nobleza.
Pero en otros Estados, los progresos del igualitarismo se hicieron sentir por la lenta erosión de los poderes políticos, específicos de los monarcas y de los aristócratas, con la correspondiente reducción de unos y de otros a meras figuras representativas. Es éste, en nuestros días, el caso del rey de Suecia, o de la Cámara de los lores, en Inglaterra.
CATOLICISMO: ¿Y en el campo social?
Plinio Corrêa de Oliveira — Esa decadencia política acarreó naturalmente cierta disminución social, pues el ejercicio del poder constituye, en sí mismo, una fuente de prestigio social.

El Conde Duque de Olivares a caballo (Velásquez)
Pero, en ese campo, las transformaciones más importantes se debieron a factores científicos y económicos. El progreso acelerado de las ciencias, iniciado a finales de siglo XVIII y prosiguiendo más o menos hasta nuestros días, propició la aparición de técnicas nuevas, aplicables a los más variados dominios de la existencia humana. En consecuencia, las técnicas de las producciones agrícola, pecuaria e industrial, la llegada de los medios de comunicación y del transporte, etc. influenciaron a fondo las costumbres sociales. No sólo las costumbres, sino también las propias estructuras de la sociedad, pues la aparición de un método nuevo para producir un determinado artículo, así como la invención de un sistema nuevo para combatir una enfermedad pueden ser consideradas por un pueblo como acontecimientos más importantes que una victoria militar.
Así, la invención del avión por Santos Dumont o del teléfono por Graham Bell (dígase de paso que éste se habría quedado en el rol de los inventores desconocidos, si no fuese por la proyección que le confirió la sorpresa admirativa del emperador del Brasil don Pedro II) tuvieron más importancia para los Estados Unidos y para el mundo que muchas de las batallas célebres de los siglos XIX y XX.
A eso se añade el ejercicio de profesiones a veces altamente rentables, aunque quizá cada vez más arriesgadas, como las de carácter estrictamente financiero, y se tendrá el cuadro del formidable disloca miento que se dio: de una economía con base estrictamente inmobiliaria y, de modo especial, rural, a otra sobre todo urbana, financiera, industrial y comercial. Y se verá que las actividades profesionales, que otrora conferían riqueza y prestigio, pasaron hoy a un segundo plano, con ventaja para las nuevas, colocadas ahora en primer plano.
De todo esto vino el que la nobleza, con todo su inapreciable caudal de principios, de tradiciones, de estilos de vida y de maneras de ser, perdió en muchos lugares buena parte de su influencia, que quedó haciendo cruel falta a los otros estratos sociales, que empezaron a vivir bajo el influjo desajustado, y hasta a veces caricato, del nouveaurichismo.
Pío XII llama a la nobleza a que reúna todos los medios, nada despreciables, que les restan, para contrarrestar ese efecto nocivo. El Pontífice espera que ella lo haga en un noble sentido de preservación y de elevación religiosa, moral y cultural, para bien de sí misma, como de las otras clases sociales, desde el más modesto trabajador hasta el mundo de los nuevos millonarios.
CATOLICISMO: ¿Se le puede considerar a América como siendo un continente en donde se habrían constituido verdaderas élites tradicionales?
Plinio Corrêa de Oliveira — Sin duda. En muchas de ellas se conservan hasta nuestros días, desde las poéticas nieves del Canadá, aún monárquico, hasta las naciones más meridionales del Continente.
Enviado por jzamora el Lun, 01/12/2009 - 23:53.
Por Plinio Correa de Oliveira
No es de este mundo la concordia sin mancha, la perfecta y eterna paz entre todos los hombres, todas las naciones y todas las doctrinas, la felicidad total. En esta tierra de exilio, las carencias, las disensiones, las catástrofes son inevitables. Y una visión cristiana de la vida lleva, al mismo tempo, a circunscribirla en cuanto sea posible, y a resignarse a ellas porque son inevitables.
 La Torre de Babel, Pieter Bruegel (el Viejo, 1563) -Museo Kunsthistorisches, Viena
Esta dura lección, tan ingrata al neopagano de nuestros días, la recuerdo en un texto áureo de San Luis María Grignion de Montfort, el incomparable apóstol de la devoción a la Santísima Virgen.

San Luis María Grignion de Montfort, uno de los apóstoles marianos más destacados en la historia de la Iglesia
Disertando sobre la eterna lucha entre la Virgen y la serpiente, nos muestra la vida de los pueblos antes que nada como una grandiosa, trágica e incesante guerra entre la verdad y el error, el bien y el mal, lo bello y lo feo. Batalla ésta sin la cual la existencia terrena del hombre, despojada de su significado sobrenatural, perdería su dignidad.
Enviado por jzamora el Dom, 01/11/2009 - 18:50.
Plinio Corrêa de Oliveira
¿“Querido”? El adjetivo puede causar extrañeza a lectores que, por los artículos de la “Folha” como por otros medios, hace décadas me ven combatir el ateísmo, precisamente en el aspecto más expansivamente imperialista que asumió a lo largo de la Historia, esto es, el ateísmo marxista. “Querido”: ¿cómo entonces justificar el calificativo? Me explico.

Comunistas ateos
Dios quiere la salvación de todos: de los buenos, para que reciban en el Cielo el premio a sus méritos; de los malos, para que, tocados por la gracia, se enmienden y alcancen el Cielo. En perspectivas y a títulos diversos, unos y otros son, por lo tanto, queridos a Dios. ¿Cómo, entonces, pueden no serlo al católico? Queridos, sí, hasta incluso cuando, para defender la Iglesia y la Cristiandad, el católico los combate. Un cruzado podría llamar con toda sinceridad “querido hermano” al mahometano, en el mismo momento en que duramente terciaba armas con él por la reconquista del Santo Sepulcro.
La expresión “querido ateo” es, pues, válida. Y hasta comporta sentidos matizados. Pues el ateísmo ofrece matices. A cada uno de ellos corresponde –como es natural– un sentido específico de la palabra “querido”. Así, hay ateos que se alegran con la convicción de que “Dios no existe”. A tal punto que si algún hecho evidente –un milagro retumbante, por ejemplo– lo convenciese de lo contrario, bien podría suceder que él pasase a odiar a Dios, y hasta matarlo, si fuese posible. Otros ateos están de tal manera enredados en las cosas de la tierra, que su ateísmo no consiste en negar que Dios exista, sino en desinteresarse por completo del asunto. Si cabe la distinción, ellos no son “ateos”, en el sentido más radical y corriente de la palabra, sino “a-teos”, o sea, laicos. Conciben la vida y el mundo sin Dios. En caso se les probase que Dios existe, verían en él un ser “con il quale o senza il quale, il mondo va tale quale” (1). Su reacción consistiría en decretar contra Él una total y perpetua exclusión de los asuntos terrenos.
Pero existe un tercer género de ateos. A éste pertenecen los que, afligidos por los trabajos y decepciones de la vida, y viendo bien, por amarga experiencia personal, que las cosas de esta tierra no pasan de “vanidad y aflicción de espíritu” (Ecle. 1, 14), quisieran que Dios existiese. Pero tropezando con los sofismas del ateísmo –a los cuales otrora habían abierto el espíritu, atados por los hábitos mentales racionalistas a que aferraran la mente– tantean ahora en las tinieblas sin conseguir encontrar al Dios a quien otrora rechazaron. Cuando medito en la apóstrofe de Jesucristo: “Venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados, que yo os aliviaré” (Mt. 11, 28), pienso más especialmente en este tipo de ateos. Y tengo más especialmente inclinación a llamarlos “queridos ateos”. Así queda explicado cuáles son los ateos a quienes especialmente dirijo las presentes reflexiones. Sin embargo, no es sólo a ellos que tengo en vista, sino a otros lectores, y otros aún, y mucho más especialmente queridos. Esto es, a algunos hermanos en la Fe católica, miembros como yo del Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, los cuales, habiendo leído la referencia hecha por mí en el artículo “¿Vuelta a la Torre de Babel?” a la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort, desearan que yo dijese algo más sobre el asunto a través de estas columnas.
Escribo pues este artículo para estos últimos. Pero con los ojos puestos en los primeros. Lo hago en esta “Folha” tan coherente con los principios de libertad de pensamiento, los cuales profesa, que abre comprensivamente un espacio para mí (¡que ciertamente no soy un liberal!). Para que en este espacio yo diga lo que me parezca. Al considerar mis artículos, insertos entre tantos otros de rumbo bien opuesto, me parece ver a la “Folha” vuelta hacia el público con un estandarte en puño (¡por cierto no el rubro y leonino estandarte de la TFP!), en el cual se leerían estas palabras de Voltaire (ultra liberales, y también ejemplarmente lógicas en la perspectiva liberal): “No concuerdo con una sola palabra de lo que decís, pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a decirlas”. Pluralismo coherente es esto. Y están en las antípodas de esto tantos periódicos brasileños que se jactan a gritos de su pluralismo, pero rehúsan otorgar el menor espacio para un comentario –hasta para la menor noticia– de movimientos anti pluralistas. Como si el pluralismo fuese absurdamente no-plural, y no consistiese en la libertad de discordar. Se diría hasta que, en tales periódicos, hay un politburó (2) determinado a eliminar de la publicidad el pensamiento “herético” anti plural.
Oh, cómo sería más auténtica, más intelectualizada y más sana nuestra democracia, si tantos periódicos siguiesen la línea de acción enunciada en aquella frase de Voltaire. Hablo ahora a los ateos especialmente queridos, en la esperanza de tocarles el fondo del alma, en el mismo texto en que hablo para mis queridísimos hermanos en la Fe.

Imagínate, querido ateo, en algunos de esos intervalos de la vida cotidiana de otrora, en el sosiego de los cuales subían a la superficie del espíritu las impresiones apacibles y profundas que la faena del día, cargada del polvo de la trivialidad y del sudor del esfuerzo, había sofocado en la subconsciencia. Eran los espaciosos momentos de calma, en que las añoranzas de un pasado risueño, los encantos y las esperanzas del presente duro pero luminoso, y las fantasías tantas veces pérfidas hacían una agradable danza para distender al alma “puesta en sosiego, [...] en aquel engaño del alma, ledo y ciego, que la fortuna no deja durar mucho” (Camões, Os Lusíadas, canto 3º, estancia 120).

En los menguados momentos de ocio de hoy, por el contrario, sube a la superficie la neurótica zarabanda de las decepciones, de las preocupaciones, de las ambiciones descabelladas y de los cansancios exacerbados. Y sobre esa zarabanda pende una pregunta aplastante, pesada, obscura: ¿para qué vivir? Bajo el signo de esta pregunta, termino el artículo de hoy. Hasta el próximo, querido ateo.
(“Folha de S. Paulo”, 31 de agosto de 1980) Notas.-
1. “Con el cual o sin el cual, el mundo va tal cual”. 2. Órgano directivo y de gobierno del Partido Comunista en la antigua Unión Soviética.
Publicado por El Cruzado de la versión original del Prof. Plinio Correa de Oliveira, en la Folha de SP. Las negritas y fotos son de la edición de este sitio web y fueron sacadas de internet.
Enviado por jzamora el Mié, 01/07/2009 - 01:09.
Conferencia privada dada por el profesor Plinio Correa de Oliveira, año 89. Publicado originalmente en Site da Sacralidad http://www.sacralidade.com/
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PLINIO CORREA DE OLIVEIRA
¿Qué ocurrirá con los que piensan como nosotros? No tengo la menor duda de que será: ¡el martirio!
No tengan duda: no será el martirio como en los tiempos en que venían los leones, mientras el César dormitaba en un trono, adulado por tipos infames. Sonaban las trompetas, se abrían las jaulas, los tigres se lanzaban sobre las madres de familia, las vírgenes consagradas a Dios, los sacerdotes… sobre los que dejaron la coraza del Imperio para servir a la Iglesia Católica. No será nada de eso.
Será el martirio del alma que vive no-anestesiada en un mundo anestesiado. Incomprendidos por todo el mundo. Cercados por una atonía general. Que será de la siguiente manera: si nosotros hablamos, nos aplastan. Pero si para perdurar, nosotros no hablamos, perderemos la noción de nuestra propia razón de ser, a nuestros propios ojos.
De tal manera que aquellos de nosotros que hablaren, serán martirizados. Aquellos que no hablaren, envejecerán en la in-expresión, sin comprender para qué viven. Porque viven en un cementerio de almas, viven la vida de los muertos.
Y la Iglesia, en una indefinición tal, que nosotros no sabremos ya donde está Ella. Nosotros creeremos que Ella existe, porque Nuestro Señor declaró que Ella no dejará de existir. ¡Será el caos completo!
Enviado por jzamora el Jue, 01/01/2009 - 19:53.
EL CRUZADO publica este excelente artículo de Plinio Correa de Oliveira sobre el nacimiento de Nuestro Señor cuando quedan pocos días para navidad
Plinio Corrêa de Oliveira (*)
El nacimiento del Salvador constituye en sí mismo una honra de infinito valor para el género humano.
El Verbo de Dios podría haber unido a Sí hipostáticamente a alguno de los ángeles más santos y resplandecientes de las alturas celestiales. Por el contrario, prefirió ser hombre, hacerse carne, pertenecer por su humanidad a la descendencia de Adán. Don absolutamente gratuito, ennoblecimiento, para nosotros, de un valor inefable, punto de partida histórico, para nosotros, de otros dones, también insondables.
Así, en la previsión de que se encarnaría el Verbo, la Providencia creó un ser que contenía en sí perfecciones mayores que todas las del universo, y para él suspendió la sucesión hereditaria del pecado original. De los méritos previstos de la Redención, se alimentaba la virtud de todos los justos de la Antigua Ley. Pero esa multitud de elegidos estaba sentada "a las puertas de la muerte" (Sl.106, 18), a la espera de que se inmolase por todos nosotros el Cordero de Dios.
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Enviado por mmontt el Jue, 12/18/2008 - 10:01.
Publicado por La Denuncia Profética http://denunciaprofetica.blogspot.com/

En los momentos críticos a través de la historia encontramos que la Divina Providencia suscita hombres para cerrar una era y abrir otra. Esto es lo que propiamente define al gran guerrero católico, el Cruzado del siglo XX, Plinio Corrêa de Oliveira.
Enviado por mmontt el Dom, 12/14/2008 - 23:41.
Intercambio de opiniones entre el obispo Castro Mayer y el Profesor Corrêa de Oliveira
Publicado originalmente en el sitio colaborador www.traditioninaction.org
El 20 de agosto de 1980, el difunto Obispo Antonio de Castro Mayer dio una conferencia en São Paulo, Brasil, a un auditorio de miembros de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) acerca de su posición sobre la Nueva Misa y del Consejo Vaticano II. El Sr Atila Guimarães, como secretario de estudios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, realizó la transcripción de la conferencia y ha seleccionado algunas partes de un intercambio de preguntas y respuestas de la conversación entre obispo y el Profesor Plinio al final de la conferencia que reproducimos aquí.

Mons. Mayer
Obispo Mayer - Esta cuestión de decir que uno debe aceptar el Concilio interpretado a la luz de la Tradición es difícil de justificar. Si el Concilio no tiene nada de malo, entonces se debe interpretar de acuerdo a la tradición, sin embargo, si tiene algo errado, entonces no podemos aceptarlo a la luz de la tradición. Nadie puede decir que el negro es blanco en la luz de la Tradición. Esto es inaceptable. Esto no es una interpretación seria.
Prof. Plinio - ¿Cuáles son los puntos inaceptables del Concilio, Su Excelencia?
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Profesor Plinio
Obispo Mayer - Para dar una respuesta precisa, tendría que examinar la totalidad del Concilio, que nunca he hecho. Sin embargo, un punto que es inaceptable es la declaración sobre la libertad religiosa [Dignitatis humanae]. En otros puntos sería necesario hacer una selección, porque el Concilio tiene muchas cosas buenas, pero también muchas cosas peligrosas e inaceptables. Estudié y voté en contra de su declaración sobre la libertad religiosa, y después le envié una carta a Pablo VI diciéndole que no podía aceptarlo.
Enviado por mmontt el Vie, 12/12/2008 - 20:14.
En materia de tolerancia, tal vez más que en cualquier otra, la confusión reina tan completamente que parece indispensable esclarecer el alcance de los términos, antes de abordar el mérito de la cuestión. ¿Qué es precisamente la tolerancia?
Imagínese la situación de un hombre que tiene dos hijos, uno de principios sanos y voluntad fuerte, y otro de principios indecisos y voluntad vacilante. Aparece, de paso por el lugar en que la familia reside, un profesor que dará un curso de vacaciones extraordinariamente útil a ambos. El padre desea que sus hijos sigan el curso, pero ve que esto implicará privarlos de varios paseos a los cuales ambos están muy apegados.
Pasados los pros y contras, fija su juicio sobre el asunto: más conviene a sus hijos renunciar a algunas distracciones, por lo demás muy legítimas, que perder una ocasión rara de desarrollarse intelectualmente.

Manifestada la deliberación a los interesados, la actitud de éstos es variada. El primero, después de un momento de duda, accede a la voluntad paterna. El otro se lamenta, implora, suplica a su padre que cambie su resolución; da muestras tales de irritación, que un grave movimiento de rebelión de su parte es de temer.
Ante esto, el padre mantiene su decisión con relación al hijo bueno. Pero, considerando lo que le cuesta al hijo mediocre el esfuerzo de la rutina escolar; previendo las muchas ocasiones de tensión que en la vida diaria surgen en las relaciones entre ambos, para la eventual salvaguardia de principios morales impostergables, juzga mejor no insistir. Y conveniente en que el hijo no haga el curso.
Actuando así con el hijo mediocre y tibio, el padre le dio una autorización a disgusto. Un permiso que no es de modo alguno una aprobación. Un permiso que le fue casi arrancado. Para evitar un mal (la tensión con el hijo), consintió en un bien menor (las excursiones de vacaciones), y desistió de un bien mayor (el curso). A este tipo de consentimiento dado sin aprobación, y aún con censura, se le llama tolerancia.
Claro está que, a veces, la tolerancia es el consentimiento no sólo en un bien menor para evitar un mal, sino en un mal menor para evitar uno mayor. Sería el caso de un padre que, teniendo un hijo que contrajo varios vicios graves y puesto ante la imposibilidad de hacerlos cesar todos, forma el propósito de combatirlos sucesivamente. Así mientras procura obstar a un vicio, cierra los ojos a todos los demás. Este cerrar de ojos, que es un consentimiento dado con profundo disgusto, busca evitar un mal mayor, es decir, que la enmienda moral del hijo se torne imposible. Se trata característicamente de una actitud de tolerancia. Como acabamos de ver, la tolerancia sólo puede ser practicada en situaciones anormales. Si no hubiese malos hijos, por ejemplo, no habría necesidad de tolerancia de parte de los padres.
Así, en una familia, cuanto más los miembros fueren forzados a practicar la tolerancia entre sí, tanto más la situación será anómala.
Siéntese mucho la realidad de lo que aquí está dicho, considerando el caso de una Orden Religiosa o de un ejército en que los jefes o superiores tengan que usar habitualmente una tolerancia sin límites con sus subordinados. Tal ejército no está apto para ganar batallas. Tal Orden no está caminando hacia las altas y rudas cimas de la perfección cristiana.
En otros términos, la tolerancia puede ser una virtud. Pero es virtud característica de las situaciones anormales, inestables, difíciles. Ella es, por así decir, la cruz de cada día del católico fervoroso, en las épocas de desolación, de decadencia espiritual y de ruina de la Civilización Cristiana. Por esto mismo se comprende que sea tan necesaria en un siglo de catástrofe, como el nuestro. En todo momento, el católico se encuentra en nuestros días en la contingencia de tolerar algo en el tranvía, en el autobús, en la calle, en los lugares en que trabaja, en las casas que visita, en los hoteles en que veranea: encuentra en todo momento abusos que le provocan un grito interior de indignación. Grito que es a veces obligado a silenciar para evitar un mal mayor. Grito que, entretanto, en ocasiones normales sería un deber de honra y coherencia el manifestarlo.
De paso es curioso observar la contradicción en que caen los adoradores de este siglo. Por un lado, elevan enfáticamente a las nubes sus cualidades, y silencian o subestiman sus defectos. Por otro, no cesan de apostrofar a los católicos intolerantes, suplicando tolerancia, bramando por tolerancia, exigiendo tolerancia, a favor del siglo. Y no se cansan de afirmar que esa tolerancia debe ser constante, omnímoda y extrema. No se comprende cómo no perciben la contradicción en que caen: sólo hay tolerancia en la anomalía y, proclamar la necesidad de mucha tolerancia, es afirmar la existencia de mucha anomalía.
De cualquier manera, griegos y troyanos concuerdan en reconocer que la tolerancia en nuestra época es muy necesaria. Así, es fácil percibir cuánto yerra el lenguaje corriente a respecto de la tolerancia. En efecto, habitualmente se presta a este vocablo un sentido elogioso. Cuando se dice que alguien es tolerante, esta afirmación viene acompañada de una serie de alabanzas implícitas o explícitas: alma grande, gran corazón, espíritu amplio, generoso, comprensivo, naturalmente propenso a la simpatía, a la cordura, a la benevolencia. Y, como es lógico, el calificativo de intolerante también trae consigo una secuela de censuras más o menos explícitas: espíritu estrecho, temperamento bilioso, malévolo, espontáneamente inclinado a desconfiar, a odiar, a resentirse y a vengarse.
En realidad, nada es más unilateral. Pues, si hay casos en que la tolerancia es un bien, otros hay en que es un mal. Y puede llegar a ser un crimen. Así, nadie merece encomio por el hecho de ser sistemáticamente tolerante o intolerante, si no por ser una u otra cosa de acuerdo a lo que exijan las circunstancias. (Continuará)
Catolicismo n° 75, marzo 1957
Enviado por mmontt el Vie, 11/21/2008 - 11:42.
Quedan días para que se celebre el feriado protestante, el 31 de octubre. Chile, país católico, hará honor a la fecha en que el hereje Lutero publicara sus tesis en las puertas de una iglesia.
En el diario La Folha de Sao Paulo, el Profesor Plinio Correa de Oliveira, publicó un artículo famoso al respecto de las blasfemias de Lutero y la posición ambigua de la Iglesia Católica a su respecto. Lo publicamos ahora porque encontramos en esta nota una visión aguda y una posición católica, fiel al Magisterio Tradicional de la Iglesia y al Papado.
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Lutero: no y no
Fohla de Sao Paulo - 27/12/83 (la traducción es nuestra)
" Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: " ¿Qué hizo, después, con ella?". Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir "
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Tuve el honor de ser, en 1974, el primer signatario dentro de un manifiesto publicado en los principales diarios de Brasil y reproducidos en casi todas las naciones en donde existían entonces once TFPs. Su título: "La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas. Para la TFP: ¿abstenerse? ¿O resistir?"
En él, las entidades declaraban su respetuoso desacuerdo de cara a "Ostpolitik” conducido por Pablo VI y expugnaban pormenorizadamente sus razones para ello. Todo, dicho de paso, expresado de manera tan ortodoxa que nadie suscitó a propósito cualquier objeción.
Para resumir en una frase, al mismo tiempo toda su veneración al Papado y la firmeza con la cual declaraban su resistencia a la "Ostpolitik Vaticana", la TFPs dijeron al Pontífice: "Nuestra alma es suya, nuestra vida es suya. Pídanos lo qué desee. Solamente no nos pida que crucemos los brazos ante el lobo rojo que embiste. A esto nuestra conciencia se opone".
Recordé esta frase con especial tristeza, leyendo una carta escrita por JPII al cardenal de Willebrands (Osservatore Romano 6-11-83), a propósito del quingentésimo aniversario del nacimiento de Martín Lutero, y firmada en el día 31 de octubre p.p., fecha del primer acto de la rebelión de la herejía, en la iglesia del castillo de Wittenberg. Está ella marcada de tanta benevolencia y amenidad, de que me pregunté si el destinatario se olvida de las blasfemias terribles que los apóstatas lanzaran contra Dios, Cristo Jesús Hijo de Dios, o el Santísimo Sacramento, la Virgen María o el propio Papado.
Lo cierto es que él no las ignora, pues están al alcance de cualquier católico culto, en libros del buen quilate, que todavía no son hoy difíciles de conseguir.

Tengo en la mente dos de ellos. Uno, nacional uno, es "La iglesia, la Reforma y la Civilización ", del gran jesuita Pe. Leonel Franca. Sobre el libro y el autor, el silencio eclesiástico oficial va a bajar el polvo. El otro libro de los más conocidos historiadores franceses de este siglo, de Funk-Brentano, miembro del instituto de Francia, y a propósito se sospecha protestante.
Comencemos por citar los textos de la obra de este último: "Lutero " (Grasset, París, 1934, 7ª ed., 352 pp). Vamos directamente a esta blasfemia sin nombre: " Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: " ¿Qué hizo, después, con ella?". Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir " (Propos de table ", del nº 1472, del ed. de Weimar 2107 - cfr. op. cit.pag 235).
Leído esto, no nos sorprende que Lutero piense - como señala Funck-Brentano - que "ciertamente Dios es grande y poderoso, bueno y misericordioso (...) y estúpido. "Deus est stultissimus". Es un tirano. Moisés actuaba movido para su voluntad, como su lugarteniente, como verdugo que nadie sobrepasara o incluso igualara en asustar, espantar y martirizar a las personas del pobre mundo". (op. cit. pag 30).
Está escrito en tal coherencia con esta otra blasfemia, que la cara del Dios verdadero responsable de la traición de Judas y la rebelión de Adán: " Lutero - comenta Funck-Brentano - llega para declarar que Judas, cuando traen a Cristo, actuaba bajo decisión imperiosa del Todopoderoso. Su voluntad (de Judas) fue dirigida para Dios; Dios movido con su omnipotencia. Adán apropiado, en el paraíso terrestre, era movido a actuar como lo hizo. De tal modo fue colocado por Dios en una situación que era imposible no caer ". (op. cit. 246)
Coherente en esta secuencia abominable, un folleto de Lutero titulado "Contra el pontificado romano establecido por el diablo", de 1545, llamaba al papa, " Santísimo", según costumbre, pero "infernalísimo", y agregaba que el Papado se reveló siempre sediento de sangre.
No asusta que, movido por tales ideales, Lutero escribió a Melanchton, a propósito de las persecuciones sangrientas de Enrique VIII contra los católicos en Inglaterra: "Es lícito encolerizarse cuando se sabe que esta especie de traidores, ladrones y asesinos son papas, son cardenales y legados. Prubese a Dios que varios reyes de Inglaterra se empeñarán en acabar con ellos" (op. cit. p. 254)
Por eso mismo exclamó el también: "¡Basta de palabras: el hierro! ¡El fuego!" y agrega: "Castigamos a los ladrones con la espada, porqué no agarrar al papa, a los cardenales y a toda la cuadrilla de la Sodoma romana y lavar las manos en su sangre " (op.cit.p.104).
Este odio de Lutero lo acompañó hasta el final de su vida. Afirma Funck-Brentano: "Su ultimo sermón público, en Wittenberg el 17 de enero de 1546: fue el último grito de maldición contra el Papa, el sacrificio de la misa, y el culto a la Virgen" (op.cit. p. 340)
No asusta que los grandes perseguidores de la Iglesia hayan festejado la memoria de él. Así "Hitler ordeno proclamar fiesta nacional en Alemania la fecha conmemorativa del 31 de octubre de 1517, cuando el rebelde agustino colocó en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg las 95 famosas proposiciones contra la supremacía y las doctrinas pontificias" (op. cit. p. 272).
Con rencor de todo el ateísmo oficial del régimen comunista, el Dr. Erich Honnecker, presidente del consejo del estado y del consejo de la defensa, el primer hombre de la República Democrática Alemana, aceptó a la jefa del comité que, en plena Alemania comunista, organizara las conmemoraciones de Lutero en este año (cf. "German Comments", de Osnabrück, de Alemania Occidental, abril de 1983).
Que el religioso apóstata haya despertado tales sentimientos en líder nazista, como más recientemente en un líder comunista, no puede ser más natural.
Nada más desconcertante y vertiginoso, que lo ocurrido en la reciente conmemoración del quingentésimo aniversario del nacimiento de Lutero en un escuálido templo protestante de Roma, en el día 11 del presente.
De este acto festivo, de amor y admiración a la memoria del hereje, participó el prelado que el cónclave de 1978 eligió Papa. ¡Y al cual cabría, por lo tanto, la misión de defender, contra herejías y herejes, los nombres de los santos de Dios y Cristo Jesús, la Santa Misa, la Sagrada Eucaristía y el Papado!
“Vertiginoso, sorprendido" - gimió, a tal propósito, mi corazón de católico. Eso que, sin embargo, con esto redobló la fe y veneración por el Papado.
Enviado por jzamora el Sáb, 10/25/2008 - 23:39.
El Cruzado trajo a la memoria este famoso artículo del Prof. Plinio Correa de Oliveira sobre la estrategia apostólica de SS. Pio IX. En la fiesta de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, el artículo toma una relevancia mayor.
Adicional importancia tiene hoy este artículo, ya que hoy el diálogo simpático y entreguista con los enemigos de la Iglesia, toma gran relevancia en la estrategia apostólica moderna. Especialmente, nos referimos a la estrategia apostólica del Cardenal Errázuriz: "amistad cívica" con los partidos de extrema izquierda. ¡Qué diferencia más abismante con la estrategia apostólica de un verdadero Santo.
"Yerran los que condenan las manifestaciones vigorosas de la Fe, y que juzgan imprudente y contraproducente cualquier gesto de energía y de vigor combatido, de los hijos de la Luz contra los hijos de las tinieblas."
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Enviado por mmontt el Mar, 09/30/2008 - 00:18.
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