“Siempre que conseguimos unir una cosa abstracta a un símbolo, es como si un ciego recuparara la visión.”
Plinio Correa de Oliveira

Vida de Santos
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Profecías Católicas de Sor María de Jesús Crucificado (1846-1878)

Sobre el Castigo:

 "Ella tenía un ardiente amor por Francia y hablaba de ella en sus éxtasis en términos inflamados. En sus visiones Francia era 'la rosa' y la Santa Iglesia 'el Olivo'. En todas sus profecías el tema general era: 'la prueba, sobretodo por una guerra sangrienta, la victoria y las consecuencias del triunfo'.

 "Muchas veces desde 1873, ella anunciaba una guerra que haría correr 'ríos de sangre'. Ella preguntaba en un éxtasis: ¿cuándo terminará esta guerra? Después de un tiempo de silencio, ella transmitió la terrible respuesta: 'Ah, será larga porque es necesario que todo el mundo pase por ella, pequeños y grandes: nosotros estamos corrompidos'. Y este éxtasis particularmente doloroso parecía ponerle bajo los ojos los esfuerzos de dos ejércitos inmensos encarnizados uno contra el otro.

 "Ella veía a veces dos cisternas, una ya llena de sangre, la otra todavía vacía, mas, tan grande que la sangre de tres cuartos de los hombres no parecía poder colmarla, y la voz le decía: 'Ved, es necesario que esta cisterna sea llenada para calmar la justicia de Dios...'

 "El 13 de mayo de 1874, una voz le dice: 'Yo os advierto, como ya os advertí dos meses antes de las guerras que arribarían a Francia (la guerra de 1870). Mas esta que Yo os anuncio será diez veces más terrible que la que ha llegado entonces a Francia'.

 "El 14 de agosto de 1874, [una voz le dice]: 'Será una masacre terrible, se marchará con la sangre hasta las rodillas. Yo pienso que, en esta guerra que va a venir, se tomará a todos los sacerdotes para combatir... Yo no sé si es de esta manera que los sacerdotes perecerán porque deben quedar muy pocos después de la prueba; me parece que se les colocará adelante en el mayor peligro" (A. Marty, págs. 64-65).

Santa Clotilde, Reina de Francia

Selección biográfica:
Santa Clotilde fue reina de Francia, hija del rey Chilverico y esposa del rey Clovis.
 
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Fue debido a sus plegarias que Francia recibió el don de la fe católica. Ella fue glorificada por una destacada maternidad espiritual, ya que fue en Nochebuena, en la fuente bautismal de Reims, que nació la hija primogénita de la Iglesia, Francia.
La violenta muerte de su padre Chilverico, destronado por un usurpador fratricida; la vista de sus hermanos masacrados y de su madre ahogada en el Ródano; su largo cautiverio en la corte de un asesino arriano que trajo la herejía al trono de los borgoñeses, fueron las circunstancias que desarrollaron el heroísmo que convertiría, a esta sobrina de Gondebaud, en la madre de toda una nación para Cristo.
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Comentario del Prof. Plinio:
Esta selección biográfica es algo confusa. Permítanme tratar de enderezar los hechos históricos.
Santa Clotilde fue la hija del rey de Borgoña Chilverico. Su padre era católico y su hermano, su tío Gondebaud, era arriano. El arrianismo fue una terrible herejía que infectó a la Iglesia por varios siglos. Su tío arriano asesinó a su padre junto con gran parte de su familia. Su madre fue ahogada en el río Ródano, sus hermanos masacrados, etc. Nunca leí por qué su tío no mató a santa Clotilde también. En cambio la llevó a su castillo y la mantuvo como una princesa de segunda clase, media libre, media prisionera.
Clovis era el rey de los Francos y vecino de los borgoñeses. El se dio cuenta que el asesino del padre de Clotilde aún tenía muchos seguidores católicos y entonces planeó dividir más el reino de Borgoña para así conquistarlo más fácilmente. Con este fin, le pidió matrimonio a Clotilde. Es difícil entender por qué el rey aceptó, dado el inconveniente político que podría surgir de aquella unión, sin embargo aceptó.
Antes de casarse, Santa Clotilde recibió de Clovis la promesa de respetar su fe católica. Por lo tanto, Clotilde aceptó, y con esto se libró del cautiverio de su tío y de la atmósfera arriana de su corte. Se convirtió en la reina de una nación bárbara y pagana. Ella siguió la práctica de su fe, y Clovis fue influenciado por su ejemplo.
Cuando se vio enfrentado a una muy difícil situación militar, a punto de perder la batalla de Tolbiac contra los bárbaros Alamanni el año 496, hizo una promesa al “Dios de Clotilde.” Prometió que si Dios lo ayudaba a ganar la batalla, se convertiría a la fe católica. Dios le ayudó y ganó; después, él se convirtió.
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San Remigio bautiza a Clovis
 
En ese tiempo, San Remigio era arzobispo de Reims y ejerció gran influencia sobre Santa Clotilde. El preparó a Clovis para el bautismo. En la víspera de la Navidad del año 496, los bárbaros fueron bautizados por el Santo en la Catedral de Reims.
Una antigua tradición afirma que en el momento del bautismo de Clovis, una paloma descendió del Cielo llevando en su pico con aceite sagrado que San Remigio usó para consagrarlo como primer rey de Francia. Desde entonces, ese mismo aceite se usó para consagrar a todos los reyes de Francia en su ceremonia de coronación. Esta tradición se mantuvo hasta la coronación de Luis XVI. Durante la Revolución Francesa la ampolla con el aceite desapareció.
En ese mismo día de Navidad los jefes más importantes del pueblo se convirtieron junto con Clovis. Fue la primera nación como tal que se convirtió a la fe católica.
Se cuenta que en el día del bautismo de los Francos, un ángel trajo a Santa Clotilde la nueva bandera de los Francos. La antigua bandera tenía tres ranas grabadas en ella, ahora pasó a tener tres flores de lis. La Navidad del año 496 es considerado un hito en la Historia que marca el inicio de la Edad Media. Por lo tanto, Santa Clotilde tuvo una muy bella vocación.
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Catedral de Reims donde fueron coronados los reyes de Francia desde Clovis 
Hermosas vocaciones como la de ella a menudo nacen de las peores tormentas y desastres. Ellas nacen de grandes sufrimientos, tragedias, engaños, contradicciones y situaciones incomprensibles. Son como los cactus, que es una planta fea que está cargada de espinas pero que produce una maravillosa flor. Al final de un largo camino de sufrimientos, florecen las vocaciones trayendo toda su belleza.
En tales almas, se pone de manifiesto que el éxito de esas vocaciones no se basan simplemente en los méritos humanos. Ellas se deben a la voluntad y acción de Dios, que viene a nosotros a través de la intercesión universal de la Virgen.
Santa Clotilde, cuyo ejemplo y oraciones convirtieron a Clovis y a los Francos y dio inicio a la Cristiandad, es una gran patrona para nosotros que tanto esperamos el Reino de María. Debemos pedirle a ella que nos dé el espíritu necesario para empezar efectivamente a construir de manera efectiva la gloriosa nueva era para la Iglesia y la Santísima Virgen.

El Santo del Día son comentarios sobre las características más destacadas de la vida de los santos que San Juan Bosco acostumbraba a hacer a sus alumnos de su colegio. Siguiendo su ejemplo, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tenía la costumbre de de hacer un comentario sobre la vida de los santos en una reunión a jóvenes todas las tardes con el fin de fomentar en ellos la práctica de la virtud y el amor a la Iglesia Católica. Los textos de los datos biográficos y los comentarios provienen de notas personales tomadas por el Sr. Atila S. Guimaraes (editor de Tradition in Action) de 1964 a 1995. 

Extraído del blog La Denuncia Profética

LA VERDADERA IMAGEN DE JESUS MISERICORDIOSO

Acabo de leer del excelente blog "La Reacción Católica" un interesante artículo sobre la verdadera imagen de Jesús Misericordioso.

Me impresionó que hubiese una imagen "verdadera" y otra "falsa": ¿Podría alguien tener una intención tan perversa como para falsificar esta importante devoción? Sorpresa, sí.

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La Verdader Imagen de Jesús Misericordioso

El artículo del blog amigo, la Reacción Católica, no entra en esta materia, pero concede antecedentes históricos que permiten conocer más sobre esta devoción.

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La falsa imagen

En el rostro de la pintura que reemplaza a la original, encargada por Nuestro Señor, prima la estética (tan idealizada hoy). El conjunto de sus trazos bien podrían haberse inspirado en una de las llamadas "estrellas" de Hollywood.

La razón de esta "falsificación" queda en la especulación. Sin tener la prueba científica - tan del gusto de los escépticos de hoy - puedo suponer razonablemente que la segunda imagen, la falsa, agrada más al espíritu

LA APOSTASIA DEL CLERO

LA APOSTASIA DEL CLERO, SEGÚN UNA MANIFESTACIÓN DE NSTRO. SEÑOR AL P. PÍO DE PIETRELCINA

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Texto extraído del libro, ¡ALERTA HUMANIDAD!

(...)«En la mañana del viernes, me hallaba todavía en el lecho, cuando se me apareció JESÚS. Se hallaba de mala traza y desfigurado. Y me mostró una gran multitud de sacerdotes, religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia. De ellos unos estaban celebrando, otros iban a celebrar y otros habían celebrado. La Contemplación de Jesús, así angustiado, me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento. No obtuve ninguna respuesta. Pero miraba a aquellos sacerdotes, hasta que como cansado de mirarlos retiró la vista y con gran horror mío, pude apreciar que dos lágrimas le surcaban las mejillas.»

Buscar una falsa unidad es trabajar contra la Fe

El Cruzado publica este artículo de la página católica Tradition in Action. Traducción: El Cruzado

Hoy en día, cuando vemos a tantos católicos tentados a comprometerse con el progresismo presentado en atuendos tradicionalistas, parece oportuno recordar la enseñanza de un gran santo, San Hilario de Poitiers, quien enfrentó una situación similar.
Cuando el emperador de Bizancio, Constancio, obligó a todos los Obispos a firmar una fórmula Semiarrianista, la resistencia a tal herético ataque fue sostenida por San Atanasio en el Este y San Hilario en el Oeste. La acusación de San Hilario contra Constancio puede ayudar a fomentar a los católicos de hoy a no renunciar a la posición correcta.
San Hilario fue obispo de Poitiers, Francia, desde el año 353 hasta el 368. En su trabajo, Libro en contra de Constancio, pronuncia que el emperador hizo maniobras engañosas similares a las del Anticristo. Sus oportunas palabras a continuación:
 

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San Hilario de Poitiers:

"Hoy tenemos que luchar contra un perseguidor encubierto, contra un

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San Pio X. La herejía modernista dentro de la Iglesia: Parte I

Un hecho histórico tan importante cuanto la victoria de Lepanto

“Rendimos al inmortal Pontífice Pio X nuestro homenaje, lleno de gratitud, por los beneficios que prestó a la Santa Iglesia, hiriendo gravemente con intrepidez angélica, a este terrible enemigo de la Religión Católica: el movimiento modernista”

Por Plinio Correa de Oliveira

Las fotografías y sus comentarios no son del autor sino que de nuestra editorial.

(Para recibir el texto completo en formato PDF envíenos un correo por el formulario de CONTACTO) 

Nos parece que ningún modo de conmemorar el aniversario de la Encíclica Pascendi sería mejor de que publicando un resumen de la línea maestra del gran documento. (…)
Si San Pío X no hubiese fulminado la herejía modernista, el mundo habría entrado rápidamente en marcha hacia el panteísmo y el ateísmo. Y toda la acción comunista sobre la faz de la Tierra no habría encontrado delante de sí los enormes obstáculos que encontró.

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La condenación del modernismo fue, pues, un hecho histórico tan importante cuanto lo fue la victoria de Lepanto. Y el Papa Pio XII (elevando a Pio X a la honra de los altares, en mayo de 1954) se hizo acreedor del reconocimiento eterno de los hombres, por haberles presentado el modelo y dado por protector a tan grande santo. (…)

Amar al prójimo y combatirlo cuando es necesario
“Odiad el error, ama a los que erran”, escribió San Agustín. Grande, sabia, admirable sentencia. Entretanto, ¡cuántas aberraciones, cuántas traiciones, cuántas capitulaciones vergonzosas se han cometido abusivamente en nombre de ella!
Hay personas cándidas -  o cobardes – que imaginan las ideas como entes dotados de existencia física propia y autónoma, los cuales se incubarían misteriosamente en las personas. Según ellas, se puede mover una guerra a las ideas sin atacar a las personas,  más o menos como se puede combatir la enfermedad infecciosa sin alcanzar al enfermo, pues la guerra es tan solo contra el bacilo.
Este modo de ver, infelizmente muy generalizado en nuestros días, beneficia ampliamente a nuestros adversarios, pues desarma toda nuestra reacción.
La verdad y el erro no son algo extrínseco al espíritu humano, como las hojas en la caja de un archivo. La inteligencia, por el contrario, tiene a asimilar a esta y aquel, por un proceso que ha sido merecida y frecuentemente comparado a la digestión. Si alguien come pan o carne, a digestión incorpora al organismo una cuota de la sustancia de esos alimentos que terminan siendo parte de la persona. Análogamente, si alguien acepta una doctrina, esta de tal manera puede llegar a marcar su personalidad, que se diría figurativamente que tal hombre personifica aquella idea. ¿Cómo pretender destruir el pan ya digerido por una persona, si herir a esta última en su carne? ¿Y cómo se puede atacar una idea sin alcanzar en cierta medida a quien la personifica, quien ipso facto le da vida, actualidad y posibilidades de difusión?
No. La sentencia de San Agustín es de sentido obvio. Ella preceptúa que deseemos la humillación y la derrota del erro, bien como la conversión y la salvación de quien erra. Ella recomienda que usemos, para con quien erra,  toda la suavidad posible. Ella no nos prohíbe utilizar, contra aquel que erra, una justa severidad, cuando esto se hace necesario para el bien de la Iglesia y la salvación de las almas. En este sentido, no llega aquella sentencia al punto de inutilizar en el católico la capacidad de acción y de lucha contra los autores del error y del mal. Muy por el contrario, los santos supieron siempre conciliar las dos obligaciones fundamentales y aparentemente contradictorias, de amar al prójimo y de combatir, cuando a esto impele el celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas.
Es de esto que nos dio admirable ejemplo el Papa San Pio X en la Encíclica Pascendi, contra el modernismo, con el monumento de objetividad y de lucidez que es aquel inmortal acto pontificio.

Denuncia de las tácticas y de la conspiración modernista
Se engañaría quien supusiese que la Pascendi fue un mero documento doctrinario. San Pio X no combatió apenas en el campo de las ideas, sino que, con admirable energía y perspicacia, desenmascaró los propios autores del error; y trazó el lamentable perfil moral del modernista, denunció sus tácticas y puso a desnudo lo vasto de su conspiración. La Encíclica no menciona nombres, pero es riquísima en datos sobre la personalidad del modernista. En otros documentos, San Pio X llegó a los nombres. Por ejemplo, en los importantes decretos que fueron nominal y personalmente alcanzados los principales jefes del movimiento.
Es para que nuestros lectores puedan medir en toda su admirable extensión la severidad con que el Santo Pontífice se avocó a esta emergencia, que consagramos este artículo al asunto.
Haciéndolo, destacamos la oportunidad flagrante del ejemplo que apuntamos. San Pio X fue beatificado y más tarde canonizado por el Santo Padre Pio XII. Quiso él que su antecesor sirviese de modelo para los hombres, y no para los muertos que yacen en la sepultura o para los niños que aún están por nacer. Fue para esto que él hizo brillar en la honra de los altares a ese gran lucero.
Actuar como San Pio X, es lo que nos recomienda con su suprema autoridad el inmortal Pontífice Pio XII. (…)

Por orgullo rechazan toda sumisión
Los modernistas representan la suma obstinación, y con ellos son inútiles las medidas blandas: “A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo”.
Una de las raíces más importantes de este lamentable estado de espíritu, en efecto, es el orgullo:
“Pero mucho mayor fuerza tiene para obcecar el ánimo, e inducirle al error, el orgullo, que, hallándose como en su propia casa en la doctrina del modernismo, saca de ella toda clase de pábulo y se reviste de todas las formas. Por orgullo conciben de sí tan atrevida confianza, que vienen a tenerse y proponerse a sí mismos como norma de todos los demás. Por orgullo se glorían vanísimamente, como si fueran los únicos poseedores de la ciencia, y dicen, altaneros e infatuados: “No somos como los demás hombres”; y para no ser comparados con los demás, abrazan y sueñan todo género de novedades, por muy absurdas que sean. Por orgullo desechan toda sujeción y pretenden que la autoridad se acomode con la libertad. Por orgullo, olvidándose de sí mismos, discurren solamente acerca de la reforma de los demás, sin tener reverencia alguna a los superiores ni aun a la potestad suprema. En verdad, no hay camino más corto y expedito para el modernismo que el orgullo. ¡Si algún católico, sea laico o sacerdote, olvidado del precepto de la vida cristiana, que nos manda negarnos a nosotros mismos si queremos seguir a Cristo, no destierra de su corazón el orgullo, ciertamente se hallará dispuesto como el que más a abrazar los errores de los modernistas!
Por lo cual, venerables hermanos, conviene tengáis como primera obligación vuestra resistir a hombres tan orgullosos, ocupándolos en los oficios más oscuros e insignificantes, para que sean tanto más humillados cuanto más alto pretendan elevarse, y para que, colocados en lugar inferior, tengan menos facultad para dañar.”(…)

¿PARA QUÉ NOS SIRVE LA HISTORIA?

EL CRUZADO publica este artículo enviado por el Profesor Angel Fernández, de Guadalajara, México.

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Un filósofo escritor y periodista mexicano cuya vida coronó con el martirio, escribió en el primer cuarto del siglo XX la obra "El Plebiscito de los Mártires" donde resume el drama central del pueblo mexicano que también es el de toda la Humanidad dejando ver claramente la vocación del cristiano hacia el martirio. A quien nos referimos es al maestro Anacleto un estudioso de la Historia de donde formó una recia personalidad de pensamiento llevado a la acción. Es pues seguro seguir éste modelo ejemplar de quien ve la Historia con lupa, se nutre de sus hechos que lo van llevado por el hilo conductor para desentrañar que lo mas importante es que la juventud edifique una personalidad robusta de “Rey”.

El Héroe es de Gloria inmortal.
Millares de escritores, historiadores, filósofos, estadistas, etc., como la historia misma lo atestigua, coinciden en la necesidad del Mártir para que la Libertad no perezca. Los jesuitas Claude y Capart tradujeron al español la obra Jesucristo Nuestro Jefe que en su primer capítulo enseña a los adolescentes que lo primero es la personalidad por conquistar y los previene de la gloria de la celebridad porque es perecedera y fugaz ya que son ídolos con pies de barro.

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Santa Juana de Arco 

La gloria “inmortalidad”  solo la alcanzan el héroe y el mártir. Dios ha dado a los hombres diversos talentos mediante los cuales podrá pertenecer a la Aristocracia* , de quienes se sirve para sostener, guiar y resguardar a su rebaño, a su pueblo. La personalidad moral hace la diferencia del hombre “inmortal” del “célebre” aunque es preciso aclarar la tenaz publicidad comercial de los teatros (medios de comunicación) para que parezca lo contrario. César –hombre genial pero egoísta y ambicioso- Lenin –hombre de un solo objetivo pero dictador sanguinario-. Por el contrario el Héroe y el Mártir son hombres que además de trabajar en el desarrollo de una facultad forjan una personalidad armoniosa; dominio del cuerpo, vida interior, servicio a los demás, “Yo obedezco al Dios Uno y Trino”.
En cada generación los jóvenes se echan en sus barquillas en el mar de los riesgos con el deseo de poseer la gloria pero deben aprender  que andar el camino trillado y seguro solo moldeará una personalidad de celebridades “de un día”. La inmortalidad en cambio es de aquellos que unen sus audacia a la audacia eterna. En el capítulo IV Cristo, Héroe de la Historia de la obra de Dom Prósper Gueránger, escritor francés, exhorta fuertemente a que los jóvenes se unan a la audacia de la Iglesia y les dice.....Jesucristo es el gran civilizador de la raza humana, áquel a quien el mundo debe todo, que reina, que tiene un imperio, que éste mundo es de su propiedad, que nadie manda en él en adelante sino en su nombre..... Su Evangelio lo toca todo, por medio del cual el mundo y la humanidad recobran su hermosura, su valor y su brillo, inaugurando la era de los héroes signados con la gloria inmortal pues en la antigüedad cualquier forma de Estado borró la personalidad del hombre y corrompió la sabia rica de la juventud cuando ignoró la verdadera libertad y la suplantó con la esclavitud de sus pasiones.

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Católicos en la Guerra Civil Española, Cruzada para defenderse del comunismo

La Acción de la Santidad en la Historia.
Ningún capítulo de la Historia está completo sin que el narrador aborde el Milagro y la Profecía. Un espectáculo innegable que ofrece el mundo es la guerra. Naciones y pueblos unos en contra de otros ya formando alianzas, ya traicionándose, ya sostienen una encarnizada contienda bélica. En cada capítulo histórico la santidad ejerce una influencia muy a menudo oculta, otras es patente y eficaz largo tiempo después de ellos. Dios, que está siempre presente en la Historia, da o sustrae a los santos en los diversos lugares y momentos mediante los cuales obra los milagros con que cumple fielmente su promesa profética. El papel de los santos en la historia de la humanidad es evidente. Se les ve dando salud en las guerras y en los cataclismos, ya salvando la civilización con la palabra o con las armas, ya extendiéndola por todos los confines de la tierra a través de sus misioneros,  padeciendo persecuciones o formando reinos felices. Los Santos no se circunscriben a aquellos hombres enclaustrados, alejados del mundo en perpetua oración y mortificación. No es así sino lo contrario, son eminentemente sociales, en constante acción. Los Santos salen de cualquier área de la vida sean reyes, soldados, generales, doctores, obispos, vírgenes consagradas –hombres y mujeres, ancianos y niños- que como miembros de la Iglesia Católica arden celosamente en el servicio de Dios y del prójimo, ejemplos de vocación apostólica. Las naciones, los pueblos o una sociedad determinada sin santos padecen la más terrible enfermedad y es frecuentemente la causa de su ruina por lo que se constituyen en un termómetro moral.
La juventud no es más ni menos rebelde la de hoy a la de ayer. Lo que pasa es que hay menos santos y falta el culto a la santidad en los hombres con las que están en comunicación. No se crea haber encontrado el secreto de la influencia de los santos por su elocuencia, su jerarquía eclesiástica o civil o por la agudeza de su inteligencia. Es a Dios, a Dios mismo al que se siente en los santos.

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Doctor, Profeta y Apóstol en la crisis contemporánea

Plinio Corrêa de Oliveira
 
Si alguien me pidiera que señalara un apóstol tipo para nuestros tiempos, yo respondería sin vacilaciones, mencionando el nombre de un misionero... fallecido hace precisa mente 271 años. Y dando tan desconcertante respuesta, tendría la sensación de estar haciendo algo perfectamente natural. Pues ciertos hombres colocados en la línea de lo profético, están por encima de las circunstancias temporales.
Basta, para comprenderlo, tomar por ejemplo a Elías.

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El Profeta Elías

Dentro de cien años, los que hoy vivimos habremos sido superados por la marcha del tiempo, como están hoy los hombres de hace cien años atrás. Seremos atrasados, anacrónicos, mofados. De ahí a doscientos, trescientos años estaremos tan sumergidos en el reino de la muerte, de las sombras y de la Historia, como las momias que aguardan en algún museo el día del Juicio Final. ¿Y qué decir de nuestra "situación" de aquí a mil años? Pues hay alguien vivo, vivísimo y que será la última palabra del apóstol moderno, no hoy, sino en el fin del mundo cuando nosotros estemos inmersos en el más completo anacronismo.

Alguien que vivió días muy anteriores a los de Pío IX y Napoleón III. Anteriores aún a San Luis, a Carlo Magno, a Atila, y ¿qué diré?, a Augusto y a Jesucristo. ¡Es el Profeta Elías! Apóstol moderno, sí, y modernísimo, no porque esté escrito de él que participará del espíritu y de las tendencias de los hombres que entonces vivieren, sino porque será mandado por Dios como el varón ideológicamente adecuado para combatir de frente la corrupción del siglo en que volverá a esta tierra. Elías será moderno, no por haber tomado el espíritu y la forma de los postreros años de la historia —no os conforméis con este siglo, advierte San Pablo— sino porque será adaptado y adecuado al tiempo. Adaptado, en el sentido de que será "apto" para hacerle bien. Adecuado, sí, en el sentido de que dispondrá de los medios propios para corregirlo. Y por esto mismo modernísimo. Pues ser moderno no es necesariamente parecerse con los tiempos y muchas veces puede ser hasta lo contrario. Para un apóstol, ser moderno es estar en condiciones de hacer el bien en el siglo en que vive...

Sin equiparar a Elías, Profeta incumbido de una misión oficial, con San Luis María Grignion de Montfort, en cuyos escritos hay luces proféticas impresionantes, pero de un valor meramente privado, puede decirse que existe cierta analogía entre uno y otro. Y es en los términos de esta analogía que el Santo francés es un modelo de apóstol para nuestros días, y los siglos venideros.

 
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San Luis María Grignion de Montfort nació en Montfort-la- Canne, Francia, en 1673.

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De familia pobre, le faltaron los recursos para costear los estudios necesarios del sacerdocio, al que aspiraba desde niño. Se dirigió a París, donde ejerció el oficio de velar cadáveres en la Parroquia de San Sulpicio ciertas noches de la semana, para pagar su pensión en el Seminario. Después de un curso brillante, fue ordenado sacerdote en 1700.
Dadas las dificultades surgidas en su apostolado en Francia, y movido por el deseo de anunciar el Evangelio a los gentiles, San Luis María se dirigió a Roma para pedir una directriz al Papa Clemente XI. Este determinó que volviese a su Patria, a fin de dedicarse a predicar a la población católica necesitada de catequesis y edificación. Entregándose enteramente a esa actividad durante los diez años que aún vivió, el Santo insistía particularmente en la renuncia a la sensualidad y al mundanismo, en el amor a la mortificación y a la Cruz, en la devoción filial a Nuestra Señora. Como terciario dominico que era, difundió ampliamente el Rosario.
Víctima de los ataques furibundos de los calvinistas y de los jansenistas, fue objeto de severas medidas por parte de un número no pequeño de obispos franceses, que no le querían como misionero en sus diócesis.
La muerte le llegó en 1716, cuando contaba apenas con 43 años de edad.
Fundó dos congregaciones religiosas, la Compañía de María y las Hijas de la Sabiduría.

Entre sus escritos, se destaca el "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen", una de las más altas obras de mariología en todos los tiempos y tal vez la más alta de ellas. Este libro admirable fue dejado por él en manuscrito y desapareció misteriosamente después de su muerte, reapareciendo de manera providencial en nuestros tiempos.

León XIII lo beatificó en 1888. Pío XII, lo inscribió en el Catálogo de los Santos.

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SS. León XIII

Esta es una rápida visión de la vida de este gran Santo. Cuanta riqueza se aprecia en un examen más atento de los principales aspectos de esa vida.
 
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El Renacimiento desencadenó en Europa una sed de diversiones, de opulencia, de placeres sensuales, que impelió fuertemente los espíritus a subestimar las cosas del Cielo, para ocuparse mucho más de las de la tierra. De ahí, en los Siglos XV y XVI, vino un declinar sensible de la influencia de la Religión en la mentalidad de los individuos y de las sociedades. A ese indiferentismo naciente, se sumó no raras veces una antipatía contra la Iglesia, discreta y apenas perceptible en unos, más pronunciada en otros, y elevada en algunos al extremo de una hostilidad militante. Tal estado de espíritu concurrió sensiblemente para la eclosión del Protestantismo, y para las manifestaciones del nacionalismo y escepticismo tan frecuentes entre los humanistas. Del indiferentismo nacía naturalmente el libre pensamiento.
Sin embargo, estos fermentos no atacaron, por el momento, toda la sociedad. En un comienzo, dominaron solamente ciertos elementos de alta influencia en la vida intelectual, en la nobleza y en el Clero, con el apoyo de algunos soberanos. Poco a poco fueron alcanzando los tejidos más profundos del cuerpo social. En el tiempo de San Luis María Grignion, puede afirmarse que su influencia se notaba en todos los campos: la política se hacía laica, la antigua sociedad orgánica y cristiana era absorbida por el absolutismo de Estado, menguaba la influencia de la Religión en la vida de todas las clases sociales y principalmente en las élites; una tendencia general hacia costumbres más frívolas, más "libres", más fáciles, ganaba todos los ambientes, la sed de placer y de lucro crecía, el mundanismo campeaba incluso en cierto número de casas religiosas; el mercantilismo extendía sus tentáculos para dominar toda la existencia humana. En líneas generales, el cuadro era bastante parecido al de nuestros días.
 
Diferencias considerables
 
Sin embargo, si la analogía es profunda, evidente, indiscutible, sería imposible pasar de ahí a una equiparación absoluta. El cuerpo en el cual actuaban los fermentos en los siglos XV, XVI, e incluso XVII, era aún el cuerpo robusto de la vieja cristiandad generada por la Edad Media. Un sinnúmero de instituciones, de hábitos mentales, de tradiciones, de usos, de leyes reflejaba aún el espíritu de la sociedad orgánica y cristiana de otrora.
Si la monarquía absoluta presagiaba al socialismo moderno, ella personificaba, todavía, a los Reyes por la gracia de Dios, que aún se consideraban Padres de sus respectivos pueblos en el buen y viejo estilo de San Luis IX.
Si la vida internacional había sido secularizada por el tratado de Wesfalia, aún existían tales o cuales vestigios de la Cristiandad, una familia de reyes y pueblos cristianos dotados de la con ciencia de formar un todo aparte, frente al mundo de los gentiles.
Si la sociedad era mundana, las disputas religiosas —como las que se trataban entre jesuitas y jansenistas— encontraban en ella una resonancia que jamás tendrían en nuestros días. Si las costumbres eran frívolas en la corte y en las ciudades, había al respecto numerosas y retumbantes excepciones. En los peldaños del trono, en el propio trono, el escándalo de un Luis XIV, por ejemplo, era de algún modo reparado por su enmienda y su vida ejemplar después del casamiento con Mme. de Maintenon y la caída de Mlle. de la Valliere lo era por su penitencia ejemplar en el Carmelo. Mme. de Montespan a su vez moría cristianamente; el Duque de Borgoña, nieto de Luis XIV, se destacaba por su piedad y la familia real tendría aún en el siglo XVIII, al lado de la vergüenza de la vida de Luis XV, la ilustración de las virtudes poco comunes del Delfín Luis, de la Carmelita Madame Louise de France, y de la Princesa Clotilde de Saboya, ambas hijas del Rey y fallecidas en olor de santidad. Así, por más rigurosas que sean las analogías entre el siglo XVI y el siglo XX, habría manifiesta exageración en afirmar que la vida política y social ya se encontraba entera o casi enteramente laicizada y paganizada.
Sin embargo, en la historia de los Tiempos Modernos, o sea, en los siglos XVI, XVII y XVIII, está fuera de dudas que los fermentos nacidos del neo-paganismo renacentista se revelaron cada vez más vigorosamente, y esto trajo la inmensa explosión de 1789.
 
 
Tiempos precursores de los nuestros
 
Considerando estos hechos desde el punto de vista del Santo Padre León XIII en la encíclica"Parvenu à la Vingt-Cinquième Année", la Revolución Francesa fue una consecuencia del protestantismo. Y a su vez produjo el comunismo. Al igualitarismo y liberalismo religioso del fraile apóstata de Witemberg, sucedió el igualitarismo y liberalismo político-social de los soñadores, de los conspiradores y de los facinerosos de 1789. Y a éste le sigue el igualitarismo totalitario, social y económico de Marx.
La Revolución protestante fue una forma ancestral de la Revolución Francesa, como ésta lo fue del Comunismo moderno. Y cada una de estas formas ancestrales ya tenía en sí todas las toxinas de aquella que le siguió. Son tres molestias sucesivamente mayores, provocadas por el mismo virus. O son tres fases sucesivamente mayores de una misma molestia. O tres etapas de una omnímoda y universal Revolución.
 
 
Un profeta aparece en el curso de la Revolución
 
Ahora bien, San Luis María Grignion de Montfort fue en este proceso histórico, un verdadero profeta. En el momento en que tantos espíritus ilustres se sentían enteramente tranquilos en cuanto a la situación de la Iglesia, engañados en un optimismo displicente, tibio, sistemático, él sondeó con mirar de águila las profundidades del presente, y predijo una crisis religiosa futura, en términos que hacen pensar en las desgracias que la Iglesia sufrió durante la Revolución, es decir, la implantación del laicismo de Estado, el establecimiento de la "Iglesia Constitucional", la proscripción del culto católico, la adoración de la diosa razón, el cautiverio y muerte del Papa Pío VI, las masacres y deportaciones de Sacerdotes y Religiosas, la introducción del divorcio, la confiscación de bienes eclesiásticos, etc. Más aún. Para aliento y alegría nuestra el Santo profetizó una grande y universal victoria de la Religión Católica en días venideros.
 
 
Martillo de la Revolución
 
Pero además de profeta, San Luis María Grignion de Montfort fue misionero y guerrero. Misionero, fustigó implacablemente el espíritu neo-pagano, haciendo cuanto podía por apartar al pueblo fiel del mundanismo y de todo cuanto constituía el mal espíritu nacido del Renacimiento. La región evangelizada por él fue tan profunda mente inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anti católico de París. Fue la Chouannerie.

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Si San Luis María Grignion hubiese extendido su acción misionera a toda Francia, probablemente habría sido otra su historia, y la otra la historia del mundo.

Ahora bien, ¿por qué no la evangelizó entera?

Orador sagrado eficientísimo, predicaba la palabra de Dios con una fogosidad extraordinaria. Esto le valió el odio, no sólo de los calvinistas, sino de una de las sectas más detestables y más influyentes que hasta hoy hayan existido infiltradas en la Iglesia, o sea, los jansenistas. Sería largo enunciar las múltiples y complejas razones por las que el jansenismo, con sus apariencias de austeridad es, sin embargo, legítimo producto de la crisis religiosa del siglo XVI. Lo cierto es que esta secta, disponiendo de deplorable influencia sobre muchos fieles, Sacerdotes y hasta Obispos, Arzobispos, Cardenales, seguía una línea de pensamiento y de acción nociva a toda restauración de la vida religiosa, apartaba las almas de los Sacramentos, y combatía vivamente la devoción a Nuestra Señora.
San Luis María Grignion de Montfort, por el contrario, tenía a la Sma. Virgen la devoción más ardiente, y, hasta compuso en su alabanza el "Tratado de la Verdadera Devoción", que constituye hoy el fundamento más fuerte de toda la piedad mariana profunda. Por otro lado, con sus misiones aproximaba al pueblo a los sacramentos, lo enfervorizaba en la devoción al Rosario. En una palabra, hacía obra diametralmente opuesta a las intenciones jansenistas.
Esto le trajo, en los propios medios católicos, una persecución abierta, que le valió las mayores humillaciones. Causa asombro que mientras prelados, clérigos y laicos, en nombre de la caridad se mostraban irritados o aprensivos con la justa severidad de la Santa Sede en relación con los jansenistas, no hubiese penalidades, actos de hostilidad, ni humillaciones que les bastase contra San Luis María.
Se puede decir que fue uno de los Santos más despreciados y humillados que hubo en estos veinte siglos de vida de la Iglesia. Por fin, sólo en dos diócesis le fue permitido ejercer su ministerio. Pero, como un nuevo Ignacio de Loyola, sintiendo con serenidad el ímpetu contra su persona, los oleajes del odio anticatólico disfrazado con aires de piedad, no se perturbó. Y, humillado, luchó hasta el fin.
Ahora bien, este Santo extraordinario dejó una oración admirable, conteniendo enseñanzas y luces especiales para nuestra época. Es la que compuso pidiendo Misioneros para su Congregación.
En esta oración, como mostraremos más adelante, se ve que para San Luis María sus tiempos eran precursores de una inmensa crisis que se extiende hasta hoy, e irá hasta la instauración del Reino de María. Y él mismo se nos imagina como el modelo, la prefigura de los apóstoles suscitados para luchar en esta crisis, y vencer la batalla por María Santísima. Es esta la sublime y profunda actualidad de San Luis María Grignion de Montfort para los apóstoles de nuestros días.
Tema de meditación fecundo en este mes en que la Iglesia celebrará por primera vez – en el día 31 – la fiesta de la Realeza de María, tan grata a las almas fuertes y profundamente piadosas.
 
Catolicismo, N. 53, Mayo de 1955

La impiedad en un trono

El Cruzado publica, en la sección de "Profecías Católicas",  a San Luis M. Grignion de Montfort, quien en su "Oración Abrasada" nos dice:

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"Desolatione desolata est omnis terra; la impiedad está sobre un trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación entró hasta en el lugar santo..." ( Tratado de la Verdadera Devoción..., pág. 303).
San Luis María Grignion de Montfort
(1673-1716)

"Demoledores y Creadores"

Santa Teresa de Los Andes

 

Lecciones para los fanáticos del diálogo interreligioso

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 El año 1918, Juanita Fernández Solar, presenta tres composiciones al concurso general de la Vicaría, logrando un premio con “Sombra y Luz en la Edad Moderna, Demoledores y Creadores”, texto que sigue a continuación.

¿Qué dirían los fanáticos del diálogo interreligioso y del ecumenismo más radical, si leyeran a Santa Teresa? Quedarían espantados, probablemente, ya que trata a Lutero de "astro siniestro" y no llega a términos medios en su juicio, respecto de este y otros herejes.

El lector progresista, incluso se sentiría tentado a pensar que Santa Teresa, se apartó de la Iglesia, que promueve hoy el ecumenismo a toda costa. Pero, cabría preguntarse, en este contexto: ¿quién se habría apartado en realidad? 

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La Estrategia Apostólica de Pio IX

El Cruzado trajo a la memoria este famoso artículo del Prof. Plinio Correa de Oliveira sobre la estrategia apostólica de SS. Pio IX. En la fiesta de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, el artículo toma una relevancia mayor.

Adicional importancia tiene hoy este artículo, ya que hoy el diálogo simpático y entreguista con los enemigos de la Iglesia, toma gran relevancia en la estrategia apostólica moderna. Especialmente, nos referimos a la estrategia apostólica del Cardenal Errázuriz: "amistad cívica" con los partidos de extrema izquierda. ¡Qué diferencia más abismante con la estrategia apostólica de un verdadero Santo.

"Yerran los que condenan las manifestaciones vigorosas de la Fe, y que juzgan imprudente  y contraproducente cualquier gesto de energía y de vigor combatido, de los hijos de la Luz contra los hijos de las tinieblas."


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