“Dios quiere ser alabado en toda la escala de los seres creados por Él, desde el pavo real hasta la hormiga, que vive en el seno de la tierra, en una especie de catacumba, en la obscuridad completa.”
Plinio Correa de Oliveira

Verdades Olvidadas

Cuando la misericordia es un peligro ...

En un país con una mentalidad saturada con el liberalismo y el protestantismo como el nuestro, es bastante común escuchar a los católicos decir que Dios siempre perdona al pecador, sin importar el pecado cometido y lo mucho que pecó. He aquí algunas consideraciones de San Alfonso de Ligorio que están dirigidos a dar algunos elementos de reflexión para nuestros católicos liberales de América - o para nosotros mismos en la medida en que compartimos esa mentalidad.

San Alfonso María de Ligorio

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San Agustín dice que el diablo seduce a los hombres de dos maneras: a través de la desesperación y de la esperanza. Después de que el pecador comete su culpa, le arrastra a la desesperación por el temor de la justicia divina, pero, antes de pecar, le alienta a caer en la tentación por la esperanza de la misericordia divina. Por esta razón el Santo nos advierte, diciendo: "Después de pecar, no pierdas la esperanza en la misericordia divina; antes de pecar, teme a la justicia divina."

Esto es porque el que se aprovecha de la misericordia divina para ofender a Dios no se lo merece. La misericordia existe para los que temen a Dios, y no para los que pecan sin temor a él. "El que ofende la justicia puede recurrir a la misericordia", dice el Abulensis, "pero a quien debe el que ofende a la misericordia recurrir?"

Ni la caridad ni el martirio pueden ganar la salvación para un no católico

La herejía de la salvación universal nunca había sido tan difundida y profundamente predicada y creída como lo es en nuestros tiempos. Por lo tanto, parece oportuno recordar a nuestros lectores el texto de la Bula Cantate Domino  por el Papa Eugenio IV (04 de febrero 1442), confirmada por el Concilio de Florencia. Afirma claramente que ni las obras de caridad, ni siquiera el martirio de los no católicos son de algún provecho para su salvación. Si no entran a pertenecer a la Iglesia Católica, van a ir al infierno.

Papa Eugenio IV

"Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse participe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana.

Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica."

 (Papa Eugenio IV, Cantate Domino, Denzinger n. 714) 
 

El amor a los pecadores

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El sentimentalismo y el progresismo católico de tal manera nos han deformado la noción de caridad, que somos propensos a amar más a las personas porque nos tratan o caen bien, porque nos son útiles, porque nos parecen atractivas, porque estamos muy habituados a su compañía, porque somos parientes, etc., que por las verdaderas razones por la cual se debe amar al prójimo. Por todo esto, creemos fundamental exponer brevemente la doctrina católica referente al tema del amor al pecador ya que nos dice que no se debe amar de igual manera al justo que al pecador.

Por ejemplo, un maestro debe preferir a los alumnos disciplinados, estudiosos, piadosos, a los que, no teniendo estas cualidades, sean sin embargo, eximios en caer bien y divertir a los profesores. Un padre debe preferir a un hijo bueno, aunque sea más feo o menos inteligente que a un hijo brillante, pero impío o de vida impura. Lo mismo en lo referente a la amistad: no podemos dar a alguien el tesoro de nuestra amistad sin saber si tal persona es o no, enemiga de Dios: el hombre que vive en pecado grave es enemigo de Dios, y si amamos a Dios sobre todas las cosas, no podemos amar indiferentemente a los que Lo aman y a los que Lo ofenden. ¿Qué diríamos de un hijo que fuese amigo de personas que injurian gravemente, injustamente, públicamente a su padre? Pues es eso lo que hacemos cuando admitimos en nuestra amistad a los apóstatas, fautores de herejía, gente de conducta escandalosa, etc. Entonces, ¿cómo debemos amar a los pecadores?

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Verdad Olvidada: no hay más que una sola religión buena

Es muy común escuchar la siguiente pregunta: ¿Pueden existir varias religiones buenas?

La doctrina católica responde que No. He aquí la razón:

No, no pueden existir varias religiones buenas; pues no puede haber sino una sola religión verdadera. Así como no hay más que un solo Dios, no hay más que una sola verdadera manera de honrarle; y esta religión obliga a todos los hombres que la conocen.

1° Una religión, para ser buena, debe agradar a Dios. Pero como Dios es la verdad, y una religión falsa no podría agradarle, no puede aprobar una religión fundada sobre la mentira y el error.

2° No puede existir más que una sola religión verdadera, pues la religión es el conjunto de nuestros deberes para con Dios, y estos deberes son los mismos para todos los hombres. Y, a la verdad, estos deberes nacen de las relaciones existentes entre la naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre. Pero como la naturaleza de Dios es una, y la naturaleza humana es la misma en todos los hombres, es evidente que los deberes tienen que ser los mismos para todos. Por consiguiente, la verdadera religión es una y no puede ser múltiple. Las formas sensibles del culto pueden variar; la esencia del culto, no.

3° Toda religión comprende tres cosas: dogmas que creer, una moral que practicar y un culto que rendir a Dios. Si dos religiones son igualmente verdaderas, deberían tener el mismo dogma, la misma moral, el mismo culto; y entonces ya no serían distintas.

Si son distintas, no pueden serlo sino por enseñar doctrinas diferentes acerca de una de estas materias y, en este caso, ya no son igualmente verdaderas. Por ejemplo, a esta pregunta: ¿Jesucristo es Dios? – Sí, dice un católico; – puede ser, dice un protestante racionalista: – no, contesta un judío; – es un profeta como Mahoma, añade un turco... Estos cuatro hombres no pueden tener razón a la vez; evidentemente uno sólo dice la verdad. Luego las religiones que admiten, aunque sólo sea una sola verdad dogmática diferente, no pueden ser igualmente verdaderas.

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El ecumenismo de la pastoral moderna sólo confunde y aleja a los verdaderos católicos de la Fe

Lo que decimos del dogma, hay que afirmarlo también de la moral: no hay más que una sola moral, puesto que ha de fundarse en la misma naturaleza de Dios y del hombre, que no se mudan. Lo mismo debe decirse del culto, por lo menos en cuanto a sus prácticas esenciales.

¿Cómo puede el mundo odiar a Aquel que pasó haciendo el bien?

Artículo publicado en la página La Denuncia Profética

Plinio Correa de Oliveira

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 La foto reproduce un cuadro de Lucas Cranach, el viejo ( Siglo XVI ), conservada en el Museo de Gand: “La coronación de espinas”. En torno del Divino Redentor, maniatado y revestido de una púrpura de irrisión, se agrupan cinco figuras. En el primer plano, un hombre le extiende una vara a manera de cetro y, al mismo tiempo, en un saludo caricaturesco levanta el gorro y le saca la lengua. Al lado, otro alarga la boca en actitud de escarnio. Los demás, al fondo, se empeñan en fijar en la cabeza adorable del Salvador, a manera de corona, un inmenso gorro de espinas. En el centro, el Hijo de Dios, da muestras de dolor físico, más sobre todo, de intenso sufrimiento moral, que supera el tormento corporal, y absorbe enteramente a la Víctima divina. Se diría que Nuestro Señor sufre con el rencor de estos miserables verdugos. Sin embargo, ese odio no es sino una pisca de un inmenso océano de rencor que se entiende, por así decir, más allá, hasta los confines del horizonte. Y es por ese océano que la mirada de Jesús se prolonga en dolorosa meditación.

El cuadro de Lucas Cranach focaliza un aspecto importantísimo de la Pasión: el contraste entre la santidad infinita y el amor inefable del Redentor, con la bajeza insondable y el implacable odio de los que lo mataron. En él se patentiza la oposición irreductible entre la Luz – “erat lux vera” (Juan, 1, 9) – y los hijos de las tinieblas, entre la Verdad y el error, el Orden y el desorden, el Bien y el mal.
“Popule meus, quid feci tibi? Aut in quo contristavi te?” – “Oh pueblo mío, ¿qué mal te hice Yo, en qué te he contristado?” – Estas palabras, que la liturgia de Viernes Santo pone en los labios de Nuestro Señor, están bien en el centro del tema que acabamos de enunciar.

Que un hombre odie a quien le hace mal puede ser censurable, pero no es incomprensible. Sin embargo, ¿cómo puede un hombre odiar a quien le hace el bien?

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Ni la caridad ni el “martirio” pueden salvar a los no católicos

La herejía de la salvación universal nunca ha sido tan ampliamente y insistentemente predicada y creída como en los tiempos actuales. Por lo tanto, es oportuno recordar el texto de la Bula Cantate Domino del Papa Eugenio IV (del 4 de febrero de 1442), confirmada por el Concilio de Florencia. Claramente afirma que ni las obras de caridad ni siquiera el martirio de los no-católicos son útiles para su salvación. Si ellos no entran en la Iglesia Católica, van para el infierno. 
 
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 Concilio de Florencia
“La Santa Iglesia Romana, firmemente cree, confiesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles [Mat. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica.” (Papa Eugenio IV, Cantate Domino, Denz. n. 714)
 

Llamar a las cosas por su nombre

El Cruzado publica el siguiente artículo de la página Católica La Denuncia Profética.

 La Herejía consiste en negar uno o más principios de un sistema de creencias, dejando intocados los demás que la componen. Es entonces una negación parcial, nunca total de la verdad, cuya gran peligrosidad radica justamente en este hecho, en la parte de verdad que se lleva cautiva.

por Benjamín Benavídez

Polemizando con un amigo acerca del dogma “Fuera de la Iglesia no hay Salvación ni perdón de los pecados”, según se define en la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII (18/11/1302), llegamos a considerar cuál sería la situación de los protestantes actuales frente a este dogma y otras definiciones del Magisterio, como por ejemplo la del Concilio de Florencia o la Encíclica Mirari Vos de Gregorio XVI (15/08/1832).

Mi interlocutor insistía en poner a los protestantes (hermanos separados) en el camino de la salvación exceptuándolos de aquellas definiciones magisteriales. Me di cuenta entonces de la importancia que tiene llamar a las cosas por su nombre. Puesto que, de seguir llamando herejía al protestantismo y hereje a quien adhiera a su doctrina, como siempre designó la Iglesia, ninguna discusión habría tenido lugar y mi amigo no se hubiera confundido, pues las formulas dogmáticas los incluyen claramente.
Dice la definición dogmática del Concilio de Florencia - Decreto Cantate Domino del 4 de Febrero de 1442 (D-714):

"La Santa Iglesia romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica".

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Concilio de Florencia

Por eso decía San Ignacio de Loyola en carta a San Pedro Canicio (13/08/1554):

"Quien llamara evangélicos a los herejes, convendría que pagase alguna multa, porque no se goce el Demonio de que los enemigos del Evangelio y cruz de Cristo tomen un nombre contrario a sus obras; y a los herejes se los ha de llamar por su nombre, para que dé horror hasta nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud".

Y esto decimos, no con la intención de lastimar a nadie sino porque sólo la Verdad nos hará libres, y más vale un remedio aplicado a tiempo que cien lamentaciones cuando ya no hay cura. El respeto humano mal entendido, no es caridad.

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San Ignacio de Loyola

¿Se ha opuesto la Iglesia al progreso científico? ¿Y fue Galileo un mártir de la ciencia?

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PARTE III

1. La Iglesia, lejos de oponerse al progreso de la ciencia, ha estimulado siempre la actividad intelectual; prestando su valido apoyo a la filosofía, a las bellas letras, a las ciencias y a las artes. Ya hemos probado cuanta verdad sea esto, y lo demostraremos más todavía en el cap. V, art.  III.

¿Hasta Cuándo con Galileo?

El Proceso de Galileo

SEGUNDA PARTE

ADVERTENCIAS.-

l. Si se quiere juzgar rectamente de la condenación de Galileo, preciso es, de toda necesidad, colocarse en el punto de vista de sus contemporáneos. Aristóteles, los astrónomos griegos, y más tarde Santo Tomás, todos los sabios de la Edad Media, Copérnico y los jueces de Galileo, establecían una distinción muy importante entre la hipótesis astronómica y la hipótesis física o filosófica.

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Nicolás Copérnico

A cargo de los astrónomos estaba explicar los movimientos celestes aparentes, por medio de hipótesis capaces de abarcar todos los detalles, sin inútiles complicaciones. Uno de estos modos de exposición, por ellos desde el principio adoptado, llegó a ser reconocido como insuficiente para explicar dichos movimientos, y desde entonces el astrónomo no dudó en abandonarlo para ensayar otro mejor.  En todo caso, el tal no pretendía pronunciarse en modo alguno sobre la realidad de las cosas.  De muy distinta manera procedían los físicos.
Estos sostienen sus sistemas, no como simples puntos de vista teóricos, sino como correspondientes a una realidad objetiva.
Se comprende, por lo dicho, por qué las Congregaciones romanas no se preocupaban de las hipótesis astronómicas, sino más bien de las afirmaciones de los físicos, cuando pensaban que sus sistemas no podían conciliarse con la Escritura. Por esto vemos que la hipótesis astronómica de Aristarco de Samos (siglo III antes de J. C.) que ya hacía mover la tierra alrededor del Sol, fue enseñada durante mucho tiempo sin que para nada se metiera en ello la Iglesia. 

¿Hasta Cuándo con Galileo?

Como es habitual, a la Santa Iglesia Católica se le achacan, sin razón, diversos males. Lejos de aceptar su infalibilidad y santidad, los liberales de siempre hacen uso de una creatividad asombrosa para responsabilizar a la Iglesia Católica por toda clase de males. Creatividad insipirada, por cierto, por el maestro del liberalismo, el demonio.

Qué dolor y que sana indignación para los católicos auténticos al ver que en este grupo de enemigos se encuentran tantos pastores y autoridades eclesiásticas. ¡Cuántos progresistas "católicos" se hacen eco de esos pedidos de perdón que inculpan injustamente a la Iglesia Católica! 

EL CRUZADO publica este artículo extraído del Curso de Apologética, del Rvo. P. Devivier.

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Proceso de Galileo (1)

PRIMERA PARTE

A. NOTICIA HISTORICA.-Galileo (1564-1642), sabio astrónomo y filósofo distinguido, nació en Pisa, aunque por su vida pertenece especialmente a Florencia.

 

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Galileo

En el principio del siglo XVII, adoptó la opinión del canónigo Copérnico (1473-1543), que sostenía la inmovilidad del sol y la rotación de la Tierra.  Solamente que, mientras Copérnico había podido enseñar esta teoría sin que nadie le opusiera reparo alguno, Galileo se vio sorprendido, el 24 de Febrero de 1616, por una censura de los teólogos (no de los cardenales) del Santo Oficio, en la cual se condenaban dos proposiciones relativas al movimiento de la Tierra, la una como formalmente herética, la otra como errónea a lo menos en la fe (ad minus in fide erroneam).

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Copernico

Al día siguiente, jueves 25 de Febrero, notificó el cardenal Millino al asesor y al comisario del Santo Oficio una decisión del Papa en la que ordenaba al cardenal Belararmino que hiciera comparecer ante sí a Galileo, para prohibirle que, en adelante, enseñara el movimiento de la Tierra.

Hasta aquí no hay lugar a discusión, pues no se encuentra palabra alguna de Paulo V que califique la doctrina del movimiento de la Tierra; por lo demás, no conviene olvidar que aquí se trata de un documento secreto y que nada tiene de común con una decisión ex cathedra dirigida a toda la Iglesia. (V. p. 136).
El jueves, 3 de Marzo de 1616, en sesión del Santo Oficio presidida por el Papa en persona, ordenó Paulo V al Maestro del Sacro Palacio publicar un edicto promulgando la condenación de los escritos de Copérnico por la Congregación del Índice. (2).

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SS. Pablo V

El 5 de Marzo de 1616, publicó la Congregación del Índice la condenación del sistema de Copérnico. Galileo continuó viviendo en reposo, en su casa de campo de Florencia, entregado a sus trabajos y gozando de la amistad y deferencias de Urbano VII. Entonces fue cuando, quebrantando las solemnes promesas que había hecho, publicó su Diálogo sobre los dos más grandes sistemas del mundo (el de Ptlolomeo y el de Copérnico). La obra fue denunciada a la Inquisición y, en una sesión del Santo Oficio, presidida por el Sumo Pontífice, Galileo fue condenado a retractarse de lo que llamaban sus errores, y a no tratar más, en lo sucesivo, la cuestión de la movilidad de la Tierra y de estabilidad del Sol; en cuanto a la nueva obra, fue igualmente condenada.
Como hijo obediente de la Iglesia, se sometió el astrónomo florentino, y el miércoles siguiente, 22 de junio de 1633, abjuró sus opiniones ante el Santo Oficio. Algunos años después (1642), murió con los sentimientos de la más acendrada piedad.

SOCIEDAD ENTRE HOMBRES Y DEMONIOS

Beato Francisco Palau y Quer
(1811 - 1872)

 

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El combate se ha trasladado a otro terreno
¿Quiénes serán estos nuevos, y últimos apóstoles, que se presentarán a la lucha, cómo, y donde, en qué época aparecerán, en qué forma y con qué armas lidiarán y vencerán? Esto es un secreto, que será revelado y no tardará, con signos horrendos en el cielo, y sobre la tierra. Belzebuth va a ser arrojado a los abismos con sus ángeles ¡ay de este día!
Hemos cesado, hemos desistido, cesamos, y desistimos de batallar con los demonios que poseen cuerpos humanos: el combate se ha trasladado a otro terreno. (...) los demonios poseedores oponían una resistencia feroz al poder eclesiástico; que por esta causa los energúmenos y maleficiados no quedaban curados radicalmente; y que por esta misma razón los exorcismos y el Exorcistado no da aquellos efectos que le son tan propios y naturales según su institución, cuales son la expulsión de los espíritus malos, y la curación de sus enfermedades; buscando como era muy natural la causa de esta resistencia obstinada, reconocemos ser que les sostienen desde los aires los príncipes y las potestades con su rey Belzebuth, que se presenta armado con una orden de hombres, que tienen alianza con él, y a semejanza de una red misteriosa se extienden sobre toda la tierra, teniendo sus centros, sus escuelas, sus maestros en todas las capitales del mundo; y su obra está autorizada y sostenida por las leyes del libre culto, y por autoridades paganas, que se presentan bajo la forma de católicos unas y otras enemigas declaradas del catolicismo.
La lucha se ha trasladado por consiguiente a otro terreno, esto es, contra estos espíritus de maldad, que bajo mil formas envenenan los aires, producen peste, el cólera, el tifus, fiebres extrañas arman un pueblo contra otro pueblo, una nación contra otra, inventando máquinas de muerte contra el hombre, siempre nuevas, presiden las asambleas, y todas las reuniones políticas y religiosas que tienen por objeto la destrucción del catolicismo, y sostienen en sus tronos reyes y gobiernos antisociales, desbaratando todos los planes concebidos por verdaderos católicos para salvar con la Iglesia la sociedad humana.
Estos ángeles perversos han elevado en poder al hombre malo, y ligados con estos inicuos nos hacen la guerra, les introducen, ya en figura, ya en persona en las habitaciones durante la noche, trasladándoles como hicieron con Jesús por los aires, y por ellos y con ellos envenenan, malefician, lujurian, matan...
Esta horrenda lucha es un secreto, y por serlo poca cosa diremos mas esperando, que el cielo confunda con signos la incredulidad de los católicos malos, que niegan la existencia de esta sociedad, entre demonios y hombres, que ahora está velada bajo las cortinas del misterio; donde se urde la negra conspiración que contra la sociedad entera se consuma en el mundo oficial, siendo víctima de ella el pueblo en masa, el verdadero pueblo, la gente de arte y trabajo.

"El Ermitaño”, Año IV, n º 121, 2 de Marzo de 1871

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Cuando el pastor se transforma en lobo, el rebaño debe en primer lugar defenderse

DOM GUERANGER O.S.B.

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“Cuando el pastor se transforma en lobo, el rebaño debe en primer lugar defenderse...en el tesoro de la Revelación, hay puntos esenciales respecto a los cuales todos los cristianos, en virtud de su propio título de cristianos, tienen el conocimiento necesario y la obligada custodia...Los verdaderos fieles son los hombres que encuentran en su propio bautismo, en tales circunstancias, la inspiración para saber cómo comportarse; no así los pusilánimes que bajo el pretexto aparente de sumisión a los poderes establecidos, esperan para hacer huir al enemigo o para oponerse a sus ataques, un programa que no es necesario ni siquiera se les debe dar” (El año litúrgico, fiesta de San Cirilo de Jerusalén,).

¿Cómo debe actuar un católico frente a un mal Papa?

Por Plinio Corrêa de Oliveira
Publicado originalmente en Tradition in Action

He recibido esta pregunta: ¿Cómo debe comportarse una persona que busca actuar con rectitud en un período en que reinan malos Papas, como, por ejemplo, durante ese período del Renacimiento?
 

Infalibilidad en la enseñanza papal extraordinaria
Esta pregunta no es muy difícil de responder en términos de la doctrina católica. La fuente de la verdad es la Revelación, que proviene de la Escritura y la Tradición. El Magisterio católico nos da la correcta interpretación de la Revelación. Los Papas son infalibles sólo cuando ellos enseñan una doctrina ex cathedra, cuando ellos oficialmente invocan su prerrogativa de infalibilidad sobre la doctrina. En tal caso, no se puede discrepar con él.
Lo mismo sucede con respecto a los Concilios. El Concilio Vaticano II, por ejemplo, declaró explícitamente que no era infalible. Juan XXIII declaró también lo mismo sobre ese Concilio. Concretamente, dijo que el Vaticano II sería un Concilio pastoral, y no un Concilio doctrinario. Por lo tanto, no tenía la intención de enseñar alguna doctrina como infalible; su propósito era sólo dar orientación.
Hay Concilios que enseñan dogmas, el Concilio Vaticano I, por ejemplo, que promulgó el dogma de la Infalibilidad Papal. En ese caso, tenemos la obligación de aceptar esta verdad sin discusión porque el poder infalible lo dio Jesucristo lo dio al Soberano Pontífice para enseñar y orientar a la Iglesia.
En el pontificado de Pío IX, dos dogmas fueron proclamados de diferente manera. El primero fue el dogma de la Inmaculada Concepción que el Papa proclamó ex authoritate propia – por su propia autoridad – sin el apoyo de un Concilio. El segundo fue el dogma de la Infalibilidad Papal que él definió con el apoyo del Concilio Vaticano en 1870. Estas proclamaciones solemnes de dogmas son parte del magisterio papal extraordinario.

Infalibilidad en la enseñanza papal ordinaria
Otra forma de ejercer el privilegio de la infalibilidad es cuando muchos Papas enseñan la misma doctrina en los documentos de su magisterio ordinario. Cada documento no es infalible per se, pero cuando una larga serie de documentos enseñan lo mismo, esa doctrina se convierte en infalible, ya que no es posible que la Divina Providencia permita que la Iglesia acepte un error durante un largo período de tiempo. Sería absurdo. Por lo tanto, cuando una larga serie de encíclicas enseñan una misma doctrina, también son infalibles. Esto es lo que se llama la infalibilidad del magisterio papal ordinario.

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El Papa Paulo V careció de la más elemental modestia que la moral católica enseña se debe tener

Los fieles solían ser bastante seguros sobre qué doctrina seguir. Hasta el Concilio Vaticano II, los Papas constantemente y continuamente enseñaron la misma doctrina. A través de los siglos muchos documentos pontificios se confirmaban uno a otro y repetían los mismos puntos de doctrina. Por esta razón, los fieles tenían una completa tranquilidad mental de sobre lo que es correcto y lo que es errado y qué debería ser aceptado o rechazado.

Los Papas pueden cometer malas acciones y no se les debe seguir
Ahora, analicemos la situación de un católico en el Renacimiento. En el Renacimiento el católico a menudo vio a malos Papas hacer cosas que la doctrina de la Iglesia censuró. No sólo en su vida privada, sino también ellos actuaron como Papas.
Por ejemplo, cuando la construcción de la Basílica de San Pedro estaba siendo terminada, el Papa Paulo V que era de la familia Borgia, ordenó a los arquitectos a inscribir en letras de oro en una franja de mosaicos azul obscuro sobre la fachada de las columnas estas palabras: Paulus Quintus Borghesi fecit –Paulo V de la familia Borgia lo hizo. Esto es, él faltó incluso a la más elemental modestia. Nadie con un poco de sentido de vergüenza colocaría tales palabras exaltándose a sí mismo y a su familia en la más grande iglesia de la Cristiandad: “Yo fui quien lo hizo”. Nadie construiría una casa y luego colocaría un gran cartel sobre la puerta diciendo: “John Smith lo hizo”. Daría la desagradable impresión de que usted es un megalómano.
Además, en las bellas puertas de bronce de la Basílica de San Pedro, junto con otras cosas, fueron esculpidas la leyenda de Leda y el cisne. Una historia que involucra actos de bestialidad. Entonces, el Papa permitió una leyenda pagana en el portal de la Basílica Vaticana. ¿Quién puede defender una exhibición de paganismo en la Basílica de San Pedro? Nadie. Fue una cosa que no se debiera hacer.
¿Cuál debiera ser la actitud de un fiel con respecto a aquella acción de amor propio de Paulo V? Desde que el Papa hizo tal cosa, pareciera que no sería pecado, sin embargo, la doctrina católica dice que sí lo es. Alguien podría experimentar un problema de conciencia frente a la contradicción.
No hay razón para un problema de conciencia. Cuando un Papa peca, cuando hace algo malo o incorrecto, su posición como Papa no cambia la naturaleza de la acción. Es mala. No está involucrada la infalibilidad Papal.
¿Cómo puede uno saber cuando algo está errado? Para eso sólo necesita verificar con la enseñanza previa de la Iglesia. Si la enseñanza constante de los anteriores Papas, los Tratados de Moral y el sentire cum Ecclesia [pensar con la Iglesia] enseña de otra manera, el nuevo Papa ha actuado en contra de la doctrina católica e hizo algo malo. Y los fieles católicos en tiempos del Renacimiento tuvieron suficientes motivos para rechazar las malas acciones de los Papas.
Cuando estuve en el Vaticano, visité el departamento de Lucrecia Borgia, la hija del Papa Alejandro VI. Fue una cosa escandalosa, de la que ella se aprovechó para promover todo tipo de comportamiento libertino. Las paredes tienen pinturas de aquello. Cualquier turista que quiera visitar el departamento las puede ver, y su historia es contada por los guías del Vaticano.

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Lucrecia Borgia en su apartamento, por Rossetti

¿Qué debe hacer un católico del Renacimiento frente a un ejemplo como ese? ¿Acaso debe pensar que él también puede ser inmoral porque el Papa tuvo una hija y le permitió a ella actuar de manera disoluta? ¿Debe pensar que la moral católica ha cambiado? No. Simplemente debe tener la honestidad de darse cuenta de que el Papa pecó haciendo lo que hizo, y que su hija pecó también. Un católico no debe seguir los malos hábitos de un Papa, sino que debe seguir los dictados de la moral católica.
 

Los Papas pueden cometer errores doctrinarios
Pero, ¿qué hay de la doctrina? ¿Puede un Papa cometer errores en materia de doctrina? Esto está implícito en la noción de infalibilidad. Cuando los Papas no invocan el privilegio de la infalibilidad, pueden errar. La infalibilidad significa la imposibilidad de fallar, errar o caer. Si el mismo Papa afirma que un documento no es infalible, es porque es falible. Entonces, él puede cometer errores.
¿Cómo un católico puede saber cuándo hay un error? El puede revisar el Magisterio anterior y verificar si hay una larga sucesión de enseñanzas papales que afirman lo mismo. Si no la hay, o hay alguna diferencia en la enseñanza, entonces la nueva enseñanza del Papa esta errada. Es muy sencillo. Esto no quiere decir que cada católico debe por sí mismo juzgar al Papa. Nada de eso. Lo que estoy diciendo es que si hay una clara y continua enseñanza de Papas anteriores que dicen lo contrario de lo que enseña el nuevo Papa, este último, ipso facto (automáticamente) ha sido juzgado por las enseñanzas anteriores. El fiel católico sólo debe reconocer el error.

Alguien podría objetar: ¿Por qué los documentos de los Papas anteriores son más creíbles que los documentos del nuevo Papa?
Porque una larga serie de documentos papales consistentemente enseñan la misma doctrina ellos gozan del privilegio de la infalibilidad del Magisterio ordinario. Un documento aislado de un nuevo Papa que no invoca la infalibilidad en cuanto a su doctrina puede ser falible.
Alguien podría preguntar: ¿Cuánto tiempo podemos tener una enseñanza errónea en la Iglesia que se opone a la correcta?
No sé la respuesta a esa pregunta. Creo que es algo que los futuros teólogos deberán estudiar.

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Un Papa, un Cardenal y un monje junto a un emperador son castigados en el infierno. Miniatura del S. XIV, Biblioteca Vaticana.

Demasiada compasión puede ser excesiva crueldad

EL CRUZADO cita un breve frangmento de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, quien se refiere a la grave actitud de compasión ante el mal que habitaba en los malos miembros eclesiásticos de la época del Cisma de Occidente.

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De una carta a Gerar du Puy, Abad de Marmoutier, escrita en vísperas del Gran Cisma de Occidente:

¿Qué es la tolerancia?

En materia de tolerancia, tal vez más que en cualquier otra, la confusión reina tan completamente que parece indispensable esclarecer el alcance de los términos, antes de abordar el mérito de la cuestión.
¿Qué es precisamente la tolerancia?

Imagínese la situación de un hombre que tiene dos hijos, uno de principios sanos y voluntad fuerte, y otro de principios indecisos y voluntad vacilante. Aparece, de paso por el lugar en que la familia reside, un profesor que dará un curso de vacaciones extraordinariamente útil a ambos. El padre desea que sus hijos sigan el curso, pero ve que esto implicará privarlos de varios paseos a los cuales ambos están muy apegados.

Pasados los pros y contras, fija su juicio sobre el asunto: más conviene a sus hijos renunciar a algunas distracciones, por lo demás muy legítimas, que perder una ocasión rara de desarrollarse intelectualmente.

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Manifestada la deliberación a los interesados, la actitud de éstos es variada. El primero, después de un momento de duda, accede a la voluntad paterna. El otro se lamenta, implora, suplica a su padre que cambie su resolución; da muestras tales de irritación, que un grave movimiento de rebelión de su parte es de temer.

Ante esto, el padre mantiene su decisión con relación al hijo bueno. Pero, considerando lo que le cuesta al hijo mediocre el esfuerzo de la rutina escolar; previendo las muchas ocasiones de tensión que en la vida diaria surgen en las relaciones entre ambos, para la eventual salvaguardia de principios morales impostergables, juzga mejor no insistir. Y conveniente en que el hijo no haga el curso.

Actuando así con el hijo mediocre y tibio, el padre le dio una autorización a disgusto. Un permiso que no es de modo alguno una aprobación. Un permiso que le fue casi arrancado. Para evitar un mal (la tensión con el hijo), consintió en un bien menor (las excursiones de vacaciones), y desistió de un bien mayor (el curso). A este tipo de consentimiento dado sin aprobación, y aún con censura, se le llama tolerancia.

Claro está que, a veces, la tolerancia es el consentimiento no sólo en un bien menor para evitar un mal, sino en un mal menor para evitar uno mayor. Sería el caso de un padre que, teniendo un hijo que contrajo varios vicios graves y puesto ante la imposibilidad  de hacerlos cesar todos, forma el propósito de combatirlos sucesivamente. Así mientras procura obstar a un vicio, cierra los ojos a todos los demás. Este cerrar de ojos, que es un consentimiento dado con profundo disgusto, busca evitar un mal mayor, es decir, que la enmienda moral del hijo se torne imposible. Se trata característicamente de una actitud de tolerancia.
Como acabamos de ver, la tolerancia sólo puede ser practicada  en situaciones anormales. Si no hubiese malos hijos, por ejemplo, no habría necesidad de tolerancia de parte de los padres.

Así, en una familia, cuanto más los miembros fueren  forzados a practicar la tolerancia entre sí, tanto más la situación será anómala.

Siéntese mucho la realidad de lo que aquí está dicho, considerando el caso de una Orden Religiosa o de un ejército en que los jefes o superiores tengan que usar habitualmente una tolerancia sin límites con sus subordinados. Tal ejército no está apto para ganar batallas. Tal Orden no está caminando hacia las altas y rudas cimas de la perfección cristiana.

En otros términos, la tolerancia puede ser una virtud. Pero es virtud característica de las situaciones anormales, inestables, difíciles. Ella es, por así decir, la cruz de cada día del católico fervoroso, en las épocas de desolación, de decadencia espiritual y de ruina de la Civilización Cristiana.
Por esto mismo se comprende que sea tan necesaria en un siglo de catástrofe, como el nuestro. En todo momento, el católico se encuentra en nuestros días en la contingencia de tolerar algo en el tranvía, en el autobús, en la calle, en los lugares en que trabaja, en las casas que visita, en los hoteles en que veranea: encuentra en todo momento abusos que le provocan un grito interior de indignación. Grito que es a veces obligado a silenciar para evitar un mal mayor. Grito que, entretanto, en ocasiones normales sería un deber de honra y coherencia el manifestarlo.

De paso es curioso observar la contradicción en que caen los adoradores de este siglo. Por un lado, elevan enfáticamente a las nubes sus cualidades, y silencian o subestiman sus defectos. Por otro, no cesan de apostrofar a los católicos intolerantes, suplicando tolerancia, bramando por tolerancia, exigiendo tolerancia, a favor del siglo. Y no se cansan de afirmar que esa tolerancia debe ser constante, omnímoda y extrema. No se comprende cómo no perciben la contradicción en que caen: sólo hay tolerancia en la anomalía y, proclamar la necesidad de mucha tolerancia, es afirmar la existencia de mucha anomalía.

De cualquier manera, griegos y troyanos concuerdan en reconocer que la tolerancia en nuestra época es muy necesaria.
Así, es fácil percibir cuánto yerra el lenguaje corriente a respecto de la tolerancia. En efecto, habitualmente se presta a este vocablo un sentido elogioso. Cuando se dice que alguien es tolerante, esta afirmación viene acompañada de una serie de alabanzas implícitas o explícitas: alma grande, gran corazón, espíritu amplio, generoso, comprensivo, naturalmente propenso a la simpatía, a la cordura, a la benevolencia. Y, como es lógico, el calificativo de intolerante también trae consigo una secuela de censuras más o menos explícitas: espíritu estrecho, temperamento bilioso, malévolo, espontáneamente inclinado a desconfiar, a odiar, a resentirse y a vengarse.

En realidad, nada es más unilateral. Pues, si hay casos en que la tolerancia es un bien, otros hay en que es un mal. Y puede llegar a ser un crimen. Así, nadie merece encomio por el hecho de ser sistemáticamente tolerante o intolerante, si no por ser una u otra cosa de acuerdo a lo que exijan las circunstancias. (Continuará)

Catolicismo n° 75, marzo 1957

La Felicidad de guerrear a los herejes

En estos tiempos de confusión, en donde casi ya no queda rastro de la verdad, recordando la petición de perdón del Papa Juan Pablo II por las cruzadas, hacemos referencia a las palabras de Santa Teresa del Niño Jesús  sobre la felicidad de combatir a los herejes.

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Santa Teresa del Niño Jesús

 La felicidad de guerrear a los herejes

Palabras dirigidas a la Madre Inez de Jesús el 4 de agosto de 1897, dos meses antes de la muerte de la Santa.

Me dormí algunos instantes durante la oración. Soñé que faltaban soldados para una guerra. Vos dijisteis: Es preciso enviar a Sor Teresa del Niño Jesús. Respondí que preferiría bien que fuese para una guerra santa. Al final partí así mismo.
Oh mi Madre – agregó con ánimo – qué felicidad yo habría sentido, por ejemplo, en combatir en los tiempos de las cruzadas, o más tarde, en luchar contra los herejes. ¡Ah! ¡No hubiera tenido miedo del fuego!
¡Será posible que muera en una cama! (Novissima Verba, 1 edición, pag.115)

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Un tesoro de la religión: LA INQUISICIÓN

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El Dominicano español: Fray Luís de Granada (1504-1588), predicador célebre y uno de los escritores ascéticos más famoso de la Iglesia por  la seguridad y profundidad de su doctrina, hace una referencia a la Inquisición de su país en el sermón "las caídas públicas", también llamado "de los escándalos". Reprodujimos aquí esa apreciación inteligente, que sin ofuscarse  por exceso abusivos, considera el orden y la línea general de acción del Santo Tribunal:

"Muro de la Iglesia, columna de la verdad, guardia de fe, tesoro de la religión, arma contra los herejes, luz contra los engaños de los enemigos, toque en que se prueba la fineza de la doctrina, si es verdadera o falsa". - (Marcelino Menéndez y Pelayo, "Historia de los heterodoxos españoles", Emece Editores S.A, vol.VII, p. 20).

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Cristo ve con agrado la venganza que se hace contra sus enemigos

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San  Bernardo de Claraval

Los soldados de Cristo pueden con absoluta seguridad de conciencia pelear en las batallas del Señor, sin recelo de cometer pecado con la muerte del enemigo, ni desconfianza de su salvación si sucumbieran. Porque dar o recibir la muerte por Cristo no sólo no implica ofensa de Dios ni especie alguna de culpa, más por el contrario, merece mucha gloria; pues en el primer caso el hombre lucha por su Señor y en el segundo el Señor se da al hombre como premio; ya que Cristo mira con agrado la venganza que se hace de Él contra su enemigo, y con un agrado aún mayor se ofrece El mismo como consuelo al que cae en la lucha. Así, pues, afirmamos  una vez más que el caballero de Cristo mata con tranquilidad de conciencia, y muere con confianza y seguridad aún mayor. Si sucumbe, consigue para sí una  gran ventaja; y, si sale vencedor, triunfa para Cristo. No es sin motivo, que trae la espada al costado. Pues es él ministro de Dios para castigar severamente a los que se profesan Sus enemigos; de Su Divina Majestad recibió el gladio para castigo de los que hacen el mal y exaltación para los que practican el bien. Cuando quita la vida a un malhechor, no debe ser llamado homicida, sino “malicida”, si es que así me puedo expresar; pues él ejecuta literalmente las venganzas de Cristo contra los que practican la iniquidad, y adquiere con razón el título de defensor de los cristianos. Y si es muerto, no decimos que se perdió, sino que se salvó. La muerte que él comete es para la gloria de Cristo; y la que recibe es para su propia gloria. En la muerte de un gentil, puede un cristiano glorificarse porque es Cristo quien sale glorificado; y en morir el cristiano valerosamente por Jesucristo, se patenta la liberalidad del gran Rey, pues saca de la tierra su caballero para darle la recompensa. Así, pues, se alegrará el justo cuando sucumba el gentil, pues ve aparecer la venganza divina. Mas si cae el guerrero del Señor, dirá: “Por ventura ¿no habrá recompensa para el justo? Está fuera de duda que sí, pues hay un Dios que juzga a los hombres sobre la tierra”. (Ps. 62,11).
Claro está que no se matarían los gentiles, si pudiesen ser contenidos por cualquier otra forma,  de manera que no atacasen, ni estorbasen, ni oprimiesen a los fieles. Sin embargo en el momento presente, mejor es que se acabe con ellos de que permitir que quede en sus manos la vara con la que intentan esclavizar a los justos, para evitar que éstos pasen con armas y equipaje hacia el partido de la iniquidad.
Salga pues de su vaina la doble espada espiritual y material de los cristianos, y sea descargada con fuerza sobre la cervical de los enemigos para destruir así todo cuanto se yergue contra la ciencia de Dios, esto es, la fe de los seguidores de Cristo, para que no digan jamás esos infieles: “¿Dónde está su Dios?” (Del libro de Alabanzas y Exhortaciones a los Caballeros del Templo, capítulo III). Esos caballeros eran monjes guerreros que se dedicaban a la lucha contra los mahometanos.

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El Pacifismo Filantrópico no es virtud

¿Por qué es condenable la guerra? ¿Será por la muerte de hombres destinados a morir más tarde o temprano? Tal razón sería propia de cobardes, y no de hombres religiosos. Lo que se debe condenar en las guerras es el deseo de perjudicar a otros, es el cruel amor de venganza, es ese espíritu implacable y enemigo de la paz, es esa salvajería de revuelta, es esa pasión de dominar.

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"En todo lo que no está unido a Cristo está latente alguna cosa diabólica"

Palabras dirigidas a Ernest Hello y Jorge Seigneur, que pedían consejos al respecto de la fundación de un diario católico (1859):

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Santo Juan María Vianney

“El principio de una gran obra debe ser pequeño. No es la cuestión financiera la que os debe afligir. Todo lo que Dios quiere se arregla, no se sabe cómo. Tendréis el necesario auxilio, y aunque faltando este, debéis comenzar.
Vivimos en un mundo miserable. Debéis exponer esta miseria y decir la verdad sin excepción de personas.
Hay una masa de errores y mentiras que debéis disipar, sin miramientos hacia las personas que los esparcen. Debéis combatir el error aun entre los católicos, pues estos tienen menos derecho –si puedo hablar de derecho- que los otros que predican ideas erróneas. Amad a vuestros adversarios. Rezad por ellos, pero no debéis saludarlos. Es tiempo perdido. No busquéis agradar a todos, no podéis a todos agradar. Buscad agradar a Dios a sus Angeles y Santos: ¡E ahí vuestro público!
¡Pues bien, mis hijos manos a la  obra! Los que de vos se apartan, que os censuran por falta de amor, íntimamente os darán la razón: tal vez os defiendan públicamente. Si los hombres pudiesen ver como yo tanto “Grappin”  (nombre despreciativo con que el Santo designaba al demonio), dirían que no le tengo amor. Le meto miedo, le causo espanto, lo lanzo por tierra, y le digo: “Grappin tú me atacas: pues bien, yo me defiendo también”.

Pero vosotros, mis hijos, me diréis que los hombres no son demonios. Pero en todo lo que no está unido a Cristo está latente alguna cosa diabólica: y contra esto debéis levantaros como ejecutores de la justicia.
El error es un obstáculo para la unión. ¡Mi Dios cuan inexorable es la verdad, cuan repleta de vida!
Pero una vez más no dejéis jamás de combatir el error. Y para esto, gastad la mayor parte de vuestro tiempo. ¡Comenzad pues, y perseverad! No os dejéis intimidar por la contradicción.  La contradicción no vale nada. Haréis bien y mucho bien”.

San Juan María Vianney

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La Inquisición es conforme a la doctrina de la Iglesia

La Inquisición es Conforme a la Doctrina de la Iglesia

Por Sto. Tomás de Aquino

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Es mucho más grave corromper la fe, por la cual el alma vive,que falsificar dinero, por medio del cual se conserva la vida temporal. De donde, si los falsificadores, u otros malechores, son sin demora, y justamente condenados a muerte por los principes seculares, con mucho mayor razóm los herejes, tan luego convencidos de la herejía, pueden no sólo ser excomulgados, sino ,con justicia muertos.

De parte de la Iglesia hay misericordia para la conversión de los que yerran. Es por eso que ella no condena inmediatamente, sino sólo después de una primera y segunda correccíón, como enseña el apóstol (Tit. 3, 10). Después, todavía si el hereje aún se muestra pertinaz, la Iglesia, ya no teniendo esperanza de su conversión, previene la salvación de los otros separándolo de la Iglesia por sentencia de excomunión, y enseguida lo entrega al juez secular para ser muerto.

Suma Teológica (IIa. IIae.,q. 11, a. 3, c)

Santo Tomás de Aquino

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LA INTOLERANCIA DOCTRINAL (IV PARTE)

Continuación del sermón predicado por el Cardenal Pie

(Versión completa para descargar al final del presente texto)

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San Jerónimo

II. Es propio de la Iglesia Católica, mis hermanos, el ser firme e inquebrantable acerca de los principios y mostrarse dulce e indulgente en su aplicación. ¿Qué tiene de asombroso? ¿No es ella la esposa de Jesucristo y, como Él, no posee a la vez el coraje intrépido del león y la mansedumbre pacífica del cordero? ¿Y no representa ella sobre la tierra la suprema Sabiduría, que tiende con fuerza a su fin y que aplica todo suavemente? ¡Ah!, es también por este signo, es sobre todo por este signo, que la religión descendida del cielo debe hacerse reconocer: por las indulgencias de la caridad, por las inspiraciones de su amor.

Por lo tanto, mis hermanos, piensen en la Iglesia de Jesucristo y vean con que miramiento infinito, con que respetuosa consideración procede con sus hijos, sea en la forma con la que presenta sus enseñanzas a su inteligencia, sea en la solicitud con que obra en su conducta y sus acciones. Pronto reconocerán que la Iglesia es una madre, que invariablemente enseña la verdad y la virtud, que no puede aprobar jamás el error ni el mal, pero que se esmera en hacer su enseñanza amable y trata con indulgencia los yerros de la debilidad.

Acepten que les trasmita, mis hermanos, una impresión que seguramente no me es propia y personal, y que han experimentado como yo todosaquellos de mis hermanos que han tenido la oportunidad de reflexionar serenamente sobre el incomparable estudio de la ciencia sagrada.

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL (III PARTE)

Continuación del sermón predicado por el Cardenal Pie

 (Descargue y difunda la versión completa al final del presente artículo) 

 ¡Observen, pues, esta intolerancia de los católicos! — se dice a menudo a nuestro alrededor — ¡No pueden soportar ninguna otra iglesia que la suya!; ¡los protestantes los toleran bien!

 

 

 

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL (II PARTE)

 (Continuación del texto La Intolerancia Doctrinal, por el Cardenal Pie)

Reprochar a la Iglesia Católica su intolerancia dogmática, su afirmación absoluta en materia de doctrina, es hacerle un reproche muy honroso: es reprochar a la centinela por ser demasiado fiel y demasiado vigilante; es reprochar a la esposa por ser demasiado delicada y demasiado exclusiva.

   Sobre un cierto número de asuntos, donde la verdad fuera menos absoluta o las consecuencias fueran menos graves, yo podría hasta cierto punto transigir con usted. Seré conciliador si usted me habla de literatura, de política, de arte, de ciencias amenas, porque en todas estas cosas no hay un modelo único y determinado. Ahí lo bello y lo cierto son, más o menos, convenciones; y, por lo demás la herejía, en esta materia, no incurre en otros anatemas que los del sentido común y del buen gusto.
Pero si se trata de la verdad religiosa, enseñada o revelada por Dios mismo; si va en ello vuestro destino eterno y el de la salvación de mi alma, por consiguiente ninguna transacción es posible. Me encontrareis inflexible, y debo serlo. Es condición de toda verdad el ser intolerante, pero siendo la verdad religiosa la más absoluta y la más importante de todas las verdades, es por lo tanto también la más intolerante y la más exclusivista.

Mis hermanos: nada es tan exclusivo como la unidad; por lo tanto, escuchad la palabra de San Pablo: "Unus Dominus, una fides, unum baptisma". No hay en el cielo más que un solo Señor: Unus Dominus. Ese Dios, cuyo gran atributo es la unidad, no ha dado a la tierra más que un solo símbolo, una sola doctrina, una sola fe: Una fides.

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San Pablo

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL (I PARTE)

“Unus Dominus, una fides, unum baptista”

"No hay más que un solo Señor,
una sola fe, un solo bautismo"
(San Pablo a los Efesios, IV, 5)

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Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante.

(Sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres, publicado en “Obras Sacerdotales del Cardenal Pie”, editorial religiosa H. Oudin, 1901, Tomo I pág. 356-377, traducido por ediciones Río Reconquista, 2006) 

Quien No Se Encoleriza Cuando lo Exige La Razón, Peca

Sólo aquel que se indigna sin motivo se vuelve culpable; quien se indigna por un motivo justo no tiene culpa alguna. Pues, si faltase la ira la ciencia de Dios no progresaría, los juicios no tendrían consistencia y los crímenes no serían reprimidos. Más aún: aquel que no se indignare cuando la razón lo exige, comete un pecado grave; pues la paciencia no regulada por la razón, propaga los vicios, favorece las negligencias y lleva al mal, no solamente los malos, sino sobre todo  los buenos (Hom. XI, In Nath.)

San Juan Crisóstomo

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