Artículo publicado en la página católica La Denuncia Profética Comentario de Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto histórico de la Historia Universal de Juan Bautista Weis: Einhard nos da descripción de Carlomagno: “El era grande, fuerte y de elevada estatura, aunque no desproporcionadamente alto (siete pies de altura). Su cabeza era redonda y bien formada, sus ojos muy grandes y vivaces, su nariz un poco larga, su cabello blanco y su rostro jovial. Su apariencia era siempre majestuosa y muy digna, sea que estuviese de pie o sentado… Su modo de andar era firme, todo su porte varonil y su voz clara.”[1]
Esta figura heroica estaba poseída de un espíritu jovial. El Monje de San Gall relata que todo aquel fuese triste y perturbado ante la presencia de Carlomagno se iba sereno sólo por el efecto de su presencia y algunas pocas palabras. La frescura y honestidad de su naturaleza fortalecía a todo aquel que se asociase a él. Su majestad no tenía ninguna arrogancia rígida ni ninguna desconfiada reserva; antes bien, la tranquila grandeza de su personalidad dominaba todo su alrededor, y, no obstante, era modesto y reservado.
__________________ [1] Einhard, Life of Charlemagne, (New York: Harper and Brothers, 1880), pp. 56-7.
La terrible impresión que causaba en los corazones de sus enemigos como guerrero al frente de su ejército la describe el Monje de San Gall: “Entonces, uno podía ver el Carlomagno de hierro con su cabeza cubierta casco de hierro, sus brazos cubiertos de armaduras de hierro; en su mano izquierda llevaba una lanza de hierro y en su derecha su siempre victoriosa espada de acero. Sus músculos estaban cubiertos de armaduras de hierro, y su escudo hecho de hierro puro.”
“Cuando aparecía, los habitantes de Pavía gritaban de miedo: ¡Oh, el Hombre de Hierro! ¡Oh, el Hombre de Hierro!”
De la persecusión religiosa al Terror judicial; de la guerra civil a la destrucción de las obras de arte, "El Libro Negro de la Revolución Francesa" revela lo que los manuales escolares nos han ocultado.
Artículo publicado en la página católica La Denuncia Profética
por Plinio Corrêa de Oliveira
Selección bibliográfica:
Urbano II fue Papa desde 1088 hasta 1099. Defendió la libertad de la Iglesia Católica continuando la obra de San Gregorio VII. Fue quien convocó la primera Cruzada. El principal objetivo del Concilio de Clermont fue discutir sobre la Cruzada.
El pueblo estaba ansioso por el anuncio de la expedición y finalmente el Papa atendió su impaciente solicitud. El Papa se sentó en el trono que había sido preparado especialmente para la ocasión. A su lado estaba Pedro el Ermitaño. Debajo de él había una enorme multitud: Cardenales, Abades, sacerdotes, monjes, caballeros y el pueblo.
Después del discurso de Pedro, que describió lo que había visto en Jerusalén, dirigió las siguientes palabras a la multitud:
La fecha de la Cruzada fue fijada para el 15 de agosto, fiesta de la Anunciación.
Papa Urbano II
Comentario el Prof. Plinio:
Podemos ver la gran belleza de esta escena.
En primer lugar, tenemos a un Santo en la Silla de Pedro. ¡Qué cosa maravillosa! La luz en el candelabro que debe iluminar a todos los pueblos, el punto focal de irradiación de la virtud, un santo sentado en la cátedra de donde la verdad y el bien deben ser enseñados. El les dirige la palabra a las filas de guerreros de Nuestro Señor y de Nuestra Señora para conducirlos a la lucha contra sus enemigos. Este hombre, al igual que un ángel, estaba lleno de celo por los Santos Lugares. El no podía tolerar que los infieles pudieran poseer Tierra Santa. ¿Por qué él no podía tolerar ésto? A causa de la ofensa que aquello representaba para la gloria de Dios. Aquellos lugares eran los lugares por excelencia donde el verdadero culto debe ser ofrecido a Dios.
Artículo publicado en la página La Denuncia Profética
Hugh O’Reilly
Con el objetivo de extender el imperio de la Religión Católica y el poder de la Santa Sede en Oriente, el Papa San Gregorio VII ya había exhortado a los fieles a tomar las armas contra los musulmanes, prometiendo él mismo liderarlos hacia Asia.
En sus cartas, San Gregorio VII habla de cómo los sufrimientos de los católicos en Oriente lo afectaban hasta el punto que deseó la muerte. Decía que querría arriesgar su propia vida con el fin de liberar Tierra Santa. Sin embargo, San Gregorio VII no pudo realizar su plan debido a los problemas internos en Europa.
Concilio de Clermont
El Papa convoca el Concilio de Clermont
Movido por el mismo espíritu de su predecesor, el Beato Urbano II resolvió convocar el Concilio de Clermont en noviembre de 1095 en el sur de Francia, la nación de corazón de guerrero, la misma que por muchos siglos había dado el tono a toda Europa.
Respondiendo al llamado del Papa más de 200 Arzobispos y Obispos, 4.000 eclesiásticos y 30.000 legos. Los más famosos Santos y Doctores lo honraron con su presencia ilustrándolos con sus consejos.
La Tregua de Dios fue proclamada al mismo tiempo que la Guerra de Dios [la Tregua de Dios concedía la inmunidad de la violencia a los campesinos y clérigos que no podían defenderse].
El Concilio aprobó numerosos decretos para la disciplina eclesiástica y la reforma de la Iglesia, incluyendo los concernientes a la simonía y al matrimonio sacerdotal. Pero todos esos decretos – incluso la excomunión de Felipe I, el Rey de Francia, por adulterio – no lograron desviar la atención general del punto que se consideraba más importante, que era la cautividad de Jerusalén y los abusos que se producían ahí.
El día del discurso del Papa Urbano, el Concilio se reunió en la extensa plaza fuera de la puerta oeste de Clermont donde se instaló el trono papal a fin de dar cabida a la inmensa multitud. El Papa, seguido por sus Cardenales, llegaron en procesión y comenzó la reunión.
La foto es un retrato póstumo representando a María Antonieta en la cárcel del Templo después del asesinato de su marido. Un poco idealizado (dudo que haya tenido un busto de Luis XVI a mano) no obstante está basado de un retrato de Vigee Lebrun.
La reina tenía su misal con ella, porque registra lo que los revolucionarios después se llevaron cuando ella fue enviada a la Conciergerie. Antonia Fraser narra en María Antonieta: El viaje, que la reina pidió a su cuñada Madame Elisabeth leyese las palabras de la Misa del misal. (En la prisión del Templo le prohibieron recibir los sacramentos).
Estas son las palabras que Luis XVI puso respecto a su esposa en su testamento y última voluntad:
Confío mis hijos a mi esposa; nunca he dudado de su maternal ternura para con ellos. Le encomiendo a ella, sobre todo, que los eduque para que sean honestos y buenos cristianos; que los haga ver la grandeza de este mundo (si les toca experimentarla) como bienes peligrosos y transitorios, y que los haga poner su atención en la única gloria perdurable y sólida, la eternidad. Suplico a mi hermana que bondadosamente continúe su ternura hacia mis hijos y tome el lugar de una madre, en el caso de que ellos tengan la desgracia de perder a la suya.
Suplico a mi esposa me perdone todo el dolor que ella sufrió por mí, y los dolores que le pueda haber causado en el curso de nuestra unión; y ella puede sentirse segura de que no tengo nada en contra suya, si es que ella tiene algo de qué reprocharse a sí misma.
1. La Iglesia, lejos de oponerse al progreso de la ciencia, ha estimulado siempre la actividad intelectual; prestando su valido apoyo a la filosofía, a las bellas letras, a las ciencias y a las artes. Ya hemos probado cuanta verdad sea esto, y lo demostraremos más todavía en el cap. V, art. III.
l. Si se quiere juzgar rectamente de la condenación de Galileo, preciso es, de toda necesidad, colocarse en el punto de vista de sus contemporáneos. Aristóteles, los astrónomos griegos, y más tarde Santo Tomás, todos los sabios de la Edad Media, Copérnico y los jueces de Galileo, establecían una distinción muy importante entre la hipótesis astronómica y la hipótesis física o filosófica.
Nicolás Copérnico
A cargo de los astrónomos estaba explicar los movimientos celestes aparentes, por medio de hipótesis capaces de abarcar todos los detalles, sin inútiles complicaciones. Uno de estos modos de exposición, por ellos desde el principio adoptado, llegó a ser reconocido como insuficiente para explicar dichos movimientos, y desde entonces el astrónomo no dudó en abandonarlo para ensayar otro mejor. En todo caso, el tal no pretendía pronunciarse en modo alguno sobre la realidad de las cosas. De muy distinta manera procedían los físicos. Estos sostienen sus sistemas, no como simples puntos de vista teóricos, sino como correspondientes a una realidad objetiva. Se comprende, por lo dicho, por qué las Congregaciones romanas no se preocupaban de las hipótesis astronómicas, sino más bien de las afirmaciones de los físicos, cuando pensaban que sus sistemas no podían conciliarse con la Escritura. Por esto vemos que la hipótesis astronómica de Aristarco de Samos (siglo III antes de J. C.) que ya hacía mover la tierra alrededor del Sol, fue enseñada durante mucho tiempo sin que para nada se metiera en ello la Iglesia.
Como es habitual, a la Santa Iglesia Católica se le achacan, sin razón, diversos males. Lejos de aceptar su infalibilidad y santidad, los liberales de siempre hacen uso de una creatividad asombrosa para responsabilizar a la Iglesia Católica por toda clase de males. Creatividad insipirada, por cierto, por el maestro del liberalismo, el demonio.
Qué dolor y que sana indignación para los católicos auténticos al ver que en este grupo de enemigos se encuentran tantos pastores y autoridades eclesiásticas. ¡Cuántos progresistas "católicos" se hacen eco de esos pedidos de perdón que inculpan injustamente a la Iglesia Católica!
EL CRUZADO publica este artículo extraído del Curso de Apologética, del Rvo. P. Devivier.
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Proceso de Galileo (1)
PRIMERA PARTE
A. NOTICIA HISTORICA.-Galileo (1564-1642), sabio astrónomo y filósofo distinguido, nació en Pisa, aunque por su vida pertenece especialmente a Florencia.
Galileo
En el principio del siglo XVII, adoptó la opinión del canónigo Copérnico (1473-1543), que sostenía la inmovilidad del sol y la rotación de la Tierra. Solamente que, mientras Copérnico había podido enseñar esta teoría sin que nadie le opusiera reparo alguno, Galileo se vio sorprendido, el 24 de Febrero de 1616, por una censura de los teólogos (no de los cardenales) del Santo Oficio, en la cual se condenaban dos proposiciones relativas al movimiento de la Tierra, la una como formalmente herética, la otra como errónea a lo menos en la fe (ad minus in fide erroneam).
Copernico
Al día siguiente, jueves 25 de Febrero, notificó el cardenal Millino al asesor y al comisario del Santo Oficio una decisión del Papa en la que ordenaba al cardenal Belararmino que hiciera comparecer ante sí a Galileo, para prohibirle que, en adelante, enseñara el movimiento de la Tierra.
Hasta aquí no hay lugar a discusión, pues no se encuentra palabra alguna de Paulo V que califique la doctrina del movimiento de la Tierra; por lo demás, no conviene olvidar que aquí se trata de un documento secreto y que nada tiene de común con una decisión ex cathedra dirigida a toda la Iglesia. (V. p. 136). El jueves, 3 de Marzo de 1616, en sesión del Santo Oficio presidida por el Papa en persona, ordenó Paulo V al Maestro del Sacro Palacio publicar un edicto promulgando la condenación de los escritos de Copérnico por la Congregación del Índice. (2).
SS. Pablo V
El 5 de Marzo de 1616, publicó la Congregación del Índice la condenación del sistema de Copérnico. Galileo continuó viviendo en reposo, en su casa de campo de Florencia, entregado a sus trabajos y gozando de la amistad y deferencias de Urbano VII. Entonces fue cuando, quebrantando las solemnes promesas que había hecho, publicó su Diálogo sobre los dos más grandes sistemas del mundo (el de Ptlolomeo y el de Copérnico). La obra fue denunciada a la Inquisición y, en una sesión del Santo Oficio, presidida por el Sumo Pontífice, Galileo fue condenado a retractarse de lo que llamaban sus errores, y a no tratar más, en lo sucesivo, la cuestión de la movilidad de la Tierra y de estabilidad del Sol; en cuanto a la nueva obra, fue igualmente condenada. Como hijo obediente de la Iglesia, se sometió el astrónomo florentino, y el miércoles siguiente, 22 de junio de 1633, abjuró sus opiniones ante el Santo Oficio. Algunos años después (1642), murió con los sentimientos de la más acendrada piedad.
El Cruzado publica este artículo de la página católica Tradition in Action. Traducción: El Cruzado
Hoy en día, cuando vemos a tantos católicos tentados a comprometerse con el progresismo presentado en atuendos tradicionalistas, parece oportuno recordar la enseñanza de un gran santo, San Hilario de Poitiers, quien enfrentó una situación similar. Cuando el emperador de Bizancio, Constancio, obligó a todos los Obispos a firmar una fórmula Semiarrianista, la resistencia a tal herético ataque fue sostenida por San Atanasio en el Este y San Hilario en el Oeste. La acusación de San Hilario contra Constancio puede ayudar a fomentar a los católicos de hoy a no renunciar a la posición correcta. San Hilario fue obispo de Poitiers, Francia, desde el año 353 hasta el 368. En su trabajo, Libro en contra de Constancio, pronuncia que el emperador hizo maniobras engañosas similares a las del Anticristo. Sus oportunas palabras a continuación:
San Hilario de Poitiers:
"Hoy tenemos que luchar contra un perseguidor encubierto, contra un
Cuando estudiamos la triste historia de la caída del Imperio de Occidente, nos cuesta comprender la miopía, la displicencia y la tranquilidad de los romanos ante el peligro que iba tomando cuerpo. Roma sufría, para colmo, de un arraigado hábito de vencer. A sus pies estaban las más gloriosas naciones de la Antigüedad: Egipto, Grecia, toda Asia. La ferocidad de los celtas estaba definitivamente ablandada. El Rhin y el Danubio constituían para el Imperio una espléndida defensa natural. ¿Cómo recelar que los bárbaros, que vagaban en las selvas vírgenes de la Europa Central, pudiesen poner en riesgo serio tan inmenso edificio político?
Acostumbrados a esta visión, los romanos no tuvieron flexibilidad de espíritu para comprender la nueva situación que, poco a poco, se iba creando. Los bárbaros atravesaron el Rhin, comenzaron sus invasiones; delante de ellos la resistencia de las legiones resultó débil, indecisa, insuficiente. No obstante, los romanos continuaron ignorando el peligro, cegados por la sed absorbente de los placeres, por una parte, e iludidos, por otra, por lo que se llamaría en la detestable terminología freudiana, un "complejo" de superioridad. Es lo que explica la tranquilidad mortal en la que, hasta el fin, se mantuvieron.
Aunque consideremos dentro de este conjunto el misterio de la inercia romana, el cuadro nos parece singular y, quizás, un tanto forzado. Lo comprenderemos mucho mejor, más al vivo, si consideramos otro gran misterio que ocurre ante nuestros ojos y del cual somos, en cierto modo, participantes: la gran inercia del Occidente cristiano ante la resurrección de la gentilidad afro-asiática. El tema es demasiado vasto para tratarlo en bloque. Bastará, para que lo comprendamos bien, que consideremos un sólo aspecto del fenómeno: la renovación del mundo musulmán.
Es un tema que el LEGIONARIO, ya habituado a no ser comprendido, ha abordado con una insistencia que ha parecido a veces inoportuna. Pero la cuestión merece ser examinada una vez más. Recordemos rápidamente algunos datos generales del problema.
Como se sabe, el mundo mahometano abarca una franja territorial que comienza en India [en la época en que fue escrito este artículo, Pakistán y Bangladesh aún hacían parte de India], pasa por Arabia y Asia Menor, alcanza Egipto y termina en el Océano Atlántico. La zona de influencia del Islam es inmensa desde todos los puntos de vista: territorio, población, riquezas naturales. Pero hasta hace poco tiempo, ciertos factores inutilizaban de modo casi completo todo ese poderío. El vínculo que podría unir a los mahometanos de todo el mundo sería, evidentemente, la religión del profeta. Pero ésta se presentaba dividida, débil, y totalmente desprovista de hombres notables en la esfera del pensamiento, del mando o de la acción. El mahometanismo vegetaba, y esto parecía ser suficiente para el celo de los altos dignatarios del Islam. El gusto por el estancamiento y por la vida meramente vegetativa era un mal que alcanzaba también la vida económica y política de los pueblos mahometanos de Asia y de África. Ningún hombre de valor, ninguna nueva idea, ningún emprendimiento verdaderamente grande podía llevarse adelante en esta atmósfera. Las naciones mahometanas se cerraban, cada cual sobre sí misma, indiferentes a todo lo que no fuese el deleite tranquilo y menudo de la vida cotidiana. Así vivía cada una en un mundo propio, diversificada de las otras por sus tradiciones históricas, profundamente diversas, separadas todas por su recíproca indiferencia, incapaces de comprender, desear y realizar una obra común.
En este cuadro religioso y político tan deprimido, el aprovechamiento de las riquezas naturales del mundo mahometano —riquezas que, consideradas en su conjunto, constituyen uno de los mayores potenciales del globo— era evidentemente imposible. Todo era ruina, disgregación y torpor.
Así arrastraba sus días Oriente, mientras que Occidente llegaba al ápice de su prosperidad. Desde la era victoriana, una atmósfera de juventud, de entusiasmo y de esperanza soplaba por Europa y América. Los progresos de la ciencia habían renovado los aspectos materiales de la vida occidental. Se daba crédito a las promesas de la Revolución y, en los últimos años del siglo XIX, se esperaba que el siglo XX fuese la era de oro de la humanidad.
Un occidental colocado en este ambiente se persuadía a fondo de la inercia y de la impotencia de Oriente. Hablarle de la posibilidad de resurrección del mundo mahometano, le parecía algo tan irrealizable y anacrónico, cuanto el retorno a los trajes, a los métodos de guerra y al mapa político de la Edad Media.
De esta ilusión vivimos todavía hoy. Y, como los romanos, fiándonos en el Mediterráneo que nos separa del mundo islámico, no percibimos los fenómenos nuevos y extremamente graves que ocurren en las tierras del Corán.
Es difícil abarcar, en un sintético discernimiento, fenómenos tan vastos y ricos como éste. Sin embargo, de un modo muy general, se puede decir que, después de la I Guerra Mundial, en todo el Oriente —y entendemos esta expresión en un sentido muy lato, abarcando en su totalidad las zonas de civilización no cristiana de Asia y de África— comenzó a darse un fenómeno de reacción anti-europea muy pronunciado. Esta reacción comportaba dos aspectos un tanto contradictorios, pero ambos muy peligrosos para Occidente. Por una parte, las naciones orientales comenzaban a sufrir con impaciencia el yugo económico y militar de Occidente, manifestando una aspiración cada vez más pronunciada por la soberanía plena, por la formación de un potencial económico independiente y de grandes ejércitos propios. Esta aspiración llevaba consigo, evidentemente, una cierta "occidentalización", es decir, la adaptación de la técnica militar, industrial y agrícola moderna, del sistema financiero y bancario euro-americano. Por otra parte, sin embargo, este brote patriótico provocaba un "renouveau" de entusiasmo por las tradiciones nacionales, costumbres nacionales, culto nacional, historia nacional.
Es superfluo añadir que el espectáculo degradante de la corrupción y de las divisiones a las que estaba expuesto el mundo occidental, concurría para estimular el odio a Occidente. Esto trajo consigo la formación en todo Oriente, de un nuevo interés por los viejos ídolos, de un "neo-paganismo" mil veces más combativo, resuelto y dinámico que el antiguo paganismo. Japón es un ejemplo típico, ultra típico tal vez, de todo este "processus" que intentamos describir. El grupo ideológico y político que lo elevó a la categoría de gran potencia y que ambicionó para él el dominio del mundo, fue precisamente uno de estos grupos neo paganos obstinadamente apegados a los viejos conceptos de divinidad del Emperador, etc.
Un fenómeno más lento y, sin embargo, no menos vigoroso que el de Japón, se dio en todo el mundo oriental. India está en la inminencia de conquistar, en virtud de este fenómeno, su independencia [recuérdese que el presente artículo es de 1947]. Egipto y Persia ocupan hoy en día una situación ventajosa en la vida internacional y progresan a pasos rápidos. Mucho antes de esto, Mustafá Kemal renovó Turquía.
Todas estas naciones, estas potencias podemos decir, se sienten orgullosas de su pasado, de sus tradiciones, de su cultura, y desean conservarlas con ahínco. Al mismo tiempo, se muestran ufanas de sus riquezas naturales, de sus posibilidades políticas y militares, y del progreso financiero que están alcanzando. Día a día ellas se enriquecen, construyen ciudades dotadas de un aparato gubernamental eficaz, de una política bien adiestrada, de universidades estrictamente paganas, pero muy desarrolladas, de escuelas, hospitales, museos, en fin, todo lo que para nosotros significa algún modo de poder y de progreso material. En sus arcas, el oro se va acumulando. Oro significa posibilidad de comprar armamentos. Y armamento significa prestigio mundial.
La ciudad de Dubai, en los Emiratos Arabes, es un ejemplo del progreso material y financiero.
Es interesante notar que el ejemplo nazi impresionó fuertemente al Oriente. Si un gran país como Alemania tiene un gobierno que abandona el cristianismo y no se sonroja al volver a los antiguos ídolos, ¿qué hay de vergonzoso en que un chino o un árabe permanezcan en sus religiones tradicionales?
Todo esto transformó al mundo islámico, y determinó en todos los pueblos mahometanos, de India a Marruecos, un estremecimiento que significa que el sueño milenario en que estaban sumergidos acabó. Pakistán —estado musulmán hindú, en vísperas de independencia— Irán, Irak, Turquía, Egipto son los puntos altos del movimiento de resurrección islámica. Pero en Argelia, en Marruecos, en Libia, en Túnez, la agitación también se intensifica. El nervio vital del islamismo revive en todos esos pueblos, haciendo renacer en ellos el sentido de la unidad, la noción de los intereses comunes, la preocupación de la solidaridad y el gusto por la victoria.
Nada de esto quedó en el aire. La Liga Árabe, una confederación vastísima de pueblos musulmanes, une hoy a todo el mundo mahometano. Es, al contrario, lo que fue en la Edad Media, la Cristiandad. La Liga Árabe actúa como un vasto bloque, ante las naciones no árabes y fomenta por todo el norte de África la insurrección. La evasión del gran mufi fue una clara manifestación de la fuerza de esa Liga. La puesta en libertad de Abd-El-Krim es más que ésto, pues reafirma el propósito deliberado en que está la Liga de intervenir en los asuntos del África Septentrional, promoviendo la independencia de Argelia, Túnez, Tripolitania y Marruecos.
¿Será preciso tener mucho talento, mucha perspicacia, informaciones excepcionalmente buenas para percibir lo que significa este peligro?
(*) “Legionario”, 15 de junio de 1947.
Este texto fue escrito en 1947 por Plinio Correa de Oliveira
Cuando observé por primera vez esta fotografía(i) sentí una fuertísima impresión. Fue tomada en el piso 69 del Rockefeller Center , en 1932, por Charles C. Ebbets y se llama “Almuerzo en la cima de un rascacielos”. Lo primero que impresiona es la sensación de altura, casi 70 pisos! Llama la atención lo expuestos que están estos hombres a un desenlace fatal: un movimiento en falso, una ráfaga de viento, una pequeña distracción y se enfrentarían inevitablemente a la muerte. Pero ellos están muy tranquillos. Parecen haber perdido la noción del gran peligro. El cuadro desafía el sentido común al presentar un binomio bizarro: sumo peligro, suma despreocupación.
De hecho, a nadie parece preocuparle la situación de extremo peligro en la que están. Es más, todo parece transcurrir normalmente; es como un día más en las vidas de cada uno. Uno le enciende un cigarrillo al compañero, el otro colega conversa con su amigo a la derecha y hasta gira el torso para poder conversar más cómodo. Otro lee un periódico. Distensión, relajo, normalidad, calma. Casi todos conversan, todos disfrutan de una hora de almuerzo tranquila y amena… al borde del precipicio.
Nadie puede negar que este grupo de operarios se acostumbró a vivir “al filo”, a observar el peligro de muerte y la tragedia sin tener la reacción natural del instinto de conservación. Sonriendo, leyendo, fumando. Viven en la delgada línea que divide el terreno de las posibilidades hipotéticas más atroces y la realidad dulcemente plácida… al borde del precipicio.
Las elecciones y el cuadro sicológico de la opinión norteamericana
Este cuadro del grupo de trabajadores en la construcción del Rockefeller Center refleja la mentalidad optimista que se expande de manera poderosa en EEUU y las demás naciones occidentales.
Me explico. Estados Unidos acaba de elegir al Presidente: el responsable de la conducción de los destinos del país, y lo han hecho, sin tener una versión clara de quién es realmente Barack Obama y sin saber qué opina respecto a los grandes temas éticos que son los que en definitiva trazan, como en un lienzo, el perfil moral de la nación.
Nadie al fin y al cabo, sabe decir con certeza, cuál es el contenido real de su pensamiento político más profundo y qué es lo que alimenta sus convicciones personales más íntimas.
Lo que sí sabemos
“Lo primero que haré como presidente será firmar el Acto de Libre Elección (Freedom of Choice Act)” dijo Obama en su discurso en julio del 2007 a los abogados pro aborto que se manifestaban preocupados por el incremento de la legislación pro-vida a nivel estatal (ii) . La legislación del Acto de Libre Elección (FOCA en inglés) es auspiciada por Obama y por otros 18 senadores que buscan imponer esta horrorosa legislación criminal y antinatural en los Estados Unidos. Esta legislación considera acciones legales y penas contra quienes se opongan a la demoniaca práctica del aborto en cualquier estado del país (iii). Asimismo, Obama ha apoyado desde el año 2005, políticas e iniciativas que bajo el nombre del “derecho a elegir”, promueven prácticas de “educación sexual” (concepto moderno usado para inculcar la sexualidad sin la moral católica en los jóvenes) y de planificación familiar (esto es, una mezcla de promociones de anticonceptivos, píldoras “del día después”, abortos y otros) (iv).
Desde esa fecha, ha votado en trece ocasiones a favor de dichas políticas (v). El año 2006, el recién electo Presidente declaraba:
“(…) Expliqué que creía que pocas mujeres toman la decisión de terminar un embarazo no deseaado, que toda mujer embarazada sintió toda la fuerza de los asuntos morales implicados y que luchó con su conciencia cuando tomó esa decisión que les arranca el corazón; que temía que una prohibición de abortar forzaría a las mujeres a buscar un aborto inseguro, como fue alguna vez hecho en este país (…)” (Barack Obama, The Audacity of Hope: Thoughts on Reclaiming the American Dream 197‐98 (2006)
Otro asunto importante (omitiremos en esta ocasión sus vínculos con organizaciones fundamentalistas y de corte terrorista) y que sí sabemos, es que las esperanzas de los optimistas que esperaban una agenda política centrista, se esfumaron con el viento. El reciente nombramiento del Rham Emanuel como Jefe del Gabinete, es sólo un delineamiento de los tiempos “de cambio” que se vienen en la política de gobierno norteamericana. Efectivamente, este personaje, congresista de Illinois, es reconocido por dos cosas: haber votado siempre a favor del aborto (vi) (igual que Obama), bajo cualquiera de sus formas, y por sus posturas radicales e intransigentes en dicha materia. Combinación que no presagia sino desgracia para los nuevos “Santos Inocentes” que morirán en las manos de un gobierno “democrático” norteamericano.
Si Obama cumple su promesa de campaña (“Lo primero que haré como presidente será firmar el Acto de Libre Elección”), la unidad nacional en torno al presidente electo, se rompe desde luego. ¿Cómo quedarán los optimistas?
Lo que la USCCB no dijo
La justicia manda reconocer a un grupo de obispos norteamericanos quienes, fieles a su vocación y actuando a la altura de los acontecimientos, en el último tiempo han ido señalado a los católicos qué posición tomar frente al drama del aborto. (vii)
Aclarado lo anterior y por la gravedad de la materia tratada, cabe preguntarse por lo más importante: el conjunto de los obispos estadounidenses y su posición oficial en relación al tema: ¿qué dijo la Conferencia Episcopal Americana al respecto? ¿cómo alertó a los católicos frente al peligro de una elección que traería al poder a un semejante grupo de abortistas radicales?
Encontré las siguientes declaraciones del Cardenal Francis E. George, Presidente de la USCCB (U. States Conference of Catholic Bishops) y que a continuación cito, extractando lo esencial:
“‘Es una vuelta a 1932’ dijo el Cardenal Francis E. George de Chicago, Presidente de la USCCB, refiriéndose a la elección en la cual el candidato Demócrata Franklin D. Roosevelt abrumadoramente venció al Presidente Republicano Herbert Hoover después del quiebre de la bolsa de 1929, la cual contribuyó a la Gran Depresión. ‘Los votantes americanos han dado un vuelco a otro partido’”(viii) .
Ni una palabra sobre lo que verdaderamente está en juego. Por último, encontré una carta de felicitación que a continuación cito íntegramente del sitio oficial de la USCCB, con fecha 5 de noviembre recién pasado (ix):
“Estimado Presidente-electo Obama, Me dirijo a usted en calidad de presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos para expresar nuestra felicitación en su histórica elección como Presidente de los Estados Unidos de América. El pueblo de nuestro país le ha confiado una gran responsabilidad. Como Obispos Católicos, le ofrecemos nuestras oraciones para que Dios le de fortaleza y sabiduría para hacer frente a los retos venideros.
Nuestro país se enfrenta a numerosas incertidumbres. Rezamos para que use el poder que le confiere su oficio para enfrentarse a ellas, teniendo una preocupación especial por defender a los más vulnerables entre nosotros, y superar las divisiones en nuestro país y nuestro mundo. Estamos listos para colaborar con usted en defensa y apoyo de la vida y la dignidad de cada persona humana.
Que Dios lo bendiga a usted y al Vicepresidente-electo Biden ahora que se preparan para asumir sus respectivas responsabilidades al servicio de nuestro país y de sus ciudadanos.
Atentamente,
Francis Cardenal George, OMI Arzobispo de Chicago Presidente”
Perplejo, no encontré nada que pudiera equipararse a una exhortación apostólica o a un llamado a no asesinar a las inocentes criaturas que morirán (y que mueren mientras Ud. lee el presente artículo) en manos de clínicas y de grupos abortistas. Sólo un tímido: “listos para colaborar con usted en defensa y apoyo de la vida y la dignidad de cada persona”; argumento tan tímido y ambiguo, que destierra la posibilidad de una enemistad entre la enseñanza de la Iglesia y un candidato de la ideología que se describe.
¿Cuál fue el resultado del silencio de la USCCB?
Revisemos los datos del centro independiente de investigación, “Pew Forum on Religious an Public Life”(x) : el 54% de los católicos votó por el candidato de ideología anti-católica. El apoyo de los católicos fue mayor para el candidato demócrata de lo que en el pasado, fue para Kerry o Gore.
¿Qué habría pasado si la máxima autoridad religiosa para el mundo católico, la USCCB, hubiera guiado al rebaño al respecto? Ciertamente, el resultado no habría sido el mismo.
Sólo después de las elecciones, consumado el trágico absurdo de un candidato abortista apoyado por los católicos, la USCCB salió a rescatar su prestigio moral que se desvanecía por su inexplicable omisión. La USCCB se refirió a la unidad nacional, como “imposible” si el nuevo gobierno presionaba con políticas abortistas (xi). Es tan oportuno como alertar a la policía por un asalto que un grupo de delincuentes ha planeado… una semana después de realizado el robo (¡!)
Recordé, al respecto, las palabras de SS Pío XI, palabras tan actuales como perennes:
“El primero y más obvio don amoroso del sacerdote al mundo es servirle la verdad, la verdad toda entera; desenmascarar y refutar el error, cualquiera que sea su forma o su disfraz. La renuncia a esto sería no solamente una traición a Dios y a vuestra santa vocación, sino un delito en lo tocante al verdadero bienestar de vuestro pueblo y de vuestra patria.” (Encíclica Mit Brenender Sorge, 14 de marzo de 1937)
Las desconcertantes declaraciones papales
Entendido lo anterior, inmediatamente dejo de entender las declaraciones de Su Santidad Benedicto XVI al respecto de la elección norteamericana. Si lo primero que hará Obama será fortalecer una agenda abortista y para dar esa misma señal, nombra Jefe de Gabinete a un reconocido legislador pro-aborto: ¿qué sentido tienen las palabras de felicitaciones que SS Benedicto XVI le envía al senador izquierdista, Obama?
Veamos lo que dice la noticia:
El Papa Benedicto XVI envió un telegrama a Barack Obama, Presidente electo de Estados Unidos, en el que le asegura sus oraciones para que lo asista en su gran responsabilidad y en el que le pide que se comprometa en la tarea de "construir un mundo de paz, solidaridad y justicia" (xii). Mi asombro nace de la siguiente pregunta a la cual no consigo respuesta: ¿qué verdadera “paz, solidaridad y justicia”, pueden fundarse en una agenda proabortista?
Tal vez el texto original, podrá preguntarse un bien intencionado lector, fue recortado por la prensa. Probablemente, el texto decía algo así: “(el Papa) le asegura sus oraciones para que lo asista en su gran responsabilidad y en el que le pide que se comprometa en la tarea de ‘construir un mundo de paz, solidaridad y justicia’ y a jurar ante Dios y su patria que no seguirá promoviendo legislaciones abortivas que terminan con la vida de millones de víctimas, cuales nuevos ‘Santos Inocentes’, so pena de ser denunciado por esta Santa Sede, condenar su alma y las de sus seguidores por cooperación directa u omisión y en el caso de sus colaboradores católicos, ser excomulgados de la única Iglesia verdadera, la Iglesia Católica Apostólica Romana”.
El mensaje podría haber sido algo del estilo, algo más católico a decir verdad.
Estaba por convencerme de que había, indudablemente un error en la transcripción de la noticia y que se había – con la intención de difamar al Sumo Pontífice – retirado de la declaración la última parte (un Papa jamás omitiría una materia tan grave como el aborto) cuando, optimista yo también, mis ilusiones se desvanecieron. Leí las declaraciones del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi (xiii): “El deber que tiene el presidente de los EEUU es una tarea de inmensa y altísima responsabilidad no solamente para su país sino también para todo el mundo, dado el peso que tienen los EEUU en todos los campos de la escena mundial. (…) Los creyentes rezan para que Dios le ilumine y lo asista en su grandísima responsabilidad”.
Comprendí, por fuerza, que esta es la postura del Vaticano respecto a la elección de un candidato oficialmente comprometido con la causa del aborto en Estados Unidos. ¡Oh dolor!
La omisión del Vaticano sobre las materias más relevantes que amenazan a la nación americana, desconcierta. Máxime cuando verificamos que Su Santidad- con toda razón- ataca el relativismo moral y luego, le permite el avance airoso con su silencio desconcertante.
Optimismo al borde del precipicio
Como en la foto inicial, los optimistas que apoyaron a Obama (directamente o por omisión) han conducido a la nación al borde del despeñadero, al límite del abismo: en términos de que la degradación moral más radical está a un paso de instalarse. Comienzan, como aquellos operarios del Rockefeller Center, a convivir normalmente con la catástrofe.
El pueblo americano hizo una apuesta imprudente: apostó a un casi- desconocido, izquierdista y abortista (xiv), con el silencio cómplice de la jerarquía eclesiástica norteamericana y con la no-condenación y felicitaciones posteriores del Vaticano. Este país – y los optimistas de las demás naciones occidentales - parecen estar, como en la fotografía del rascacielos, disfrutando de la hora de descanso. Puede que caigan, puede que no.
En este escenario, cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿qué tan profunda podrá ser la caída? ¿a qué extremos de maldad podría caer la sociedad norteamericana si es conducida por los pérfidos preceptos enunciados por Obama? ¿a qué peligros se expone la sociedad estadounidense, recientemente vencida por el optimismo sensacionalista? ¿qué responsabilidad tiene entonces la USCCB por su enigmático silencio y las felicitaciones, posteriores, al recién electo Presidente?____________________________________________________________________________
EL CRUZADO quiere, en un nuevo Día de la Raza, mostrar cuál era el espíritu verdaderamente cristiano que motivó a la evangelización española. Isabel, Reina de Castilla, con un profundo sentido católico ("Isabel la Católica") promovió hasta su muerte el respeto por los indígenas y la obligación de sacarlos, por la caridad, de la condición de analfabetismo, paganismo e incivilización en que se encontraban.
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23 de noviembre de 1504
El breve texto que transcribimos a continuación pertenece al codicilo que la Reina Isabel la católica agregó a su testamento (1). El mismo fue dictado en el castillo de la Mota, en Medina del Campo, el 23 de noviembre de 1504(2). En el documento la soberana hace mención al tema americano, al parecer su conciencia estaba algo preocupada por los "agravios" que podrían haberse hecho, o hacerse en lo futuro a los indígenas; por ello, ruega a su esposo Fernando el católico, a su hija la princesa Juana y a su yerno el archiduque Felipe el hermoso que remedien toda posible injusticia y que recuerden que el principal fin por el que (según la reina) les han sido concedidos los territorios del Nuevo mundo, es la evangelización de sus moradores.
MANDATO DE CRISTIANIZACION, JUSTICIA Y RESPETO PARA CON LOS INDIOS DE AMERICA.
Item, por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro Sexto, de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión(3), de procurar inducir y traer los pueblos de ellas y convertirlos a nuestra santa fe católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme, prelados y religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir [a] los vecinos y moradores de ellas en la fe católica, y enseñarlos y doctrinarlos [en] las buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida [?], según más largamente en las letras de la dicha concesión se contiene; por ende suplico al Rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha Princesa mi hija y al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan y cumplan y que este sea su principal fin, y en ello pongan mucha diligencia, y no consientan ni den lugar que los Indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es infundido y mandado.
Indio aimara
Notas
1. Transcribimos el texto del testamento tomándolo de la obra de William Thomas WALSH, Isabel de España, 4a. ed., Madrid 1943, 646. Nos hemos permitido corregir ligeramente la ortografía y la redacción del texto, adaptándolas a los usos modernos. <http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/images/flecha_arr.gif>
2. La Reina Isabel ya había hecho testamento en Medina del Campo el 12 de octubre de 1504. Cf. Tarsicio de AZCONA, Isabel la Católica. Estudio crítico de su vida y su reinado, Madrid 1964, 739. <http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/images/flecha_arr.gif>
3. Los términos usados en este documento respecto al acto jurídico que Alejandro VI había querido establecer a través de la bula Inter Caetera (concesión, concedidas), parece no dejar lugar a dudas sobre la interpretación que los destinatarios de las letras apostólicas dieron a las mismas. Los reyes católicos parecen reconocer al Pontífice la capacidad de "conceder" las tierras recientemente descubiertas, y aceptan con total responsabilidad el mandato anejo de evangelizar a sus pobladores. Cf. Ricardo GARCIA-VILLOSLADA, Sentido de la conquista y evangelización de América según las bulas de Alejandro VI, Roma 1978, [50]-[53]. <http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/images/flecha_arr.gif>
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